Wall Street reabre con resaca tech: tres señales que asustan al Dow Jones
Los futuros apuntan a un arranque a la baja mientras el mercado digiere la peor semana del año para la bolsa estadounidense y una corrección cada vez más profunda en las grandes tecnológicas. La reapertura de este martes tras Presidents’ Day llega con el Dow en máximos históricos, pero con las mega-cap de crecimiento bajo sospecha y el foco puesto en si la rotación hacia sectores defensivos puede sostener al mercado. La resaca del sell-off tecnológico de los últimos días se cruza con un tono algo más benigno en los bonos y expectativas de tipos más estables.
Futuros en rojo tras el puente de Presidents’ Day
La reapertura llega con una señal inequívoca: los futuros estadounidenses apuntan a una apertura en corrección. Los contratos sobre el S&P 500 ceden en torno a un 0,4% y los del Nasdaq 100 caen cerca de un 0,7%, reflejando un renovado apetito por reducir riesgo en tecnología incluso antes de que suenen las campanas en Wall Street. Los futuros del Dow, algo más resistentes, se mueven plano/ligeramente a la baja tras haber tocado máximos históricos por encima de los 50.000 puntos la semana pasada.
Este arranque contrasta con los últimos meses, dominados por compras sistemáticas en índices y estrategias pasivas que apenas distinguían entre sectores. El “riesgo asimétrico” se ha desplazado: ya no es la macro la que manda tanto como la capacidad real de las big tech para convertir el boom de inversión en inteligencia artificial en beneficios tangibles. La consecuencia inmediata es un mercado de reapertura donde la volatilidad se concentra en el Nasdaq, mientras el Dow intenta ejercer de refugio relativo apoyado en industriales, bancos y consumo defensivo.
La resaca del sell-off tecnológico en las mega-cap
El telón de fondo de esta sesión es una semana previa claramente bajista. Según datos recogidos por varias casas de análisis, la bolsa estadounidense acaba de firmar su peor semana de 2026, lastrada por un castigo concentrado en las grandes tecnológicas, pese a unos datos de inflación y empleo más benignos de lo esperado. El Nasdaq Composite llegó a caer alrededor de un 2% en una sola jornada, mientras el sector de software acumula descensos cercanos al 27% desde octubre, reflejo de un reajuste violento de valoraciones.
El núcleo del problema no es ya la narrativa del crecimiento, sino el coste. Distintos informes apuntan a que la inversión prevista en infraestructura de inteligencia artificial —centros de datos, chips de última generación y redes— podría superar los 660.000 millones de dólares en los próximos 12 meses. La duda que se abre paso es incómoda: ¿está el mercado pagando márgenes de 2030 con los costes de 2026?
Títulos como Nvidia o Microsoft, convertidos en símbolo del trade AI, han pasado en semanas de hacer máximos a protagonizar correcciones de doble dígito. Lo más significativo es que los retrocesos llegan sin un desplome macro detrás: es un ajuste puramente de expectativas que deja a muchos gestores con la urgencia de revisar sus exposiciones más concentradas.
Dow récord y giro hacia el “viejo” mercado
Frente a la sangría en growth, el Dow Jones Industrial Average ha jugado a contrapié de la narrativa dominante. Pese al bache de los últimos días, el índice ha llegado a marcar máximos históricos por encima de los 50.000 puntos y gana cerca de un 3% en el año, apoyado en bancos, industriales y consumo estable.
Este comportamiento no es anecdótico. Las crónicas de la semana previa al puente describen una “historia de dos mercados”: un Dow sostenido por resultados sólidos en manufacturas, energía y finanzas, y un Nasdaq sometido a una auténtica prueba de estrés sobre las valoraciones de las big tech. El contraste es demoledor para quienes habían identificado “bolsa americana” con “tecnología” de forma casi automática.
El diagnóstico es inequívoco: los flujos se están moviendo de crecimiento a valor. Bancos con balances saneados, aseguradoras, industriales ligados a inversión pública en infraestructuras y compañías de energía con disciplina de capital están recibiendo entradas netas, mientras se reducen posiciones en nombres de múltiplos muy exigentes. El mercado ya no paga cualquier cosa por la promesa de AI; empieza a recompensar el cash flow hoy frente a los beneficios hipotéticos del futuro.
Industriales y energía vs growth: la gran rotación en marcha
Dentro de la renta variable estadounidense, varias firmas de análisis ya hablan abiertamente de una “gran rotación”. Informes recientes muestran cómo, en lo que va de año, los valores de estilo “value” y los small caps superan a las grandes tecnológicas, algo que no ocurría con esta intensidad desde 2022.
Este movimiento no es solo táctico. La combinación de tipos algo más altos que en la década pasada, costes de capital crecientes y un ciclo inversor muy intensivo en tecnología está empujando a muchos gestores a diversificar hacia sectores con balances menos tensionados por el capex. Compañías industriales que se benefician del re-shoring, del gasto público en transición energética o de la modernización de infraestructuras están captando interés. Lo mismo ocurre con firmas de energía que, tras años de disciplina, exhiben ratios de endeudamiento muy por debajo de los niveles pre-2014 y retornos al accionista vía dividendos y recompras que superan el 5%-6% anual en muchos casos.
La consecuencia es clara: la sesión de hoy será un test de fuego para comprobar si esa rotación se consolida. Si la debilidad del Nasdaq no arrastra a los cíclicos del Dow y el S&P, el mercado estaría validando un cambio de liderazgo más estructural. Si, por el contrario, el contagio vuelve a imponerse, veremos reabrirse el viejo patrón de “venta indiscriminada” que marcó otros episodios de corrección.
Bonos en calma tensa: qué dice la TIR del 10 años
Mientras la renta variable corrige, el mercado de bonos envía un mensaje más matizado. La rentabilidad del Treasury a 10 años se sitúa en torno al 4,03%, apenas un punto básico por debajo de la sesión previa, pero casi 20 puntos básicos menos que hace un mes y cerca de 50 por debajo de hace un año. La lectura es doble: el mercado cree que Federal Reserve ha llevado los tipos a una zona “neutral”, y al mismo tiempo descuenta que el próximo movimiento, cuando llegue, será a la baja.
Lo más relevante es que la caída de las TIRes no responde, de momento, a un miedo a recesión inminente, sino a la idea de una desinflación lenta pero consistente, con la inflación subyacente ya en el entorno del 2,5%-3%. Eso permite algo de alivio en las valoraciones de bolsa, pero también impone disciplina: con un bono a 10 años ofreciendo un 4%, las compañías que no generen retornos claramente superiores empiezan a tener difícil justificar múltiplos de 30 o 40 veces beneficios.
En la sesión de hoy, el tono de la deuda será la tercera señal clave: si las TIRes caen por debajo del 4% acompañando a un nuevo tramo de ventas en bolsa, la lectura será de “huida hacia la seguridad”; si, en cambio, se mantienen estables mientras el Dow aguanta, el mercado podría estar simplemente reajustando el precio de la promesa tecnológica.
Tres señales para la apertura: futuros, rotación y tipos
Para el inversor que se enfrenta a la reapertura de hoy, el mapa se puede resumir en tres indicadores de sesión:
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Dirección de los futuros e intensidad del movimiento. Un Dow cayendo menos que el S&P o el Nasdaq confirmaría la tesis de rotación defensiva. Un giro brusco a positivo, con compras en tecnología, sugeriría que el mercado ve el sell-off como una oportunidad táctica más que como el inicio de un ciclo bajista.
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Comportamiento relativo de sectores. Si financieros, industriales y energía vuelven a hacerlo mejor que semiconductores y software, la “gran rotación” seguirá en marcha. Por el contrario, un rebote violento en las mega-cap combinado con debilidad en bancos y cíclicos podría indicar que los flujos de corto plazo vuelven al “trade de siempre”.
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Tono de los bonos y referencias macro. La TIR del 10 años cerca del 4%, la curva algo menos invertida y la publicación de indicadores como el Empire State Manufacturing o los datos de confianza serán clave para calibrar si el mercado teme un frenazo real de la economía o solo una normalización de beneficios tras el boom post-pandemia.
A todo ello se suman las primeras presentaciones de resultados del día —con nombres industriales y de infraestructuras en el foco—, que aportarán pistas adicionales sobre la fortaleza del ciclo real frente al ruido del Nasdaq.