La tecnológica explora un nuevo token estable para pagos y envía peticiones de oferta a socios como Stripe, pese al precedente del fallido proyecto Libra/Diem

Meta prepara su regreso a las ‘stablecoins’ con Stripe

La ambición cripto de Meta no estaba muerta, solo en pausa. Tres años después de cerrar Diem, el intento de crear su propia moneda digital tras el fiasco regulatorio de Libra, el grupo de Mark Zuckerberg vuelve a explorar el terreno de las stablecoins. Según fuentes del sector, la compañía ha enviado una petición de propuesta (RFP) a varios proveedores especializados —con Stripe entre los candidatos mejor situados— para lanzar, en la segunda mitad de 2025, un sistema de pagos respaldados por una stablecoin y una nueva ‘wallet’ integrada en sus plataformas. 

El movimiento supondría el retorno de Meta a un negocio del que salió en 2022, cuando vendió la tecnología e intangibles de Diem a Silvergate por unos 200 millones de dólares tras años de presión política y regulatoria. Ahora el enfoque cambia: en lugar de diseñar una “moneda global” propia, la multinacional pretende apoyarse en un emisor externo regulado para abaratar pagos y envíos de dinero dentro de su ecosistema.

El interés no es menor. Las stablecoins mueven ya cientos de miles de millones de dólares al mes, con un incremento de más del 50% en sus volúmenes transaccionados en el último año, según datos de la propia Stripe. Para Meta, con más de 3.000 millones de usuarios activos en Facebook, Instagram y WhatsApp, la combinación entre redes sociales, comercio electrónico y dinero programable vuelve a ser demasiado tentadora como para ignorarla.

Meta prepara su regreso a las ‘stablecoins’ con Stripe
Meta prepara su regreso a las ‘stablecoins’ con Stripe

El regreso cripto de Meta tras el fiasco de Diem

Meta nunca renunció del todo a las finanzas digitales. Tras el cierre de Diem en enero de 2022, la empresa mantuvo equipos dedicados a pagos, remesas y comercio dentro de su división de “fintech” interna, aunque con un perfil bajo y centrados en soluciones tradicionales, vinculadas a tarjetas y bancos.

Lo que cambia ahora es la ambición. Las fuentes citadas por CoinDesk hablan de un proyecto para integrar una stablecoin de terceros en los sistemas de pagos de Meta, empezando por los pagos a creadores de contenido y a vendedores en Facebook e Instagram. El objetivo explícito: reducir costes, acelerar liquidaciones internacionales y ganar control sobre la experiencia de pago dentro de sus aplicaciones.

En lugar de crear una asociación propia —como fue la Libra Association, que llegó a agrupar a casi 30 empresas antes de desangrarse por las salidas de socios clave—, Meta quiere ahora que el proveedor se encargue de la emisión, custodia y cumplimiento regulatorio. La tecnológica se quedaría con la capa de distribución: la ‘wallet’, la integración en sus apps y las herramientas para comercios y usuarios.

Este cambio de diseño no es menor. Reduce la carga regulatoria directa sobre Meta y convierte la stablecoin en una pieza intercambiable: si un proveedor cae en desgracia, podría ser sustituido por otro. Pero, al mismo tiempo, mantiene a la compañía en el centro de la experiencia de usuario y del dato, el activo más valioso de su imperio digital.

Un nuevo modelo: pagos internos, ‘wallet’ propia y proveedor externo

Según las filtraciones, Meta busca un socio capaz de administrar una stablecoin referenciada al dólar, emitida sobre una blockchain pública y plenamente canjeable por dinero fiduciario. La empresa quiere que ese token se utilice como capa de liquidación “invisible” dentro de productos como Facebook Pay o los pagos en Instagram y WhatsApp.

En la práctica, el usuario seguiría viendo saldos en euros o dólares, pero, entre bastidores, gran parte de las operaciones se compensarían en una stablecoin. Esto permitiría:

  • Reducir comisiones en pagos transfronterizos, uno de los costes más criticados por pymes y creadores.

  • Acelerar la liquidación casi en tiempo real, frente a los 2-3 días que aún exigen muchas redes bancarias.

  • Diseñar nuevos productos de micropagos y suscripción que hoy resultan inviable con las tarifas de las tarjetas.

La nueva ‘wallet’ que Meta quiere desplegar serviría como contenedor de estos saldos tokenizados, con integración directa en el login de Facebook e Instagram. El diseño recuerda inevitablemente a Novi, la cartera que debía acompañar a Libra, pero con una diferencia clave: esta vez el token no sería “de Meta”, sino de un emisor externo supervisado.

Stripe, el socio que puede cambiar el guion

Entre los candidatos para pilotar el proyecto destaca Stripe, el gigante de los pagos digitales valorado en decenas de miles de millones de dólares. La firma ya anunció en 2024 y 2025 una ofensiva para integrar pagos con stablecoins en su red, y presume de que el volumen transaccionado con estos activos ha crecido más de un 50% interanual.

Stripe se ha convertido en el socio natural de empresas que quieren incorporar stablecoins sin diseñar desde cero su propia infraestructura cripto. Su tecnología facilita que comercios que solo aceptan moneda fiduciaria reciban en banco lo que el usuario paga en cripto, gestionando conversiones, cumplimiento y riesgos de liquidez.

Para Meta, apoyarse en Stripe u otro proveedor similar tiene varias ventajas evidentes:

  • Credenciales regulatorias más sólidas que las que tuvo Libra, nacida casi desde cero en Suiza.

  • Capacidad técnica probada para procesar cientos de millones de transacciones diarias.

  • Acceso inmediato a una red de millones de comercios en más de 100 países.

Además, Stripe ya colabora con proyectos como mUSD, la stablecoin que prepara la ‘wallet’ cripto MetaMask, lo que refuerza su papel como intermediario clave entre el mundo de las Big Tech y la infraestructura cripto.

Si finalmente se impone como socio de Meta, el tándem podría alterar de forma profunda el equilibrio entre bancos, redes de tarjetas y nuevos actores cripto.

Lo que salió mal con Libra/Diem

El recuerdo de Libra sigue siendo una advertencia. Anunciada en 2019 como una moneda digital respaldada por una cesta de divisas, la iniciativa desató en cuestión de horas la reacción de ministros de Finanzas, bancos centrales y parlamentos de medio mundo.

Estados Unidos, la Unión Europea y otros países expresaron temores sobre soberanía monetaria, estabilidad financiera, privacidad y competencia. En pocos meses, pesos pesados como Visa, Mastercard, PayPal o eBay abandonaron la asociación, dejando a Facebook cada vez más aislada.

El proyecto intentó reconducirse en 2020, rebajando su ambición a una simple stablecoin en dólares y rebautizándose como Diem para alejarse de la marca Libra. No fue suficiente. En enero de 2022, la Diem Association se disolvió y vendió sus activos a Silvergate, admitiendo implícitamente la derrota.

El exresponsable del proyecto, David Marcus, ha llegado a describir el final de Diem como “un asesinato político al 100%”, insistiendo en que el diseño cumplía con los estándares de lucha contra el blanqueo y protección del consumidor. Sea cual sea la interpretación, el mensaje de las autoridades fue inequívoco:

«Ninguna gran plataforma digital va a lanzar, sin un escrutinio extremo, una moneda con aspiración global que pueda competir, siquiera indirectamente, con las divisas soberanas».

Este precedente condicionará cualquier evaluación regulatoria del nuevo proyecto de Meta, por mucho que cambie la arquitectura técnica.

Un mercado de ‘stablecoins’ en plena carrera global

Desde el entierro de Diem, el entorno ha cambiado. El mercado de stablecoins está dominado por Tether (USDT) y USD Coin (USDC), con una capitalización conjunta que ha rondado los 150.000-170.000 millones de dólares en los últimos meses. Cada día se mueven en estas fichas digitales volúmenes que compiten con los de las grandes redes de tarjetas.

A la vez, nuevos actores han entrado en juego. PayPal lanzó en 2023 su propia stablecoin PYUSD; proyectos como MetaMask USD (mUSD), apoyados en Stripe, buscan convertir la ‘wallet’ cripto en un monedero utilizable para pagos cotidianos; y varios bancos han experimentado con tokens de depósito.

En paralelo, los reguladores se han movido. La UE ha aprobado MiCA, el primer gran marco integral para criptoactivos, que impone requisitos estrictos a los emisores de stablecoins significativas. Estados Unidos debate aún una regulación específica, pero ha endurecido la supervisión de los emisores de facto.

En este contexto, la entrada de Meta no sería ya la de un pionero que quiere cambiar las reglas del juego, sino la de un gigante que se suma a una carrera ya en marcha, con reglas más claras pero también menos margen para experimentar. La consecuencia es clara: el margen de maniobra estará más en el diseño del producto y la experiencia de usuario que en la ingeniería monetaria.

Los riesgos regulatorios que siguen sobre la mesa

Aunque Meta opte por un modelo menos agresivo que Libra, los riesgos políticos no desaparecen. Para los reguladores, una stablecoin dentro del ecosistema de una red con miles de millones de usuarios plantea varias preguntas incómodas:

  • ¿Quién controla los datos de pagos y cómo se combinan con el perfil social y publicitario?

  • ¿Puede una Big Tech discriminar comercialmente en función del método de pago usado?

  • ¿Qué ocurre si el token alcanza un peso sistémico en determinadas economías emergentes donde Meta domina la comunicación digital?

Además, la historia reciente demuestra que las autoridades no dudan en actuar cuando perciben una amenaza a la estabilidad financiera o a la competencia. El bloqueo de Diem y la presión sobre emisores como Tether o Binance son precedentes que Meta no puede ignorar.

El contraste con otras regiones resulta demoledor. Mientras la UE avanza en una regulación granítica, muchos países en desarrollo ven las stablecoins como una vía rápida para modernizar pagos y remesas sin esperar a que sus infraestructuras bancarias se pongan al día. Si Meta utiliza WhatsApp para ofrecer envíos de dinero casi gratuitos entre esos países, la tensión entre innovación y soberanía monetaria volverá inevitablemente al centro del debate.

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