Kraken activa su IPO en EE.UU. tras perder un tercio de valoración

La criptofirma confirma que presentó su S-1 de forma confidencial, pero el mercado le ha recortado el precio: de 20.000 millones a 13.300 millones en apenas unos meses.

Kraken

Foto de PiggyBank en Unsplash
Kraken Foto de PiggyBank en Unsplash

Kraken vuelve a asomarse a Wall Street. Y lo hace con un matiz que lo cambia todo: no es un anuncio de campana y parqué, sino la constatación de que el proceso ya está en marcha, aunque siga envuelto en discreción. Su co-CEO, Arjun Sethi, confirmó en Washington que la plataforma ha registrado confidencialmente su intención de salir a bolsa en Estados Unidos. El movimiento pone fecha implícita a una carrera que el propio mercado había enfriado.

Un S-1 en la sombra

La salida a bolsa de Kraken no empieza con titulares, sino con papel. En noviembre de 2025, Payward Inc. (la sociedad operativa tras la marca) comunicó que había presentado un borrador del formulario S-1 ante la SEC bajo el régimen de revisión no pública. No es un detalle menor: permite “probar” el apetito del regulador y ajustar riesgos, métricas y estructura sin exponer todavía el negocio al escrutinio total del mercado.

En la práctica, la confidencialidad compra tiempo. También reduce ruido en un sector donde cualquier cifra —comisiones, dependencia del volumen o concentración de clientes— se convierte en munición competitiva. “El número de acciones y el rango de precio aún no están determinados”, subrayó la empresa al anunciar el primer paso formal.

Ese marco explica por qué la confirmación pública de Sethi no equivale a inminencia. Pero sí despeja una duda clave: Kraken no ha retirado el expediente; lo mantiene vivo.

Una valoración que se desinfla

Si en noviembre Kraken presumía de músculo financiero, en abril el mercado le devolvió una fotografía más austera. El grupo alemán Deutsche Börse acordó invertir 200 millones de dólares por un 1,5% del capital, operación pendiente de aprobaciones y prevista para cerrarse en el segundo trimestre de 2026. La cifra implícita sitúa a Kraken en torno a 13.300 millones, muy por debajo de los 20.000 millones que se atribuía tras la ronda de financiación que precedió al S-1.

Ese recorte tiene lectura doble. Por un lado, refleja la digestión de un ciclo cripto menos exuberante, con menor prima por “crecimiento futuro”. Por otro, coloca presión sobre el relato bursátil: Kraken deberá convencer de que su negocio es más que volatilidad y comisiones ligadas a picos especulativos.

El contraste con otras tecnológicas financieras resulta demoledor: en bolsa, la paciencia con modelos de ingresos cíclicos es limitada. Y en criptomercados, todavía más.

La pausa de marzo y el termómetro del mercado

La confirmación de la presentación choca con un hecho reciente: fuentes citadas por CoinDesk señalaron que Kraken había congelado sus planes de IPO en marzo de 2026 por “condiciones de mercado” adversas. No es contradictorio. Es, precisamente, la lógica del proceso confidencial: se avanza en la cocina regulatoria mientras se espera la ventana correcta para salir al comedor.

Aquí la consecuencia es clara. En un entorno de volatilidad, una colocación mal calibrada puede penalizar durante años: descuento inicial elevado, tramo minorista frío y menor capacidad de usar acciones como moneda para adquisiciones. Kraken parece optar por lo contrario: mantener la opción abierta sin “correr hacia la puerta”, como ya había sugerido su dirección en 2025.

Esa cautela no es solo prudencia financiera: es una señal de que el mercado exige hoy balances más sólidos, métricas auditables y gobernanza sin zonas grises.

El efecto Deutsche Börse: institución, no entusiasmo

La inversión alemana no es capital cualquiera: es un aval institucional con agenda industrial. El acuerdo contempla integrar a Kraken con 360T, la plataforma de divisas de Deutsche Börse, y desarrollar soluciones de trading y custodia para clientes profesionales. Además, el plan incluye explorar derivados a través de infraestructuras del grupo, un guiño explícito a un negocio donde el margen se defiende mejor que en el simple spot cripto.

Este hecho revela un giro estratégico: Kraken quiere parecerse menos a un “exchange” de ciclo y más a un proveedor financiero completo. La alianza le aporta acceso, reputación y distribución en Europa. Pero también eleva el listón: cuando entra el capital tradicional, la tolerancia a incidentes operativos, ciberataques o ambigüedades de compliance cae a cero.

En paralelo, el mercado interpreta el precio de la operación como “valoración ancla”. Y eso condiciona cualquier roadshow futuro.

Qué puede pasar ahora

El guion más probable es conocido: revisión iterativa con la SEC, ajustes de riesgo y, cuando el mercado acompañe, conversión del borrador en un registro público con estados financieros y métricas clave. La cuestión es qué Kraken decide mostrar como columna vertebral: diversificación de ingresos, crecimiento institucional o eficiencia operativa.

No ayuda el ruido periférico. Según informó Cinco Días, la compañía ha denunciado un intento de extorsión tras un acceso a información de clientes, aunque asegura que los fondos no estuvieron en riesgo. En un folleto de IPO, cualquier episodio así pesa: obliga a detallar controles, exposición legal y costes de seguridad.

Al mismo tiempo, la ventana de nuevas cotizaciones cripto vuelve a abrirse por tramos. Reuters ya apuntó en 2025 que varias firmas digitales buscaban aprovechar ese carril antes de que cambie el clima político y regulatorio en EE. UU. Kraken, ahora, está dentro. Falta saber a qué precio y con qué relato.

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