Los futuros del índice industrial avanzan mientras Wall Street espera la publicación de grandes cuentas farmacéuticas y tecnológicas

El Dow Jones sube antes de los resultados de Pfizer y AMD

Dow Jones - Nasdaq

Los futuros del Dow Jones arrancan la sesión en positivo, con avances en torno al 0,13%, en un día marcado por una nueva batería de resultados empresariales de primer nivel y por un dato de empleo que puede condicionar la hoja de ruta de la Reserva Federal. El movimiento llega acompañado por subidas más acusadas en el Nasdaq 100, que ronda el 0,4%, y en el S&P 500, que suma alrededor de un 0,2%, en una sesión que combina optimismo y cautela. Sobre la mesa, las cuentas de Pfizer, Merck y Amgen, con un peso relevante en el índice industrial, y los resultados de PayPal y AMD, que se conocerán al cierre de mercado. A ello se suma la publicación del informe JOLTS de vacantes de empleo de diciembre, una referencia clave para calibrar si las tensiones en el mercado laboral siguen siendo compatibles con recortes de tipos en 2026.

Futuros en verde a la espera de cifras clave

Los futuros de Wall Street anticipan una apertura moderadamente alcista, pero lejos de la euforia. El S&P 500 suma alrededor de un 0,2%, el Nasdaq 100 ronda el 0,4% y el Dow Jones avanza en torno al 0,1%, tras una jornada previa en la que los tres índices cerraron ya muy cerca de sus máximos. La subida se apoya en dos pilares: por un lado, un arranque de temporada de resultados mejor de lo temido; por otro, la sensación de que el daño de los últimos episodios de volatilidad en materias primas y criptomonedas ha sido, por ahora, contenido.

Sin embargo, el margen para errores es mínimo. El S&P 500 viene de encadenar un nuevo hito al superar intradía los 7.000 puntos a finales de enero y se encuentra a menos de un 1% de su récord de cierre. A la vez, la subida de enero ha sido relativamente moderada —del orden del 1,3%-1,4%— tras un 2025 muy fuerte, con revalorizaciones de en torno al 16%-17% en el índice. El mensaje es claro: el mercado está caro, apoyado en expectativas de beneficios muy exigentes y en una narrativa de tipos de interés contenidos que puede cambiar súbitamente si los datos laborales sorprenden al alza.

Futuros E-mini Dow Jones ($5)

Un mercado en máximos y muy sensible a cualquier decepción

El S&P 500 cerró enero apenas un 0,5% por debajo de su máximo histórico de 6.978,60 puntos, alcanzado el 27 de enero, después de haber llegado a superar los 7.002 puntos intradía el día 28. Ese comportamiento ilustra un patrón incómodo para muchos gestores: cada vez que el índice rompe un nivel simbólico, aumenta el flujo de toma de beneficios de los propios insiders corporativos, lo que refleja dudas sobre la sostenibilidad de las valoraciones.

En paralelo, la renta variable estadounidense sigue muy concentrada en un puñado de grandes tecnológicas y valores ligados a la inteligencia artificial, que lideraron otra vez las ganancias en enero. Este hecho revela un mercado dual: un núcleo de compañías de muy alta capitalización con múltiplos exigentes y una periferia de valores que aún no han recuperado los niveles de 2021-2022. La consecuencia es clara: cualquier tropiezo en los resultados de los grandes nombres —desde semiconductores hasta pagos digitales o software— puede desencadenar correcciones rápidas, amplificadas por la elevada presencia de productos pasivos y estrategias cuantitativas.

La gran cita con la ‘big pharma’

La sesión de hoy está marcada por los resultados de tres pesos pesados de la ‘big pharma’: Pfizer, Merck & Co. y Amgen. Entre las tres suman más de 500.000 millones de dólares de capitalización y ejercen una influencia determinante en los índices, especialmente en el Dow Jones y el S&P 500. Más allá del beneficio por acción, el mercado mirará tres elementos: la normalización del negocio tras el desplome de los ingresos ligados al Covid, la capacidad de las nuevas líneas —oncología, inmunología, terapias avanzadas— para compensar patentes que expiran, y el tono del mensaje sobre márgenes en un entorno de mayor presión regulatoria en precios.

Lo más grave para el sector sería una combinación de crecimiento flojo y guías prudentes, lo que alimentaría la tesis de que parte de la gran farma se ha convertido en un bono con dividendo más que en un motor de crecimiento. En el extremo contrario, unas cifras sólidas, con revisiones al alza de previsiones para 2026 y una narrativa de pipeline robusto, reforzarían la idea de que la sanidad puede seguir actuando como refugio defensivo en un mercado caro y muy dependiente de la tecnología.

Tecnológicas bajo presión: PayPal y AMD se juegan la confianza

En el frente tecnológico, la atención se centra en PayPal y AMD, que publican resultados al cierre de la sesión. La primera llega a la cita tras varios trimestres de crecimiento débil en su negocio de pagos online y con dudas sobre su capacidad para defender cuota frente a gigantes como Apple o nuevos jugadores fintech. Cualquier señal de desaceleración adicional en el volumen de pagos o presión en márgenes podría castigarse con caídas de doble dígito, como ya ha sucedido en otras ocasiones.

AMD, por su parte, se ha convertido en uno de los símbolos de la apuesta por la inteligencia artificial en semiconductores. El mercado descuenta crecimientos muy elevados en chips de centros de datos, y el menor desliz en pedidos o márgenes se interpreta como un síntoma de agotamiento en el ciclo de inversión. Lo relevante no será solo el trimestre, sino el tono de las guías para 2026 y 2027: si la compañía rebaja el entusiasmo, podría desencadenar una corrección en cadena en todo el segmento de chips ligados a IA.

El JOLTS que vigila la Fed

El otro dato clave del día es el informe JOLTS de vacantes de empleo correspondiente a diciembre. El consenso espera alrededor de 7,25 millones de puestos sin cubrir, unos 100.000 más que el mes anterior, cifras todavía muy por encima del nivel previo a la pandemia. Aunque el mercado laboral ha empezado a enfriarse en algunos sectores, el nivel de vacantes continúa siendo uno de los argumentos centrales de los miembros más duros de la Reserva Federal para defender una política de tipos altos durante más tiempo.

Lo paradójico es que, por la reciente paralización parcial del Gobierno federal, la publicación tanto del JOLTS como del primer informe oficial de empleo del año ha sufrido retrasos, aumentando la incertidumbre sobre el verdadero pulso del mercado laboral. Si las vacantes se mantienen muy elevadas, el mensaje será que las presiones salariales siguen latentes y que la Fed tendrá menos margen para recortar tipos. Si, por el contrario, se aprecia una caída brusca hacia niveles más próximos a los 6 millones, el discurso girará hacia los riesgos de enfriamiento económico y de recesión suave. En ambos escenarios, la reacción de los bonos y del dólar marcará el tono del resto de la semana.

Europa se suma al optimismo, pero con matices

Mientras Wall Street mira a sus resultados, Europa ha iniciado la jornada en territorio claramente positivo. El índice paneuropeo STOXX 600 ha marcado un máximo histórico en torno a los 619,9 puntos, con una subida cercana al 0,4%, apoyado en el rebote de los recursos básicos y en unos datos de manufacturas mejor de lo previsto. La estabilización de la reciente sacudida en oro, plata y otras materias primas ha contribuido a devolver la confianza a los sectores más cíclicos.

Sin embargo, el contraste con Estados Unidos sigue siendo llamativo. Europa se apoya más en bancos, energía y materiales, mientras que la exposición a la tecnología pura es mucho menor. Este hecho revela una divergencia estructural: la región se beneficia de la reapertura de comercio y de políticas fiscales expansivas en defensa y transición energética, pero carece de grandes campeones globales en semiconductores o software. La consecuencia es un comportamiento relativo más defensivo: cuando el mundo apuesta por crecimiento e IA, Wall Street lidera; cuando se impone el miedo a la recesión, Europa resiste algo mejor.

Riesgos latentes: concentración, tipos altos y volatilidad en materias primas

Por debajo del buen tono de los índices, persisten tres riesgos que el mercado sigue infravalorando. El primero es la concentración extrema de la rentabilidad en un número reducido de valores: los grandes nombres de IA, algunas tecnológicas de mega capitalización y empresas ligadas a defensiva sanitaria. El segundo es el nivel de los tipos de interés a largo plazo: el rendimiento del bono estadounidense a diez años se mantiene en torno al 4,3%, lejos de los niveles que justificaban las valoraciones de 2020-2021.

El tercero es la volatilidad en materias primas y activos alternativos. En apenas unas sesiones, la plata ha llegado a desplomarse más de un 30%, el oro ha alternado caídas cercanas al 2% con rebotes violentos y el Bitcoin continúa acumulando pérdidas de doble dígito en el año pese a ligeros repuntes recientes. Este entorno hace que cualquier sobresalto —desde un dato macro peor de lo previsto hasta un titular geopolítico inesperado— pueda provocar ventas forzadas en fondos apalancados y estrategias cuantitativas.