Los índices estadounidenses cierran en verde gracias al tirón de semiconductores y criptomonedas, a la espera de los resultados de Broadcom y con un empleo todavía sólido

El Dow Jones sube 190 puntos gracias a chips y cripto

La renta variable estadounidense volvió a inclinarse del lado de las ganancias en la sesión de este miércoles. El Dow Jones avanzó un 0,49%, el S&P 500 sumó un 0,78% y el tecnológico Nasdaq 100 se disparó un 1,51%, en una jornada dominada por el apetito por riesgo en el sector de chips y en el universo cripto. Dentro del Dow, Amazon subió un 3,88%, mientras que en el S&P 500 Moderna se disparó un 15,99%. En el Nasdaq 100, el valor Startegy llegó a revalorizarse un 10,37%, reflejando el renovado entusiasmo por los ganadores del nuevo ciclo tecnológico. Todo ello, además, con un dato de empleo privado que sumó 63.000 puestos en febrero y con el mercado mirando de reojo al gran examen de la noche: los resultados de Broadcom, uno de los símbolos del boom de la inteligencia artificial.

wall street EPA/JUSTIN LANE
wall street EPA/JUSTIN LANE

El motor del rally volvió a estar en el mismo sitio: los semiconductores. El Nasdaq 100, muy expuesto a este segmento, lideró las subidas con ese +1,51% impulsado por avances generalizados en fabricantes de chips y compañías ligadas a la infraestructura de datos. La premisa del mercado sigue siendo que el ciclo de inversión en inteligencia artificial (IA) y en centros de datos aún está lejos de agotarse, pese a la fuerte volatilidad de las últimas semanas.

En este contexto, el movimiento de la jornada tiene una lectura clara: los inversores están dispuestos a seguir pagando múltiplos exigentes por aquellas compañías que se sitúan en el corazón del nuevo mapa tecnológico. La pregunta no es tanto si la demanda de capacidad informática crecerá, sino a qué precio y con qué margen.

Tras varios días de dudas por valoraciones “calientes”, las compras regresaron con fuerza a fondos sectoriales de semiconductores y a nombres muy expuestos al gasto de las grandes ‘big tech’ en IA. La consecuencia es clara: la bolsa estadounidense consolida la narrativa de un “mini-ciclo alcista” dentro de un mercado que, técnicamente, sigue mostrando fragilidad y episodios de corrección rápida cuando se agota el flujo comprador.

Índice Dow Jones Industrial Average

Broadcom, el gran examen del súper ciclo de la IA

Si el sector de chips es el termómetro del mercado, Broadcom se ha convertido en uno de sus símbolos. La compañía publica resultados al cierre de la sesión con el listón muy alto: el consenso espera ventas en el entorno de 19.000 millones de dólares para el primer trimestre fiscal, cerca de un 30% más que un año antes, apoyadas en la explosión de la demanda de chips y soluciones de red para IA.

Broadcom cerró 2025 con unos ingresos de 64.000 millones, un crecimiento cercano al 24% interanual, sustentado en dos pilares: los semiconductores ligados a IA y la integración de VMware en el negocio de software de infraestructuras. Este hecho revela que el grupo se ha colocado en el cruce de dos tendencias que los inversores consideran estructurales: la carrera por la capacidad de cálculo y la migración de grandes clientes hacia soluciones de nube híbrida.

La expectativa es tan elevada que cualquier matiz en la guía para 2026 puede desencadenar movimientos bruscos. «El mercado ha adoptado una especie de enfoque de ‘en Hock we trust’ con la dirección de Broadcom», comentaba recientemente un gestor, en referencia a la confianza en Hock Tan, su consejero delegado. Lo más delicado no es el resultado del trimestre, sino la señal que envíe sobre la sostenibilidad del ciclo inversor en IA. Un mensaje de prudencia podría enfriar de golpe el rally de todo el sector.

Criptomonedas: el nuevo barómetro del riesgo

En paralelo al tirón de los chips, las criptomonedas volvieron a actuar como acelerador del apetito por riesgo. Bitcoin ha vuelto a situarse por encima de los 70.000 dólares, arrastrando al alza a compañías cotizadas como Coinbase o Riot Platforms, muy sensibles al volumen y a la dirección del mercado cripto.

Para los gestores, el comportamiento paralelo de semiconductores y criptoactivos no es casual. Ambas áreas concentran el capital más especulativo, aquel que busca retornos rápidos y está dispuesto a tolerar caídas de doble dígito en cuestión de sesiones. «Cuando chips y criptos suben a la vez, sabemos que el mercado está en modo riesgo-on absoluto», resume un operador de renta variable.

Lo más grave para los más prudentes es que buena parte de estas subidas se produce con un contexto monetario que sigue siendo restrictivo. Los tipos oficiales de la Reserva Federal continúan en máximos de ciclo y el coste de financiación para las empresas se mantiene elevado. La consecuencia es un mercado que descuenta una normalización muy rápida de la inflación y recortes de tipos más agresivos, mientras ignora, por ahora, el riesgo de que la Fed mantenga la cautela durante más tiempo del deseado por los inversores.

Amazon, Moderna y el nuevo mapa de ganadores

Más allá de los grandes índices, la sesión dejó nombres propios que ayudan a dibujar el mapa de los nuevos ganadores de Wall Street. En el Dow Jones, Amazon fue el mejor valor con una subida del 3,88%, un movimiento que consolida su papel como gigante transversal: comercio electrónico, nube, IA y, cada vez más, publicidad digital.

En el S&P 500, Moderna protagonizó una de las sorpresas del día con un avance del 15,99%. El mercado lleva meses reposicionándose en compañías biotecnológicas castigadas tras el boom de las vacunas, y cualquier noticia positiva sobre pipeline, acuerdos o resultados clínicos funciona como chispa de encendido. El diagnóstico es inequívoco: el dinero está volviendo, selectivamente, a historias de crecimiento que habían quedado enterradas bajo la narrativa de la “muerte” del covid-trade.

En el Nasdaq 100, el salto del 10,37% de Startegy simboliza el efecto multiplicador de estas jornadas. Valores de perfil medio, pero expuestos a temas de moda —IA, ciberseguridad, software en la nube— se convierten en vehículos de alta beta para aquellos que quieren amplificar la tendencia del índice. En estas fases del ciclo, la línea que separa una apuesta de crecimiento de una apuesta puramente especulativa se vuelve cada vez más delgada.

Empleo sólido, inflación incierta

El rally de este miércoles no se entiende sin el telón de fondo macroeconómico. El dato de empleo privado en Estados Unidos mostró una creación de 63.000 puestos de trabajo en febrero, una cifra que, sin ser exuberante, refuerza la idea de una economía que se enfría muy lentamente pero no se desploma. A ello se han sumado en días recientes indicadores sólidamente positivos de servicios y actividad, como el ISM, que han sorprendido al alza.

Sin embargo, la lectura no es sencilla para la Reserva Federal. Un mercado laboral que se mantiene relativamente firme reduce la urgencia de recortar tipos de manera agresiva. Al mismo tiempo, la desinflación avanza de forma irregular y la combinación de salarios aún dinámicos y precios de la energía repuntando por las tensiones geopolíticas mantiene viva la preocupación por una inflación pegajosa.

«La economía está demasiado bien para justificar recortes de emergencia y demasiado tensionada financieramente como para soportar tipos altos indefinidamente», resumen en una casa de análisis. En ese equilibrio precario se entiende que el mercado oscile entre episodios de euforia como el de hoy y correcciones abruptas cuando un dato o una declaración de la Fed rompe la narrativa dominante.

El contraste con Europa y el dólar más débil

Mientras Wall Street se permitía un nuevo tramo alcista, el euro se apreciaba un 0,2% frente al dólar, hasta el entorno de 1,1640 dólares, a las 15.52 horas en la Costa Este. El movimiento refleja una cierta relajación en la demanda de refugio en divisa estadounidense y una mejora del apetito por activos de riesgo denominados en euros.

Sin embargo, el contraste con las bolsas europeas resulta demoledor. Los grandes índices del Viejo Continente avanzan con mucha más cautela, penalizados por un crecimiento más débil, una política fiscal menos expansiva y la persistencia de problemas estructurales en sectores como la banca o la industria pesada. Mientras Estados Unidos capitaliza la revolución de la IA a través de sus gigantes tecnológicos, Europa sigue sin campeones claros en semiconductores o plataformas digitales a gran escala.

Este diferencial no es nuevo, pero se agranda cada vez que el mercado entra en modo riesgo-on. Para el inversor global, la combinación de dólar algo más débil, tipos aún atractivos y liderazgo tecnológico mantiene a Wall Street como destino preferente. La pregunta es cuánto tiempo puede prolongarse esa ventaja sin que aparezcan señales más claras de fatiga en márgenes empresariales y beneficios.

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