Los buenos datos industriales sostienen a la Bolsa de Nueva York

El Dow Jones sube 64 puntos mientras Trump agita Groenlandia

El Dow Jones sube 64 puntos mientras Trump agita Groenlandia

La sesión ha arrancado con tono positivo en Wall Street en un contexto tan paradójico como revelador: el Dow Jones suma unos 64 puntos, un avance cercano al 0,13%, hasta el entorno de los 49.400 puntos, los grandes índices abren en verde y, al mismo tiempo, el entorno político vuelve a tensarse por el viejo sueño de Donald Trump de “cerrar un acuerdo” sobre Groenlandia. A primera hora, el S&P 500 subía un 0,27% y el tecnológico Nasdaq 100 ganaba un 0,67%, apoyado en el rebote de los valores de chips. Sobre la mesa, además, otro dato clave para el ladrillo: el Índice de Mercado Inmobiliario de la NAHB que se publica este viernes y que sirve de termómetro adelantado del sector residencial. El contraste entre la solidez de los datos y el ruido diplomático revela hasta qué punto el mercado ha decidido mirar solo al ciclo y aparcar, por ahora, los riesgos geopolíticos.

El arranque de Wall Street: puntos, porcentajes y lectura de fondo

Más allá del dato en porcentaje, el movimiento del Dow Jones, con un alza de unos 64 puntos, actúa como barómetro del apetito por riesgo en el arranque de la sesión. No es un rally espectacular, pero sí una señal de continuidad en la dinámica de mercado de las últimas semanas, marcada por máximos o proximidad a máximos históricos en los grandes índices. Lo relevante es que el avance se produce en un contexto en el que los inversores cuentan, al mismo tiempo, con un flujo de noticias políticas potencialmente desestabilizador.

Índice Dow Jones Industrial Average

El S&P 500, referencia más amplia del mercado estadounidense, consolida el tono positivo con una subida cercana al 0,3%, mientras que el Nasdaq 100 refuerza la idea de que el liderazgo sigue siendo tecnológico. El diagnóstico es inequívoco: el capital global sigue premiando a Estados Unidos como principal destino, incluso cuando el ruido político roza lo estrambótico. La consecuencia es clara: la desconexión entre economía financiera y debate institucional se agranda, con una Wall Street que opera casi en paralelo a la conversación política de Washington.

Datos industriales: el motor silencioso de la sesión

El primer soporte del rebote de Wall Street llega del lado real de la economía. La producción industrial repuntó un 0,4% en diciembre, encadenando su segundo mes en positivo y superando, según fuentes de mercado, unas expectativas que se movían en torno al 0,2%-0,3%. Más relevante aún es que el avance no se limita a un único segmento: manufacturas, minería y utilities muestran una mejora moderada pero consistente, lo que sugiere que la industria estadounidense se resiste a la desaceleración que muchos daban por descontada.

Este dato encaja con otras señales de resiliencia manufacturera y contribuye a rebajar el temor a una recesión industrial profunda tras meses de indicadores adelantados en zona contractiva. Para la Reserva Federal, un sector productivo que aguanta introduce un matiz incómodo: si el crecimiento no se enfría lo suficiente, el margen para recortar tipos de forma agresiva se reduce. Sin embargo, para el mercado de renta variable, la lectura inmediata es más sencilla: más actividad significa más beneficios futuros, y eso justifica, de momento, pagar múltiplos relativamente exigentes, sobre todo en los grandes valores líderes de sectores cíclicos.

La vivienda, el siguiente test para el optimismo

Si la industria respira, el foco se desplaza ahora a la vivienda. El Índice de la Asociación Nacional de Constructores (NAHB), que se publica este viernes, se ha convertido en uno de los indicadores más vigilados, después de un 2023 marcado por tipos hipotecarios por encima del 7% y caída de transacciones de doble dígito en algunas áreas metropolitanas. El consenso del mercado espera una ligera mejora del sentimiento constructor, desde niveles históricamente bajos, apoyada en la reciente relajación de los rendimientos de la deuda a largo plazo.

Lo relevante no será solo el nivel del índice, sino el tono de los comentarios de las grandes constructoras sobre demanda, cancelaciones y márgenes. Si el sector inmobiliario confirma que ha tocado suelo, la narrativa de “aterrizaje suave” para la economía estadounidense ganará fuerza y con ella el apetito por activos de riesgo. Lo contrario, una nueva caída del indicador, reabriría el debate sobre cuán dañino ha sido el endurecimiento monetario para el núcleo de la economía doméstica estadounidense. Por eso, el dato de la NAHB puede terminar pesando más en la parte final de la sesión que las polémicas declaraciones políticas.

Tecnología y chips vuelven a tirar del carro

En el arranque de la sesión, el liderazgo ha vuelto a estar en manos del sector tecnológico. Micron Technology se disparaba en torno a un 6,5%, impulsando al Nasdaq 100, mientras que Nvidia avanzaba algo más del 1,2%, confirmando que el relato de la inteligencia artificial sigue siendo uno de los grandes motores de la Bolsa norteamericana. Estos movimientos se producen en un contexto de recuperación del ciclo de semiconductores tras el ajuste de inventarios de los últimos trimestres.

Para los inversores, la subida de los chips es una señal doble. Por un lado, sugiere una normalización de la demanda global de electrónica de consumo y equipamiento empresarial. Por otro, mantiene viva la percepción de que las compañías vinculadas a la IA y la computación de alto rendimiento seguirán registrando crecimientos de ingresos de doble dígito, incluso en un escenario macro más frío. El contraste con otros sectores más rezagados, como consumo defensivo o utilities, es cada vez más evidente. El riesgo es claro: que una parte significativa de la subida del mercado dependa de un puñado de nombres hiperconcentrados, lo que aumenta la vulnerabilidad ante cualquier corrección en estas compañías.

Trump, Groenlandia y el ruido que el mercado decide ignorar

En paralelo a los datos macro, la sesión ha estado marcada por unas nuevas declaraciones políticas difíciles de ignorar. El enviado especial de Estados Unidos para Groenlandia, Jeff Landry, ha asegurado que un acuerdo sobre la isla “debería y se cerrará” y que Donald Trump está “serio” en su intención. El mensaje reabre un frente diplomático con Dinamarca y con el propio territorio autónomo groenlandés, que ya en el pasado rechazaron contundentemente cualquier operación de este tipo.

El mercado, sin embargo, apenas ha pestañeado. La reacción casi nula de los índices a este anuncio demuestra una vez más la capacidad de los inversores para filtrar lo que consideran ruido político. La hipótesis de que se materialice un acuerdo de adquisición de Groenlandia se percibe como extremadamente remota, mientras que el coste reputacional y diplomático se da por descontado en la figura de Trump. Lo más grave es que, pese a la aparente indiferencia bursátil, el episodio añade una nueva capa de incertidumbre a las relaciones transatlánticas y refuerza la imagen de una política exterior norteamericana errática, que podría tener consecuencias en otros ámbitos más sensibles para el mercado, como la negociación comercial o la cooperación en materia de defensa.

Euro fuerte, dólar más débil: el otro mensaje de la jornada

Mientras las acciones subían, el movimiento en divisas lanzaba otro mensaje relevante. El euro avanzaba alrededor de un 0,1%-0,15% frente al dólar, hasta la zona de 1,1615-1,1625. No se trata de un salto espectacular, pero sí de un goteo que confirma la pérdida de brillo del billete verde de los últimos meses, a medida que el mercado descuenta el final del ciclo de subidas de tipos de la Reserva Federal.

Un dólar algo más débil tiene implicaciones claras para los flujos de capital. Por un lado, alivia a economías emergentes endeudadas en moneda estadounidense y mejora la competitividad de los exportadores norteamericanos. Por otro, reduce parcialmente el atractivo relativo de los activos denominados en dólares frente a otras plazas, incluida la europea. Para las multinacionales estadounidenses, un euro más fuerte puede presionar a la baja sus márgenes en el Viejo Continente, pero también impulsa la traducción de ingresos exteriores cuando se convierten a dólares. El equilibrio es delicado y será la evolución de los diferenciales de tipos entre la Fed y el BCE lo que marque la tendencia en los próximos meses.

Escenarios para la Fed: entre el crecimiento que aguanta y la inflación que no cede

El telón de fondo de todos estos movimientos sigue siendo la política monetaria. Con una producción industrial que crece y unos datos de empleo todavía sólidos, la Reserva Federal se enfrenta a un dilema incómodo: relajar demasiado pronto el coste del dinero y reavivar la inflación, o mantener los tipos altos más tiempo y tensionar innecesariamente el ciclo. Los futuros sobre fondos federales siguen descontando recortes a medio plazo, pero el calendario y la intensidad de esos movimientos se revisan con cada dato macro.

Para el mercado, la clave es si la economía estadounidense puede seguir creciendo a ritmos cercanos al 2% anual mientras la inflación converge gradualmente hacia el objetivo del 2%. Si este escenario de “aterrizaje suave” se mantiene, los episodios de volatilidad ligados a declaraciones políticas o tensiones geopolíticas se verán como oportunidades de compra. Si, por el contrario, los próximos datos de precios muestran un nuevo repunte, las valoraciones actuales de Wall Street —especialmente en tecnología— podrían volverse difíciles de justificar, forzando una corrección más amplia.