Las palabras del presidente devuelven el Brent y el WTI a la franja de los 60 dólares

El petróleo cae más de un 3% tras el giro de Trump

Con el miedo a una interrupción del suministro rebajándose, los futuros de West Texas Intermediate (WTI) y Brent vuelven al entorno de los 60 y 64 dólares por barril, respectivamente, y la prima de riesgo geopolítico se desinfla de golpe.

EPA-EFE/LARRY W. SMITH
EPA-EFE/LARRY W. SMITH

Del miedo a la escalada al alivio en cuestión de horas

Hasta el miércoles por la tarde, la narrativa dominante era la opuesta. Las imágenes de protestas masivas en Irán, las amenazas cruzadas y la posibilidad de que Washington ordenase un ataque selectivo habían alimentado un fuerte repunte del crudo en apenas cuatro sesiones, con subidas acumuladas superiores al 9% en el Brent.

En ese contexto, el mercado había empezado a descontar escenarios de disrupción parcial del suministro iraní y, sobre todo, del tránsito de buques por el Estrecho de Ormuz, el cuello de botella por el que pasa una parte crucial del comercio mundial de petróleo. La consecuencia inmediata fue un ensanchamiento de la prima de riesgo geopolítico, que se sumaba a semanas de tensión por otras fuentes de conflicto en Oriente Medio.

Todo cambió cuando Trump, en un acto público, aseguró que había recibido garantías de que «las muertes en Irán están cesando» y que no veía inminente una campaña de ejecuciones. El giro de tono fue suficiente para que los traders empezasen a deshacer posiciones defensivas. En cuestión de horas, lo que el mercado temía como una nueva escalada se convertía en un relato de aparente desescalada, con el precio del barril girando bruscamente a la baja.

El mensaje de Trump que desinfla la prima de riesgo

El movimiento del jueves tiene un detonante muy concreto: la percepción de que Estados Unidos aparca, al menos de momento, la opción militar abierta sobre la mesa. Trump, que días antes había cancelado todas las reuniones con representantes iraníes y animado públicamente a las protestas, se presenta ahora como receptor de un “buen” mensaje desde Teherán, según su propia versión.

«Nos han informado de forma muy clara de que los asesinatos se están deteniendo y que no hay planes de ejecuciones masivas», vino a decir el presidente. Para un mercado hipersensible a cualquier frase de la Casa Blanca sobre Irán, la lectura es inmediata: si la represión disminuye, la presión política para una intervención también, y el riesgo de que el petróleo iraní salga del mercado se reduce.

Lo más llamativo es que esa interpretación se produce pese a que las autoridades iraníes ofrecen una versión mucho menos tranquilizadora de la situación sobre el terreno, y a que organizaciones independientes siguen denunciando muertos y detenciones. El diagnóstico es inequívoco: basta un cambio de tono en Washington para borrar en un día la prima que el mercado había construido durante una semana.

Brent y WTI vuelven al rango de los 60 dólares

En términos de precios, el ajuste ha sido contundente. Los contratos de febrero del WTI llegaron a caer en torno a un 3,3%, hasta rozar los 59,97 dólares por barril, mientras que el Brent para marzo retrocedía alrededor de un 3,3%, hasta los 64,33 dólares. Se trata de caídas similares en magnitud a las subidas de jornadas anteriores, pero concentradas en una sola sesión.

Otros registros de la sesión asiática y europea sitúan el WTI en una franja de 59,75-60,50 dólares y el Brent entre 64 y 65 dólares, siempre con descensos superiores al 2-3%, a medida que los operadores ajustaban posiciones largas construidas sobre el temor a una escalada militar.

A medio plazo, varios bancos de inversión siguen proyectando un rango de cotización para el WTI en torno a 55-65 dólares y para el Brent algo por encima, apoyándose en unos fundamentales que ya apuntaban a equilibrio entre oferta y demanda antes del último episodio iraní. El contraste con el movimiento de las últimas jornadas es evidente: una parte relevante del rally reciente era pura prima geopolítica, no una revalorización sustentada en datos de consumo o producción.

Protestas en Irán y el papel del Estrecho de Ormuz

Detrás de esta volatilidad se encuentra un país, Irán, cuya importancia en el mercado energético va mucho más allá de su peso directo en las exportaciones. Teherán coloca en el exterior alrededor de dos millones de barriles diarios, buena parte dirigidos a China, pero además controla el Estrecho de Ormuz, un paso obligado para una fracción crucial del comercio mundial de crudo.

Las protestas masivas que sacuden al régimen desde hace semanas han reavivado los recuerdos de otras crisis en la región que acabaron con cortes temporales en el suministro o con ataques a infraestructuras clave. Pese a ello, los analistas insisten en que, incluso en los escenarios más tensos, Irán tiene un fuerte incentivo económico y político para mantener fluyendo el petróleo, ya sea directamente o a través de terceros.

La gran incógnita es si las señales verbales de desescalada que llegan de Washington e, incluso, de algunos responsables iraníes se traducirán en una reducción real de la violencia en las calles. Por ahora, los comunicados oficiales y los testimonios de las organizaciones de derechos humanos dibujan un cuadro contradictorio: mientras Trump habla de “detención de las matanzas”, Teherán niega ejecuciones masivas, pero mantiene cargos severos contra manifestantes.

El otro factor silencioso: inventarios y más oferta

Más allá del ruido geopolítico, el movimiento de este jueves tiene otro componente que pesa en las pantallas de los traders: los datos de oferta. Los últimos informes apuntan a un aumento de los inventarios de crudo en Estados Unidos de unos 3,4 millones de barriles, frente a las previsiones de descenso, lo que sugiere que la demanda no está absorbiendo toda la producción al ritmo esperado.

A ello se suma la posibilidad de que Venezuela reanude parcialmente sus exportaciones tras un cierto relajamiento de las sanciones, así como una producción todavía elevada por parte de algunos países de la OPEP+ que aprovechan los precios relativamente altos para maximizar ingresos. La consecuencia es clara: el mercado se ve obligado a reajustar un equilibrio que, durante semanas, había valorado más el riesgo de escasez que los indicios de abundancia.

«El crudo sigue atrapado en un delicado equilibrio entre el miedo a la guerra y el miedo al exceso de oferta», resume un análisis de una gran firma de inversión. En otras palabras, la misma noticia que rebaja la prima geopolítica pone el foco en unos fundamentales menos brillantes, lo que amplifica la corrección.

Cómo reaccionan las bolsas y las petroleras

El giro del petróleo no se ha producido en el vacío. Las bolsas asiáticas han registrado caídas moderadas, arrastradas por la corrección de la tecnología en Wall Street, mientras los valores energéticos se movían de forma dispar: algunas grandes petroleras todavía recogían parte de las ganancias recientes, mientras otras empezaban a acusar la bajada del crudo.

En Estados Unidos, las acciones de compañías como Exxon o Chevron habían subido en sesiones previas al calor del rally del petróleo y de unos resultados sólidos, pero el nuevo entorno de precios obliga a reconsiderar expectativas de márgenes y de retorno al accionista. En Europa, el impacto se mezcla con otros factores: los planes de transición energética, las presiones regulatorias y la sensibilidad de cada modelo de negocio a un crudo más barato.

Para los índices bursátiles, el efecto es doble. Por un lado, un petróleo más bajo alivia la presión sobre la inflación y, por extensión, sobre los tipos de interés, algo que suele apoyar la renta variable en su conjunto. Por otro, las correcciones bruscas en un sector tan pesado como el energético pueden lastrar a corto plazo a aquellos mercados con mayor exposición a las petroleras. La sesión de hoy se convierte así en un test de estrés para medir hasta qué punto el ciclo bursátil sigue atado a la evolución del crudo.

Qué puede pasar ahora con el precio del crudo

Con el Brent y el WTI de vuelta al rango de los 60 dólares, la pregunta es si el movimiento de hoy marca el inicio de una corrección más profunda o solo un ajuste técnico tras un rally excesivo. Los escenarios que manejan los analistas pasan, en esencia, por tres grandes vías.

En el escenario más benigno, las protestas en Irán se estabilizan sin un aumento masivo de la represión, Washington mantiene el tono prudente y la OPEP+ ajusta la producción lo justo para evitar un exceso de oferta. En ese contexto, el crudo podría moverse en una horquilla de 60-70 dólares durante los próximos meses, con episodios puntuales de volatilidad pero sin grandes rupturas de tendencia.

El escenario de riesgo pasa por un retorno de la tensión: un incidente en el Estrecho, un aumento documentado de las ejecuciones o un error de cálculo diplomático podrían devolver al mercado a la lógica de las primas geopolíticas agresivas, con repuntes superiores al 10% en pocas sesiones. Por último, un deterioro más acusado de la economía global —con especial atención a China— sumado a inventarios al alza abriría la puerta a un petróleo más cerca de los 50-55 dólares, incluso sin crisis política aguda.

Lo que el episodio de hoy deja claro es que la palabra de Trump sigue siendo un factor de riesgo (y de alivio) en el mercado del petróleo. Una frase puede valer varios dólares por barril, pero no altera la realidad de fondo: un mercado que camina sobre el filo entre la escasez percibida y el fantasma del exceso de oferta.

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