La semana en la que el índice pasó de encadenar máximos históricos a firmar su peor racha desde noviembre por el miedo a la disrupción tecnológica

Balance Dow Jones: de los 50.000 al susto por la IA

Balance Dow Jones: de los 50.000 al susto por la IA

El Dow Jones Industrial Average ha vivido una semana de vértigo entre el 9 y el 13 de febrero. Tras estrenar los 50.000 puntos el viernes anterior, el índice arrancó el lunes marcando de nuevo un máximo histórico, encadenó el martes su séptima plusmarca del año y empezó a mostrar fatiga el miércoles. El giro llegó el jueves: una venta masiva ligada al miedo a la disrupción de la inteligencia artificial arrastró al Dow a caídas superiores al 1,3% en una sola sesión. El viernes, la sorpresa positiva de la inflación en EE. UU. dio algo de aire y permitió un cierre ligeramente al alza, pero no evitó que la semana se saldara con un retroceso del 1,23%, la peor marca desde noviembre.

Lunes y martes: euforia contenida en nuevos máximos históricos

El contexto del lunes 9 no podía ser más favorable: el Dow venía de cruzar por primera vez los 50.000 puntos el viernes anterior, con un avance semanal del 2,5%, muy por encima del S&P 500 y del Nasdaq. Ese impulso se prolongó en la sesión del lunes, cuando el índice apenas sumó 20 puntos, pero suficientes para cerrar en un nuevo máximo de 50.135,87 puntos, con una subida inferior al 0,1%. Lo relevante no fue el tamaño del movimiento, sino el mensaje: el mercado validaba el nivel de 50.000 como nueva zona de confort.

El martes 10, Wall Street repitió la jugada. El Dow avanzó 52,27 puntos (+0,10%), hasta un nuevo récord de 50.188,14 puntos, mientras el S&P 500 y el Nasdaq caían un 0,3% y un 0,6%, respectivamente. La foto de la jornada fue paradójica: el índice más “clásico” de la Bolsa estadounidense marcaba su tercer máximo histórico consecutivo, impulsado por grandes valores industriales y de consumo, mientras el universo tecnológico volvía a corregir.

Este contraste es clave para entender el tono de la semana. El Dow se comportó como refugio relativo frente a la volatilidad extrema de las megacaps tecnológicas, un patrón que ya se había visto en otras fases de rotación sectorial: los inversores reducían exposición a software y chips, pero seguían dispuestos a pagar múltiplos elevados por compañías defensivas, financieras y ligadas al ciclo real.

Miércoles: el dato de empleo enfría el impulso

La sesión del miércoles 11 marcó el primer síntoma serio de fatiga. Pese a un informe de empleo estadounidense mejor de lo esperado —con 130.000 nuevos puestos de trabajo frente a los 53.000 previstos—, el Dow cedió 66,74 puntos (-0,1%), hasta los 50.121,40 puntos. El S&P 500 apenas se movió y el Nasdaq volvió a retroceder, pero sin desplomes. En apariencia, una jornada menor. En realidad, el inicio del cambio de narrativa.

El dato laboral alimentó un viejo temor del mercado: que la Reserva Federal tarde más de lo previsto en recortar tipos o lo haga de forma más gradual. Las probabilidades de un recorte de 25 puntos básicos en junio se consolidaron por encima del 90%, pero empezaron a aparecer dudas sobre el ritmo posterior.

Este hecho revela una tensión de fondo: el Dow cotiza en zona de máximos gracias a unos beneficios empresariales resistentes y a la expectativa de un ciclo suave de bajadas de tipos. Si el mercado empieza a sospechar que la Fed prolongará la política restrictiva, las valoraciones de sectores como banca, industriales o consumo discrecional dejan de estar “baratas” y pasan a ser exigentes. El miércoles fue, en ese sentido, una sesión de ajuste fino: ligeras ventas, pero un cambio claro en el tono de los comentarios de brokers y gestoras.

Jueves negro: el día en que la IA asustó al Dow

El verdadero giro llegó el jueves 12, en lo que muchos analistas ya califican como el “jueves de la IA”. Una nueva oleada de anuncios de productos y plataformas de inteligencia artificial reabrió el debate sobre hasta qué punto la automatización puede erosionar márgenes y modelos de negocio en sectores tan diversos como logística, transporte, seguros o software corporativo.

El resultado fue un correctivo en toda regla: el Dow llegó a caer alrededor de 680 puntos, en torno al 1,3%-1,4%, arrastrado por desplomes de Cisco (-11,9%) y Walt Disney (-5,7%), que juntos explicaron más de 100 puntos de la caída del índice por su peso en la cesta. Otros grandes nombres como IBM, Apple o Goldman Sachs se sumaron a las ventas, amplificando el movimiento.

Más allá de las cifras, lo más grave fue la velocidad con la que el sentimiento cambió. En apenas cuatro sesiones, los inversores pasaron de celebrar la conquista de los 50.000 puntos a cuestionar si el índice no había subestimado el impacto real de la disrupción tecnológica. El jueves se convirtió así en el punto de inflexión de la semana: el día en que el Dow dejó de ser refugio y empezó a comportarse como un índice vulnerable al mismo shock de expectativas que el Nasdaq.

Viernes de respiro: la inflación da aire, pero no borra el daño

El viernes 13, el mercado recibió el dato que llevaba esperando toda la semana: el IPC de enero. La inflación general se moderó al 2,4% interanual, frente al 2,7% de diciembre, y la subyacente quedó en el 2,5%, el nivel más bajo en casi cinco años. El mensaje fue claro: el proceso de desinflación sigue avanzando, lo que mantiene vivo el escenario de recortes de tipos en la segunda mitad del año.

El Dow reaccionó con un tono mucho más constructivo: sumó 48,95 puntos (+0,10%), hasta 49.500,93 puntos, mientras el S&P 500 subía un simbólico 0,05% y el Nasdaq volvía a ceder un 0,22%. El rebote, sin embargo, no fue suficiente para compensar el castigo del jueves ni para devolver al índice por encima de los 50.000 puntos.

El balance gráfico de la semana es elocuente: tres máximos históricos consecutivos al inicio, una corrección brusca en la parte final y un cierre justo por debajo de la barrera psicológica que el mercado acababa de conquistar. Para muchos gestores, la señal es inequívoca: el Dow ha entrado en una fase en la que cada dato de inflación o de empleo puede servir de excusa para ajustar posiciones después de un rally casi ininterrumpido desde noviembre.

La semana en cifras: del récord a la peor racha desde noviembre

Si se amplía el foco, el mensaje numérico de la semana es contundente. Según los datos de Reuters, el Dow cayó un 1,23% en el conjunto del periodo, frente al -1,39% del S&P 500 y el -2,1% del Nasdaq, firmando su peor registro semanal desde noviembre. El índice se mantiene claramente en positivo en el acumulado del año, con avances cercanos al 4,4%, pero la trayectoria ya no es lineal.

Por días, el esquema es el siguiente:

  • Lunes 9: +0,04% aprox., hasta 50.135,87 puntos.

  • Martes 10: +0,10%, nuevo récord en 50.188,14 puntos.

  • Miércoles 11: -0,1%, hasta 50.121,40 puntos.

  • Jueves 12: caída en torno al -1,3%/-1,4%, con un descenso de unos 670 puntos.

  • Viernes 13: +0,10%, cierre en 49.500,93 puntos.

La consecuencia es clara: el hito de los 50.000 puntos no ha desencadenado una “segunda fase” de euforia, sino un proceso de toma de beneficios donde cualquier noticia negativa ligada a la IA o a tipos de interés sirve como catalizador. El Dow sigue caro en términos históricos, y la semana ha recordado a los inversores que la volatilidad no es patrimonio exclusivo del Nasdaq.

Los valores que movieron el índice: de industriales sólidos a tecnológicas bajo presión

Bajo la superficie del índice, la semana dejó ganadores y perdedores muy definidos. En el lado positivo, varios industriales y compañías vinculadas a la economía real siguieron mostrando un comportamiento robusto en las primeras sesiones, aprovechando un entorno de tipos todavía elevados pero con inflación a la baja y demanda interna resistente.

En el lado negativo, el jueves concentró el grueso de los movimientos dramáticos. Cisco se desplomó casi un 12% tras nuevas dudas sobre la velocidad con la que sus soluciones de redes pueden adaptarse a arquitecturas cloud y a la presión de nuevos competidores basados en IA. Disney cedió cerca de un 6% en medio de temores a que los cambios de hábitos de consumo y las nuevas plataformas automatizadas de entretenimiento erosionen aún más la rentabilidad de su negocio tradicional.

Índice Dow Jones Industrial Average

Qué vigilan ahora los gestores: tipos, IA y la barrera de los 50.000

Tras esta semana, el Dow entra en una zona de vigilancia máxima para los grandes fondos. Hay tres frentes claros:

  1. Tipos de interés y Fed. La combinación de inflación al 2,4% y mercado laboral todavía fuerte mantiene el escenario de recortes en 2026, pero reduce la urgencia de la Fed. Cualquier señal de que el banco central quiera “ver más datos” antes de actuar puede tensionar de nuevo las valoraciones.

  2. Narrativa de la IA. El “shock de expectativas” del jueves ha demostrado que el mercado no ha calibrado aún el alcance de la disrupción. Si la sucesión de anuncios y lanzamientos continúa, es probable que veamos más episodios de volatilidad concentrada, no solo en el Nasdaq, sino también en valores del Dow vinculados a tecnología, comunicaciones, transporte o servicios financieros.

  3. La barrera psicológica de los 50.000 puntos. Técnicamente, el índice ha perdido ese nivel, pero por un margen relativamente estrecho, inferior al 1,5%. Si en las próximas semanas el Dow es capaz de recuperar y consolidar esa cota, la narrativa volverá a ser de fortaleza estructural. Si, por el contrario, se aleja con rapidez, muchos leerán el episodio de febrero como un “falso breakout” clásico tras un ciclo alcista ya maduro.

El diagnóstico es inequívoco: el Dow Jones ha dejado de ser un simple termómetro del ciclo estadounidense para convertirse en un barómetro de cómo el mercado digiere la revolución de la inteligencia artificial. La semana pasada Wall Street envió un mensaje nítido a los inversores: el camino por encima de los 50.000 puntos no será una autopista, sino una carretera llena de baches donde cada dato y cada titular pueden hacer saltar las cotizaciones.