El petróleo sube un 1% y el riesgo geopolítico vuelve al mercado
El precio del crudo vuelve a mirar a Oriente Medio. Los futuros de West Texas Intermediate (WTI) repuntan un 1,10% hasta los 59,84 dólares por barril, mientras el Brent suma un 1,04% y roza los 64,42 dólares, impulsados por el temor a nuevas disrupciones de oferta. Las últimas declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, que parecían rebajar el riesgo de un ataque directo a Teherán, han dado solo un respiro parcial: al mismo tiempo, se filtra que Washington refuerza activos militares en la región. Sobre el terreno, la tensión interna en Irán no afloja, con las autoridades admitiendo alrededor de 3.000 detenidos en apenas unos días. Lo que para el ciudadano medio es un titular lejano, para los mercados de energía es un recordatorio: cuando Oriente Medio se agita, la prima de riesgo del barril se recalcula al minuto.
Un 1% que vale miles de millones
Sobre el papel, un avance del 1% puede parecer marginal. Sin embargo, en un mercado que mueve más de 100 millones de barriles diarios, un movimiento de esa magnitud implica miles de millones de dólares en valor añadido o destruido en cuestión de horas. Lo relevante no es solo el nivel —un WTI en la zona de los 60 dólares y un Brent en torno a 64-65 dólares— sino el motivo del repunte: el mercado está reintroduciendo una prima de riesgo geopolítico que había empezado a desvanecerse.
Tras varios meses en los que el foco estaba en la demanda —crecimiento global, consumo en China, transición energética—, el eje se desplaza de nuevo a la oferta. Cada titular sobre movimientos de tropas estadounidenses, maniobras navales o nuevas protestas internas en Irán se traduce en revaluaciones de posiciones en tiempo real. “No estamos ante un rally desbocado, sino ante un recordatorio de que el equilibrio del mercado sigue siendo frágil”, resumen traders de crudo. La consecuencia es clara: los precios se alejan del suelo psicológico de los 55-57 dólares y vuelven a una zona donde cualquier sobresalto puede desencadenar subidas adicionales del 3%-5% en muy poco tiempo.
Washington rebaja el tono… pero refuerza el músculo
Las declaraciones de Trump han generado un efecto ambiguo. Por un lado, el presidente ha lanzado mensajes que aparentan reducir la probabilidad de un ataque directo a Irán, enfriando el escenario de choque frontal que el mercado más teme. Por otro, filtraciones sobre el terreno apuntan a que Estados Unidos ha reforzado sus activos militares en la región, desde bases aéreas hasta despliegues navales de apoyo.
Este contraste —retórica de distensión, movimientos de preparación— es justamente lo que alimenta la incertidumbre. Los operadores de crudo saben que los conflictos no empiezan el día del primer misil, sino en la fase previa de presión, sanciones, contramedidas y errores de cálculo. Cada vez que Washington mueve piezas en Oriente Medio, se reabre la cuestión de fondo: ¿hasta qué punto está dispuesto Estados Unidos a usar la fuerza para contener a Teherán y sus aliados regionales?
Lo más grave, desde el punto de vista del mercado, es que un incidente puntual —un dron derribado, un ataque a un buque, un error de identificación— puede actuar como detonante. La consecuencia es que muchos fondos optan por reducir posiciones cortas y reforzar coberturas al alza, alimentando el movimiento de precios incluso sin cambios tangibles en los flujos físicos de crudo.
Irán, entre la presión interna y la externa
Mientras tanto, Irán vive un nuevo ciclo de inestabilidad interna, con las autoridades reconociendo la detención de unos 3.000 “alborotadores” en pocos días. Más allá de la terminología oficial, el dato apunta a protestas de una magnitud relevante, que vuelven a poner de manifiesto el descontento social acumulado tras años de sanciones, inflación elevada y desempleo juvenil estructural.
Para el mercado energético, la dimensión política interna importa por dos vías. La primera, evidente, es el riesgo de interrupciones en la producción o en las exportaciones si las protestas se acercan a infraestructuras estratégicas: oleoductos, terminales portuarias, refinerías. La segunda es más silenciosa: un régimen presionado en casa puede optar por elevar la tensión externa como mecanismo de cohesión interna, endureciendo su postura en el Golfo, en Irak o en el Estrecho de Ormuz.
Este hecho revela por qué cada cifra que sale de Teherán —número de detenidos, despliegue de fuerzas, cortes de internet— es escrutada al detalle por los analistas. La historia reciente muestra que episodios de protesta masiva suelen coincidir con picos de volatilidad del barril, incluso cuando la producción oficial se mantiene estable.
WTI y Brent: niveles clave y sensibilidad al riesgo
En términos técnicos, el movimiento de este viernes sitúa al WTI en 59,84 dólares y al Brent en 64,42 dólares, niveles que muchos analistas consideran zonas de equilibrio inestable. Por debajo de los 60 dólares, buena parte de la oferta de shale estadounidense empieza a ver mermados sus márgenes, mientras que varios productores de la OPEP necesitan precios por encima de los 70 dólares para cuadrar sus presupuestos públicos. Por encima de los 65, en cambio, se reactivan las presiones políticas sobre el coste de la gasolina en países importadores.
El diferencial Brent-WTI —en torno a 4,5 dólares en estos niveles— sigue reflejando un plus de riesgo geopolítico y de transporte asociado al crudo de referencia internacional, expuesto al Estrecho de Ormuz y a las rutas marítimas globales. “Cada dólar adicional de prima geopolítica en el Brent actúa como un impuesto implícito sobre importadores netos como Europa o Asia”, recuerdan casas de análisis.
La consecuencia inmediata es una mayor sensibilidad de los índices bursátiles energéticos: mientras las grandes petroleras integradas pueden beneficiarse de un crudo algo más caro, sectores como aerolíneas, navieras o químicas miran con preocupación cómo cada subida del barril repercute en sus costes.
