Strategy redobla su apuesta y compra 855 bitcoins por otros 75 millones
La apuesta por bitcoin de Strategy, la antigua MicroStrategy, sigue creciendo incluso en plena corrección del mercado. Entre el 26 de enero y el 1 de febrero la cotizada estadounidense ha comprado 855 bitcoins adicionales por 75,3 millones de dólares, a un precio medio de 87.974 dólares por unidad, comisiones incluidas. Con esta operación, la compañía eleva su tesorería cripto a 713.502 bitcoins, adquiridos por unos 54.260 millones de dólares, con un coste medio de 76.052 dólares por token. La paradoja es que, mientras el balance se llena de activos digitales, la reacción en Wall Street ha sido inmediata: la acción se dejaba alrededor de un 7,5% en la preapertura tras conocerse la compra, en un contexto en el que el precio de bitcoin llegó a situarse brevemente por debajo de ese coste medio.
Una compra a contracorriente del mercado
La última operación llega en un momento delicado para los activos digitales. Bitcoin cayó recientemente hasta el entorno de los 74.500 dólares, por debajo del precio medio de entrada de Strategy —ligeramente superior a los 76.000 dólares—, antes de rebotar hacia la franja de los 77.000–78.000 dólares. Es decir, la compañía ha decidido comprar por encima tanto de su propio coste medio acumulado como del nivel al que cotizaba el activo días después.
Strategy, que cotiza en el Nasdaq bajo el ticker MSTR, se ha convertido en un vehículo casi puro de exposición a bitcoin. Lo más relevante de esta nueva compra no es la cifra en sí —75 millones suponen apenas un 0,1% adicional sobre su posición total—, sino el mensaje de continuidad: “seguimos comprando, pase lo que pase con el precio”. Esa señal, que el mercado interpretó en otras fases del ciclo como una garantía de apoyo al activo, se percibe ahora con más escepticismo, en un entorno de tipos altos, mayor aversión al riesgo y corrección en las tecnológicas.
El resultado inmediato es un aumento del apalancamiento implícito de la acción: cualquier movimiento de bitcoin se amplifica en la cotización de Strategy, para bien y para mal.
713.502 bitcoins en balance: la mayor tesorería corporativa del mundo
Tras la operación, Strategy y sus filiales suman 713.502 bitcoins, según la documentación remitida al supervisor estadounidense. El coste agregado de esas compras asciende a 54.260 millones de dólares, con un precio medio de 76.052 dólares por moneda, comisiones incluidas. La compañía consolida así su posición como mayor tenedora corporativa de bitcoin del mundo, muy por delante de cualquier otra empresa cotizada o fondo que no sea un ETF específico.
La transformación de la antigua MicroStrategy en Strategy ha sido progresiva desde 2020, cuando decidió convertir el efectivo de su tesorería en bitcoin y presentarlo explícitamente como su activo de reserva principal. Desde entonces, la firma ha pasado de ser un proveedor de software de inteligencia de negocio a convertirse, de facto, en un híbrido entre empresa tecnológica y fondo de reserva de criptomonedas.
Este cambio de modelo implica que buena parte del valor de la compañía ya no depende de sus ingresos por licencias o servicios, sino de la evolución de un único activo extremadamente volátil. El diagnóstico es inequívoco: la línea entre empresa operativa y vehículo financiero especulativo se ha difuminado hasta casi desaparecer.
El castigo en bolsa y la prima sobre el valor neto
La nueva compra no ha sido recibida con entusiasmo en el parqué. Las acciones de Strategy caían cerca de un 7,5% en la preapertura y acumulan un desplome de alrededor del 67% desde los máximos alcanzados en julio, según datos recogidos por la prensa financiera estadounidense. El contraste con los meses en los que cada anuncio de compra se traducía en subidas inmediatas resulta llamativo.
Pese a ello, el título sigue cotizando con una prima sobre el valor de sus reservas de bitcoin. Analistas citados por medios especializados estiman que la acción se negocia en torno a 1,15 veces su valor neto de activos (mNAV), es decir, por encima del valor teórico que tendrían sus bitcoins descontando deuda y otros pasivos. Esa prima reflejaría tanto las expectativas sobre la capacidad de la empresa para seguir captando capital y ampliar su posición como la esperanza de que bitcoin entre en una nueva fase alcista.
Sin embargo, lo más grave para el accionista minoritario es que esa prima se ha vuelto extremadamente inestable: en cuestión de semanas puede convertirse en descuento si el mercado decide que el riesgo ya no merece pagarse por encima del valor de la cartera de criptomonedas.
Dilución accionarial y deuda cara para financiar bitcoin
El crecimiento de la cartera de bitcoin no se ha financiado solo con caja generada por el negocio. Strategy ha recurrido de forma intensiva a emisiones de acciones mediante programas “at-the-market” y a deuda corporativa, incluyendo bonos convertibles y emisiones de preferentes con cupones de doble dígito.
En su último movimiento, la compañía vendió más de 670.000 acciones para obtener unos 106 millones de dólares, destinados en buena parte a financiar la compra de los 855 bitcoins ahora anunciados. Al mismo tiempo, ha elevado el dividendo anual de una de sus series de preferentes hasta el 11,25%, lo que implica un coste financiero muy elevado en un contexto de tipos que aún no han vuelto a niveles preinflación.
La consecuencia es clara: cada nueva ronda de financiación para comprar bitcoin diluye al accionista existente o incrementa la carga financiera futura de la empresa. Si el precio del activo acompaña, la jugada puede ser extremadamente rentable. Si no lo hace, la empresa se encontrará con una deuda cara respaldada por un activo que vale menos que su coste de adquisición, un escenario ya conocido en otras burbujas financieras.
¿Estrategia visionaria o riesgo sistémico para el accionista?
El relato oficial de Strategy, capitaneado por su presidente ejecutivo Michael Saylor, es claro: bitcoin sería una reserva de valor superior al efectivo, al oro e incluso a la renta fija soberana a largo plazo. Bajo esa premisa, la empresa actúa como un “ETF apalancado” sobre la criptomoneda, ofreciendo a los inversores exposición amplificada al activo sin necesidad de custodiarlo directamente.
No obstante, el enfoque tiene un reverso inquietante. Los accionistas que compran MSTR no solo asumen la volatilidad de bitcoin, sino también el riesgo de gestión de una dirección que ha demostrado estar dispuesta a vender capital propio barato para comprar un activo caro en términos relativos. La decisión de seguir adquiriendo tokens a casi 88.000 dólares cuando el mercado se mueve por debajo de su coste medio refuerza la percepción de que la prioridad absoluta es “acumular satoshis”, incluso a costa de sacrificar valor por acción en el corto y medio plazo.
El diagnóstico de varios gestores es que Strategy se ha convertido en un caso de libro sobre cómo una política de tesorería agresiva puede transformar por completo la naturaleza de una compañía cotizada.
El espejo para los tesoreros corporativos
Más allá del caso concreto de Strategy, la operación lanza un mensaje incómodo a los responsables de tesorería de grandes corporaciones. En los últimos años, varias firmas han incorporado pequeñas asignaciones de bitcoin a sus balances, intentando equilibrar potencial de revalorización y prudencia. El movimiento de Strategy, sin embargo, se sitúa en el extremo opuesto: más de 50.000 millones de dólares comprometidos en un solo activo, con un peso que supera con creces el de la actividad operativa tradicional.
Un estudio académico reciente sobre empresas con bitcoin en balance identificaba precisamente a Strategy como uno de los casos con beta superior a 1 frente al propio bitcoin, es decir, con un comportamiento bursátil todavía más volátil que el del activo subyacente. El contraste con otras compañías que mantienen exposiciones marginales resulta demoledor: allí donde unas tratan de diversificar, Strategy ha optado por concentrar.
Para los consejos de administración de otras multinacionales, el mensaje es doble. Por un lado, la operación confirma que sigue existiendo apetito por modelos radicales de gestión de tesorería. Por otro, actúa como advertencia sobre los riesgos de convertir el balance en un casino regulado por la volatilidad de un solo activo digital.

