MicroStrategy redobla su apuesta: 1.142 bitcoins más por 90 millones
La compañía estadounidense MicroStrategy, rebautizada comercialmente como Strategy, ha vuelto a mover ficha en plena tormenta cripto. En apenas una semana, entre el 2 y el 8 de febrero, ha comprado 1.142 bitcoins por unos 90 millones de dólares, a un precio medio de 78.815 dólares por unidad, según su comunicación a la SEC. Con esta operación, su tesorería ya acumula 714.644 bitcoins, adquiridos por un importe agregado de 54.350 millones de dólares, lo que sitúa su coste medio en torno a 76.056 dólares por bitcoin. La compra se ha financiado con la colocación en mercado de 616.715 nuevas acciones de su programa de emisión acelerada, diluyendo de nuevo a los accionistas. Y, sin embargo, la reacción no ha sido eufórica: el título llegó a caer cerca de un 5% en el ‘premarket’, hasta alrededor de 128 dólares, reflejando el creciente cansancio de una parte del mercado con la estrategia de “empresa-caja fuerte” de bitcoin.
Una compra significativa en plena corrección del bitcoin
El momento elegido no es casual. La adquisición de los 1.142 nuevos bitcoins se produce “durante la semana de la última corrección fuerte del mercado cripto”, según recogen los medios especializados, que describen la operación como un movimiento oportunista para aprovechar precios algo más bajos tras las ventas masivas.
Aunque para cualquier otra compañía se trataría de una apuesta gigantesca, en el caso de Strategy la compra representa alrededor de un 0,16% adicional sobre su ya enorme tesoro de bitcoin. El volumen, sin embargo, envía una señal clara: incluso después de varios meses de volatilidad extrema y de episodios de presión regulatoria, la empresa mantiene intacta su hoja de ruta de seguir acumulando el activo digital.
Los números muestran, además, que la dirección ha preferido reforzar exposición en plena caída antes que reducir riesgo. A un precio medio de 78.815 dólares, la nueva posición se sitúa ligeramente por encima del coste medio histórico de 76.056 dólares por unidad, lo que sugiere que la compañía asume que la corrección es táctica, no estructural. Dicho de otro modo: la tesis interna es que el “suelo” del bitcoin está ya por encima de su propio precio medio de entrada, un supuesto que el mercado no necesariamente comparte.
Financiación vía bolsa: 616.715 nuevas acciones
La letra pequeña del documento remitido a la SEC revela el otro lado de la ecuación: para financiar la operación, Strategy ha vendido 616.715 acciones de clase A dentro de su programa de colocación en mercado (“at-the-market offering”), obteniendo unos 89,5 millones de dólares netos, casi la totalidad del importe destinado a la compra de bitcoin.
La consecuencia es doble. Por un lado, la compañía convierte capital social en criptomonedas, sustituyendo patrimonio contable relativamente estable por un activo de altísima volatilidad. Por otro, diluye a los accionistas existentes, que ven cómo su participación se reduce cada vez que se activa el programa de emisión para “llenar la hucha” de bitcoin.
Este mecanismo se ha convertido en una herramienta recurrente desde 2020: emisiones de acciones, deuda convertible o instrumentos perpetuos que se canalizan casi íntegramente hacia nuevas compras del activo digital. La lógica oficial es que el bitcoin, a largo plazo, ofrecerá una apreciación muy superior a la del propio título bursátil. Pero, en la práctica, el accionista minorista se ve atrapado en un círculo en el que su participación en la compañía aumenta su exposición al bitcoin, al tiempo que cada nueva emisión recorta su porcentaje de propiedad.
Un balance cada vez más dependiente del criptoactivo
Los últimos datos públicos apuntan a que el peso del bitcoin en el balance de Strategy es ya abrumador. A cierre de 2024, la compañía declaraba activos por unos 54.700 millones de dólares, de los que aproximadamente 52.800 millones correspondían al valor en libros de su reserva de bitcoin, más del 96% del total.
La nueva compra de 90 millones refuerza aún más esta concentración. La antigua multinacional de ‘software’ de inteligencia de negocio se ha transformado, en la práctica, en una sociedad de inversión altamente apalancada sobre la evolución del bitcoin, con un negocio operativo tradicional de menor tamaño apoyando una montaña de activos digitales.
Este hecho revela una realidad incómoda: cualquier movimiento relevante en el precio del bitcoin —del orden del 10%–15% en cuestión de días, algo frecuente en este mercado— puede traducirse en variaciones de miles de millones en el valor contable de Strategy, eclipsando completamente la evolución de sus ingresos o márgenes por venta de software. El diagnóstico es inequívoco: la empresa ha convertido su cuenta de resultados en un apéndice de su balance cripto.
Castigo en bolsa y volatilidad extrema para el accionista
La reacción en bolsa a la nueva compra no se ha hecho esperar. En las primeras horas de negociación, el título de Strategy llegó a moverse con descensos cercanos al 4%–5%, ampliando la volatilidad habitual de un valor que ya actúa de facto como ETF apalancado de bitcoin, según reconocen numerosos analistas.
Esa condición de “proxy” del bitcoin es un arma de doble filo. En momentos de euforia, el mercado paga una prima sobre el valor teórico de las reservas de la compañía, anticipando futuras subidas del activo. Pero cuando se encadenan sesiones de corrección, las caídas del título pueden superar holgadamente a las del propio bitcoin, como ya se ha visto en anteriores episodios de pánico.
Lo más grave para el inversor tradicional es que el comportamiento del valor está cada vez más desligado de métricas clásicas como beneficios por acción, generación de caja o crecimiento del negocio de software. “Comprar Strategy es, en la práctica, comprar una posición de bitcoin con derivadas de gestión y de gobierno corporativo”, resumen en despachos especializados en gestión de riesgo. El accionista que no comparta esa filosofía se enfrenta a un dilema: o acepta la mutación de la compañía, o sale del valor.
La estrategia Saylor: del software al “banco central” del bitcoin
Detrás de este giro está la visión personal de Michael Saylor, cofundador y presidente ejecutivo de la compañía, uno de los principales evangelistas mundiales del bitcoin. Desde 2020, Saylor defiende públicamente que la criptomoneda es “la mejor reserva de valor no soberana” y que acabará desplazando al oro como activo refugio global.
Bajo esa premisa, Strategy ha pasado de ser un proveedor de software de inteligencia de negocio a presentarse como una especie de “banco central corporativo” del bitcoin, con la misión explícita de acumular unidades del activo a cualquier precio considerado “razonable” en el largo plazo. La compañía incluso ha reconfigurado su marca —adoptando oficialmente el nombre “Strategy” y un logotipo orientado al universo cripto— para alinearse con esta narrativa.
El contraste con otras tecnológicas tradicionales resulta demoledor. Mientras competidores históricos siguen centrados en diversificar producto y reforzar márgenes, Strategy ha optado por concentrar riesgo en un único activo financiero tremendamente volátil. A corto plazo, esta apuesta le ha permitido capitalizar la subida del bitcoin y entrar en índices selectivos. Pero a medio plazo abre interrogantes sobre la sostenibilidad de un modelo cuyo valor depende casi exclusivamente de un mercado no regulado y sujeto a decisiones políticas y regulatorias cada vez más impredecibles.
Comparación con otras cotizadas y riesgo sistémico
El caso Strategy se ha convertido en el experimento más extremo de tesorería corporativa basada en criptoactivos. Otras empresas cotizadas, desde firmas de pagos hasta mineras de bitcoin, también han incorporado la moneda digital a sus balances, pero en magnitudes muy inferiores respecto a su tamaño total y, en general, sin superar el 10%–15% de sus activos.
Strategy, en cambio, ha llevado esa lógica a un nivel casi absoluto: más de 700.000 bitcoins en balance, el mayor saldo corporativo del mundo, frente a las decenas de miles —o menos— que manejan otros actores institucionales.
La consecuencia es clara. El comportamiento del valor no sólo afecta a sus propios accionistas, sino que empieza a tener efectos de segunda ronda en el mercado de derivados, en ETFs vinculados al bitcoin e incluso en otros valores tecnológicos que se mueven por contagio cuando se producen ventas forzadas o liquidaciones. Cada nueva compra financiada con acciones o deuda añade una capa adicional de apalancamiento al sistema.
No son pocos los analistas que advierten de que, si el experimento saliera mal, podría convertirse en el primer caso de “riesgo sistémico cripto” emanado de una compañía del Nasdaq, obligando a reguladores y bancos centrales a pronunciarse sobre los límites prudenciales de este tipo de estrategias.
Qué puede pasar si el bitcoin sigue cayendo
El escenario que más inquieta al mercado es simple: ¿qué ocurre si el bitcoin encadena varios trimestres de caídas profundas? Con un coste medio de unos 76.000 dólares por unidad y compras recientes por encima de los 78.000, una corrección hacia niveles cercanos a 60.000 —variación no descabellada en este mercado— generaría minusvalías latentes de decenas de miles de millones de dólares en el balance de Strategy.
Aunque la normativa contable obliga a registrar deterioros pero no permite revertirlos simétricamente cuando el precio rebota, el verdadero problema sería de confianza. Una caída prolongada erosionaría la narrativa de “reserva de valor infalible” y pondría bajo presión la cotización de la compañía, que podría verse tentada a emitir todavía más acciones o deuda para evitar ventas de bitcoin a pérdidas, agravando el círculo de dilución y apalancamiento.
En casos extremos, el propio acceso a los mercados de capital podría encarecerse, elevando el coste de financiación y obligando a replantear la estrategia. La historia reciente está llena de ejemplos de firmas que, tras años de apalancamiento sobre una única tesis de inversión, se vieron obligadas a deshacer posiciones en el peor momento posible. Los defensores de Strategy sostienen que el bitcoin nunca volverá a esos niveles; el mercado, por ahora, mantiene un escepticismo creciente.