La tensión con Irán mantiene a las bolsas en rojo

El Dow Jones pierde 166 puntos tras desplome intradía de 546

El Dow Jones pierde 166 puntos tras desplome intradía de 546

La sesión del 3 de febrero en Wall Street deja una imagen clara: los mercados siguen nerviosos, pero aún no en modo pánico. Tras un desplome intradía de más de 500 puntos en el Dow Jones, los principales índices lograron recortar pérdidas después de que el Congreso aprobara un paquete de gasto para poner fin al cierre parcial del Gobierno federal. Sin embargo, el rebote fue insuficiente para sacar a la renta variable del terreno negativo. La tensión geopolítica volvió a irrumpir con fuerza después de que el Pentágono confirmara la interceptación de un dron iraní cerca de un portaaviones estadounidense en el mar Arábigo. El resultado es un mercado atrapado entre la política interna y el riesgo geoestratégico, con castigo especialmente severo a tecnológicas y compañías de pagos.

Un desplome de 500 puntos que se quedó en aviso

La fotografía de la jornada explica bien el nivel de inquietud. A media sesión, el Dow Jones Industrial Average llegaba a caer 546 puntos, un recorte del 1,11% que devolvía a los inversores al guion de las grandes correcciones de los últimos meses. A esa misma hora, el Nasdaq 100 se dejaba un 2,35% —unos 602 puntos— y el S&P 500 retrocedía un 1,54%, reflejando una huida clara de riesgo en los valores de crecimiento y de mayor beta.

Índice Dow Jones Industrial Average

Con el paso de las horas, y a medida que se confirmaba el avance del paquete de gasto en el Capitolio, el tono mejoró. Al cierre, el Dow limitó la caída al 0,34%, unos 166 puntos, mientras el Nasdaq 100 redujo sus pérdidas al 1,55% y el S&P 500 al 0,84%. La consecuencia es clara: el dinero no ha regresado, pero el pánico sí se ha enfriado. Los gestores describen una sesión típicamente “de titulares”, en la que cada noticia política o geopolítica se traduce en movimientos bruscos de los algoritmos y en órdenes automáticas de venta. El diagnóstico es inequívoco: el mercado sigue muy dependiente del flujo de noticias de corto plazo y con escasa convicción compradora en estos niveles.

El cierre parcial del Gobierno: un incendio controlado, no apagado

El otro gran protagonista del día ha sido el cierre parcial del Gobierno federal, que ha mantenido en vilo a los inversores durante semanas. El Congreso ha aprobado finalmente un paquete de gasto que permitirá reabrir las agencias afectadas y evitar, por ahora, nuevas paralizaciones. Este hecho revela que la amenaza inmediata de un “shutdown” prolongado se reduce, y eso ha contribuido a que Wall Street recortase parte de sus caídas en la última hora de negociación.

Sin embargo, lo más grave para los mercados no era tanto el impacto económico directo —limitado en el corto plazo— como la señal política que proyecta. La repetición de estas crisis de financiación, cada vez más frecuentes, alimenta la percepción de un sistema fiscal y presupuestario bloqueado. Los analistas recuerdan que un cierre prolongado puede retrasar datos macro clave, entorpecer contratos públicos y minar la confianza de consumidores y empresas. “El acuerdo de hoy compra tiempo, pero no resuelve el problema de fondo”, resumen desde una gran gestora estadounidense. El contraste con otras economías avanzadas, donde los presupuestos plurianuales aportan más previsibilidad, resulta demoledor para la imagen de la primera potencia mundial.

Irán reaviva el miedo geopolítico en plena sesión

En paralelo a la disputa presupuestaria, la geopolítica volvió a irrumpir con fuerza. El Departamento de Defensa confirmó la interceptación de un dron iraní que se aproximó a un portaaviones estadounidense en el mar Arábigo, un episodio que reaviva el temor a una escalada en la región. La noticia llegó con los mercados abiertos y actuó como catalizador de las ventas, especialmente en los momentos de mayor caída del Dow y el Nasdaq.

En un contexto en el que la inflación y los tipos de interés ya han elevado la prima de riesgo sobre los activos de renta variable, cualquier señal de tensión en Oriente Medio se traduce de inmediato en volatilidad. Los inversores descuentan el riesgo de interrupciones en el suministro energético, encarecimiento del petróleo y deterioro de las expectativas de crecimiento global. Aunque por ahora los movimientos en crudo y bonos han sido contenidos, la mera posibilidad de un choque mayor basta para que muchas carteras reduzcan exposición a activos cíclicos. “El mercado está aprendiendo a convivir con una especie de ruido geopolítico permanente”, explican fuentes del sector, pero cada incidente vuelve a poner a prueba esa aparente tolerancia.

Tecnología y pagos, las grandes damnificadas

Si se mira el detalle sectorial, el castigo ha sido especialmente severo en la tecnología y los pagos digitales. En el Dow, Salesforce cerró con una caída del 6,85%, convirtiéndose en uno de los valores más penalizados del selectivo. En el Nasdaq 100, la fotografía fue aún más dura: PayPal se desplomó un 20,31%, reflejando tanto la presión competitiva del sector como la sensibilidad extrema de estos modelos de negocio a cualquier repunte de la aversión al riesgo.

Salesforce, Inc.

Tampoco se libró el universo de servicios empresariales. Gartner se hundió un 20,87%, un movimiento que muchos operadores atribuyen a un cóctel de resultados, rebajas de recomendación y ventas forzadas por parte de fondos cuantitativos. Este tipo de desplomes, concentrados en nombres concretos pero de gran peso en índices, explica buena parte del diferencial entre la caída máxima del Nasdaq y el cierre final. La consecuencia es clara: las compañías con múltiplos exigentes y narrativas de crecimiento a largo plazo son ahora las más vulnerables a jornadas de titulares geopolíticos o políticos, mientras que los inversores se refugian en sectores defensivos y de dividendo estable.

La prueba de fuego de los resultados: AMD, Amgen y Mondelez

La jornada también estuvo marcada por la expectación ante los resultados de tres pesos pesados: AMD, Amgen y Mondelez. Sus cuentas, previstas para las próximas horas, se interpretan como un test clave para medir el pulso de tres pilares del mercado estadounidense: la tecnología de semiconductores, la salud y el consumo defensivo.

En el caso de AMD, los inversores quieren comprobar si el ciclo de demanda en chips para centros de datos e inteligencia artificial compensa la desaceleración en PC y electrónica de consumo. La biotecnológica Amgen llega a la cita con el foco puesto en su cartera de medicamentos estrella y en la capacidad de sostener márgenes en un entorno de presión regulatoria. Mondelez, por su parte, servirá como termómetro del comportamiento del consumidor global ante la persistencia de precios altos en alimentación. “Es una microfoto perfecta de por dónde puede ir el mercado en los próximos meses”, señalan en una firma de análisis. Unas buenas cifras podrían ofrecer un respiro a Wall Street; unas decepciones, en cambio, reforzarían la narrativa de desaceleración de beneficios.

El mensaje del euro y del dólar a los inversores

El mercado de divisas ha añadido su propia lectura de la jornada. Mientras las bolsas se movían en rojo, el euro se fortalecía frente al dólar, subiendo un 0,25% hasta el entorno de 1,1820 dólares al cierre, frente a los 1,1808 de primera hora de la tarde. Ese movimiento, aunque moderado, sugiere una ligera pérdida de atractivo del billete verde como refugio inmediato, posiblemente por la percepción de que la crisis del cierre de la Administración está más cerca de resolverse.

Sin embargo, el cambio sigue manteniendo al dólar en niveles históricamente fuertes frente a la moneda única, lo que continúa generando vientos de cola para los resultados de las multinacionales estadounidenses con fuerte exposición internacional. Para el inversor europeo, la ecuación es más compleja: un euro algo más fuerte reduce la rentabilidad en moneda local de las posiciones en Wall Street, pero también abarata la compra de activos en Estados Unidos. El contraste con anteriores episodios de tensión, en los que el dólar se disparaba con brusquedad, muestra un mercado de divisas algo menos alarmado que la renta variable, pero atento a cada paso de la política fiscal y monetaria estadounidense.