Wall Street cierra mixto con nuevas amenazas arancelarias de Trump

El Dow Jones cede 0,17% y se deja unos 65 puntos tras el órdago de Trump sobre Groenlandia

Wall Street cerró el viernes con tono de cansancio tras una sesión que empezó en verde y terminó en terreno mixto. El Dow Jones Industrial Average acabó cediendo alrededor de un 0,17% —unos 65 puntos—, mientras que el S&P 500 y el Nasdaq 100 lograron aguantar prácticamente planos al cierre. El detonante del giro fue el último órdago de Donald Trump, que volvió a agitar el frente arancelario al advertir de nuevos impuestos a los países que no “vayan en la línea” de sus planes para Groenlandia. Al mismo tiempo, la tensión en Oriente Próximo se relajaba levemente, después de que el presidente agradeciera a Irán la suspensión de “más de 800 ejecuciones” de manifestantes, un gesto leído como señal de distensión. 

Dow Jones - Nasdaq
Dow Jones - Nasdaq

Un cierre en negativo tras un inicio en verde

La jornada arrancó con el piloto en verde en los tres grandes índices de Nueva York. Los futuros anticipaban una sesión de rebote tras varias jornadas de dudas, y las primeras órdenes de compra se apoyaron en la percepción de que la tensión con Irán se estaba desinflando. Sin embargo, conforme avanzó el día, el efecto de las noticias geopolíticas se fue diluyendo y el mercado empezó a girar a la baja.

Al cierre, el Dow Jones se dejaba ese 0,17%, borrando cómodamente las ganancias iniciales. El movimiento no fue dramático en términos porcentuales, pero sí significativo en términos de sentimiento: el índice volvió a mostrar una gran sensibilidad a cualquier ruido político procedente de la Casa Blanca. El S&P 500 y el Nasdaq 100, por su parte, acabaron prácticamente planos, reflejando un tirón algo mayor de los grandes nombres tecnológicos que compensó la debilidad de otros sectores cíclicos.

Índice Dow Jones Industrial Average
Índice Nasdaq 100

 

Lo más relevante para las mesas de negociación fue la secuencia intradía: apertura al alza, estabilización en torno al mediodía y ventas discretas pero constantes en la última hora, típica de un mercado donde las manos fuertes prefieren recortar exposición de cara al fin de semana. «No es pánico, es pura gestión del riesgo político», resumía un gestor de renta variable estadounidense.

El órdago arancelario por Groenlandia entra en los modelos de riesgo

El nuevo elemento de irritación llegó, de nuevo, de boca de Donald Trump. El presidente deslizó que podría imponer aranceles a los países que no “vayan en la línea” de su plan para que Estados Unidos tome el control de Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa. Lo que hace unos años habría parecido una extravagancia vuelve ahora con forma de amenaza condicionada, y el mercado ya no puede permitirse ignorarla.

Este hecho revela hasta qué punto los riesgos geopolíticos no convencionales se han convertido en una variable más en los modelos de valoración. Los algoritmos que operan en microsegundos no distinguen entre un frente arancelario clásico —como el conflicto con China— y un órdago ligado a la ambición de Washington sobre un territorio del Ártico: ambos se traducen en mayor prima de riesgo sobre los activos expuestos a comercio y a cadenas globales de suministro.

El temor de fondo es claro: que un nuevo ciclo de aranceles cruzados salte desde un conflicto aparentemente marginal a la relación con aliados europeos. Con la economía estadounidense creciendo a ritmos en torno al 2% y la inversión empresarial todavía frágil, buena parte de los inversores considera que el margen para experimentos arancelarios es limitado. Sin embargo, la experiencia de la anterior guerra comercial ha enseñado al mercado que Trump está dispuesto a utilizar el comercio como arma política, incluso a costa de episodios de volatilidad intensa en bolsa.

Tregua parcial con Irán, pero sin premio para la renta variable

En paralelo, la sesión dejó un mensaje ambivalente en el frente de Oriente Próximo. Trump agradeció públicamente a Irán la decisión de detener “más de 800” ejecuciones programadas contra manifestantes, gesto que el mercado interpretó como una señal de distensión relativa tras semanas de tensión. En otras circunstancias, un movimiento de este tipo habría actuado como catalizador positivo para los activos de riesgo, al reducir la probabilidad de escalada militar.

Sin embargo, el “premio” habitual en forma de subidas bursátiles no llegó. En parte, porque el riesgo asociado a Irán ya venía moderándose en sesiones anteriores; en parte, porque los operadores calibran que la tregua es frágil y condicionada. El mero hecho de que Washington y Teherán sigan utilizando canales públicos para enviarse mensajes sobre ejecuciones y sanciones evidencia que el conflicto está lejos de una resolución estructural.

La consecuencia es clara: el mercado descuenta un escenario de tensión contenida, con menor probabilidad de choque inmediato pero con un fondo de inestabilidad permanente. En ese contexto, los gestores prefieren no sobreponderar sectores demasiado expuestos a la región —energía, transporte marítimo, defensa— y optan por mantener coberturas parciales, a la espera de ver si la ventana de distensión se consolida o queda en mero paréntesis táctico.

Salesforce arrastra al Dow mientras S&P y Nasdaq se quedan planos

En la composición interna de los índices, el protagonista negativo fue Salesforce, que se dejó alrededor de un 2,75% y se convirtió en el peor valor del Dow Jones. El castigo refleja la sensibilidad extrema del mercado a cualquier señal de enfriamiento en las perspectivas de crecimiento del software empresarial, uno de los segmentos que más ha tirado de Wall Street en los últimos años.

Salesforce, Inc.

La caída de Salesforce tuvo un impacto directo en el Dow, más concentrado y con un peso significativo de cada componente, mientras que el S&P 500 y el Nasdaq 100 lograron compensar debilidad puntual con el comportamiento más sólido de otros gigantes tecnológicos. El resultado fue un cierre prácticamente plano en ambos índices, lo que oculta, sin embargo, una rotación interna intensa entre ganadores y perdedores.

Este comportamiento ilustra un patrón que se repite en los últimos meses: el mercado no vende tecnología de forma indiscriminada, pero sí castiga con dureza cualquier indicio de desaceleración específica, ya sea en márgenes, en guías de ingresos o en inversión corporativa. «Las tecnológicas han pasado de ser refugio a ser examinadas con lupa, y eso se nota en sesiones como la de hoy», admiten desde una casa de análisis en Nueva York.

Metales preciosos bajo presión y un euro clavado en 1,16 dólares

Mientras las acciones se debatían entre el rojo y el plano, los metales preciosos acusaron la presión vendedora. La plata cayó alrededor de un 3%, mientras que el oro retrocedió en torno a un 1%, encadenando otra jornada de corrección tras las subidas de semanas anteriores. La lógica es conocida: cuando las tensiones geopolíticas se trasladan del terreno militar al económico —aranceles, amenazas comerciales—, parte de las posiciones defensivas en oro y plata se deshacen para financiar otras estrategias.

Además, los niveles alcanzados habían dejado a ambos metales en una situación de sobrecompra técnica, con posiciones largas especulativas en máximos de varios meses. Cualquier cambio en la narrativa —en este caso, la sensación de distensión parcial con Irán— sirve de excusa para recogida de beneficios. La corrección no invalida, de momento, el papel del oro como seguro de largo plazo, pero sí recuerda su volatilidad en horizontes cortos.

En divisas, la sesión fue de calma tensa. El euro se mantuvo prácticamente plano frente al dólar, moviéndose en torno a los 1,16 dólares (1,15997) a última hora de la tarde. La estabilidad del cruce refleja un equilibrio delicado: por un lado, el riesgo político asociado a las amenazas de Trump podría pesar sobre el billete verde; por otro, la mayor solidez relativa de la economía estadounidense y el diferencial de tipos siguen actuando como apoyo estructural para el dólar frente a la moneda única.

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