El IBEX 35 frena tras siete semanas de subida por el miedo a la Fed y a Irán
La Bolsa española ha decidido levantar el pie del acelerador justo cuando el IBEX 35 parecía haber encontrado una autopista sin peajes hacia los máximos. Tras siete semanas consecutivas al alza y nueve sesiones prácticamente planas, el índice madrileño encadena su primera semana en negativo de 2026, con un retroceso semanal del 0,21% y una apertura este viernes a la baja del 0,18%, hasta los 17.611,7 puntos.
El frenazo llega en un momento delicado: los mercados empiezan a asumir que la Reserva Federal retrasará la primera bajada de tipos hasta junio, las protestas en Irán añaden una capa extra de incertidumbre y el entusiasmo por la inteligencia artificial vuelve a poner a prueba la capacidad de las bolsas para digerir valoraciones muy exigentes. El diagnóstico es claro: el rally del IBEX empieza a depender más de la paciencia de los bancos centrales que de la mejora real de los fundamentales.
Siete semanas de euforia que se frenan en seco
La cifra habla por sí sola: siete semanas consecutivas de subidas y un índice que ha llegado a coquetear con los 17.800 puntos, encadenando máximos desde el arranque del año. En este contexto, el retroceso de esta semana parece menor —un 0,21%—, pero tiene una carga simbólica importante: supone el primer aviso serio de que la inercia alcista puede agotarse si se combinan tipos altos por más tiempo y ruido geopolítico.
En la apertura de este viernes, el IBEX 35 cedía 31 puntos, un 0,18%, hasta los 17.611,7 puntos, tras varias jornadas de movimientos casi imperceptibles que evidencian un mercado en modo “esperar y ver”. Esa falta de direccionalidad encaja con un patrón típico de finales de ciclo: volúmenes contenidos, volatilidad baja y una clara resistencia de los inversores a desmontar posiciones ganadoras… salvo que aparezca un detonante claro.
Lo más relevante, sin embargo, es lo que no se ve en el gráfico diario: el IBEX sigue instalado cerca de sus máximos recientes, con una revalorización anual cercana al 2,2% en apenas dos semanas de 2026, un comportamiento que lo sitúa entre los índices más fuertes de la Eurozona. Pero el mensaje de esta semana es inequívoco: a partir de estos niveles, cada punto adicional de subida exige más confianza… y menos ruido.
La Fed enfría el rally: tipos altos por más tiempo
La primera palanca que ha cambiado de signo está en Washington. Los futuros sobre los fondos federales han desplazado el escenario de la primera bajada de tipos a junio, tras unos datos de empleo en Estados Unidos mejores de lo previsto que refuerzan la idea de una economía aún demasiado caliente como para relajar la política monetaria.
Para las bolsas, y especialmente para índices como el IBEX, muy dependientes del ciclo global y de la banca, el mensaje es claro: el dinero barato tardará más en volver. Eso implica que las valoraciones que el mercado ha aceptado en los últimos meses —con el índice español rompiendo resistencias históricas— empiezan a exigir un nivel de beneficios futuros más exigente. La consecuencia es obvia: cualquier decepción macro o empresarial puede desencadenar correcciones más abruptas.
Lo más delicado es que el frente monetario se mezcla con la política. Las presiones del presidente Donald Trump sobre la Reserva Federal y las dudas sobre la independencia del banco central han añadido un elemento de ruido institucional que los inversores detestan. A corto plazo, el mercado parece haber asumido que no habrá recortes de tipos en el primer trimestre y que el tono seguirá siendo de máxima cautela. Para el IBEX, eso se traduce en un entorno menos propicio para seguir escalando sin descanso.
Irán, petróleo y oro: el riesgo geopolítico se reprecifica
El segundo foco de tensión llega desde Oriente Medio. Las protestas en Irán y la posibilidad, verbalizada días atrás por Trump, de una intervención estadounidense elevan la prima de riesgo geopolítico. Sin embargo, en las últimas horas el presidente ha optado por una postura de “espera”, lo que ha calmado parcialmente los ánimos y ha provocado una corrección del petróleo, el oro y la plata, que venían de marcar récords o máximos de varios años como refugio frente al riesgo.
Ese giro se refleja directamente en el parqué español. Repsol lideraba las caídas del IBEX en la apertura, con un descenso del 1,15%, penalizada por un Brent que ha pasado en pocos días de cotizar con prima de guerra a situarse de nuevo en torno a los 64 dólares por barril, tras un retroceso superior al 3%. Para un índice con un fuerte componente energético, la volatilidad del crudo actúa como acelerador… en ambos sentidos.
El contraste con jornadas previas es elocuente. A mitad de semana, el oro llegó a marcar máximos cercanos a los 4.644 dólares la onza impulsado por la búsqueda de refugio, mientras el IBEX conseguía mantenerse casi plano pese al ruido. Ahora, con una retórica algo más contenida por parte de la Casa Blanca, el mercado reordena sus apuestas: menos miedo extremo, pero también menos justificación para sostener valoraciones impulsadas únicamente por la liquidez y el miedo a quedarse fuera de la subida.
La paradoja de la IA: TSMC anima, pero no despeja las dudas
En paralelo, las bolsas lidian con un tercer vector: el entusiasmo casi estructural por la inteligencia artificial. Los últimos resultados de TSMC, el gigante taiwanés de semiconductores, han vuelto a alimentar el relato de una década dorada para el sector: la compañía anticipa un crecimiento de ingresos cercano al 30% en 2026 y ha anunciado un plan de inversión de entre 52.000 y 56.000 millones de dólares solo este año, con un megaproyecto de 165.000 millones en Arizona a varios años vista.
Paradójicamente, el mercado recibió la noticia con frialdad: la acción llegó a caer en torno al 1% en Wall Street por el temor a que un capex tan agresivo presione los márgenes a medio plazo. El mensaje de fondo es incómodo: la narrativa de la IA sigue viva y alimenta la demanda de activos de riesgo, pero empieza a convivir con un escrutinio mucho más duro sobre beneficios, capacidad de ejecución y retornos reales de esas inversiones.
Para el IBEX, que apenas tiene exposición directa a los grandes nombres tecnológicos, la IA actúa más como viento de cola indirecto —a través del apetito por riesgo global— que como motor propio. Es decir, el índice se beneficia del optimismo, pero no captura plenamente la parte alta de la fiesta. Este hecho revela una vulnerabilidad estructural: si el ciclo de la IA pincha, el impacto negativo llegará, pero la parte positiva ya ha sido parcialmente descontada sin un equivalente en términos de beneficios empresariales locales.
La banca afloja tras liderar el rally del IBEX
El comportamiento del sector bancario ayuda a entender el giro de la semana. En la apertura de este viernes, Santander caía un 0,61%, BBVA se dejaba un 0,72%, Caixabank retrocedía un 0,61%, Sabadell cedía un 0,34% y Unicaja bajaba un 0,64%, mientras Bankinter lograba escapar de las ventas con un leve avance del 0,07%.
Se trata de ajustes modestos, pero significativos tras meses en los que la banca ha sido el gran motor del IBEX gracias a unos tipos altos que han disparado el margen de intereses. El cambio de guion de la Fed introduce un matiz relevante: si los tipos se mantienen elevados pero el mercado empieza a descontar que el ciclo de subidas ha tocado techo, la capacidad de sorpresa positiva se reduce. La banca pasa así de ser la gran apuesta direccional a un sector donde muchos gestores empiezan a hacer caja.
En este contexto, la frase de los analistas de Bankinter resume bien el ánimo de la sesión: “Hay una sensación de espera sobre Irán y con respecto a las compañías que publicarán la semana próxima (…) Espera cuyo desenlace será más probablemente algo alcista en la tarde americana”, escribían en su canal de Telegram. El matiz es clave: el mercado no se ha girado hacia un escenario abiertamente pesimista, pero sí ha pasado de la euforia al cálculo minucioso.
Los pesos pesados: Inditex e Iberdrola amortiguan el golpe
Mientras la banca corrige, algunos de los grandes nombres no financieros actúan como contrapeso. Inditex subía un 0,61% en la apertura, Iberdrola ganaba un 0,19% y Bankinter se sumaba al lado positivo del tablero. El comportamiento defensivo de estos valores —con modelos de negocio globales y flujos de caja previsibles— contribuye a evitar una corrección más brusca del índice en una semana marcada por la incertidumbre.
En el lado negativo, Telefónica retrocedía un 0,44%, Cellnex caía un 0,46% y Repsol era el valor más castigado, con ese -1,15% directamente vinculado a la corrección del crudo. La foto sectorial muestra un patrón claro: sufren las historias más sensibles al ciclo y a la energía, resisten los perfiles más defensivos y globales.
Este reequilibrio interno del IBEX encaja con lo que se observa en el resto de Europa. El índice paneuropeo FTSE Eurofirst 300 retrocedía un 0,14%, mientras otros selectivos como el DAX o el CAC acumulan también jornadas de movimientos contenidos, en un entorno en el que los inversores prefieren ajustar pesos dentro de la renta variable antes que desmontar completamente la apuesta por las bolsas.
