Impacto empresarial del cierre del Estrecho de Ormuz

El cierre del Estrecho de Ormuz fuerza a las petroleras europeas a rediseñar su suministro mientras Repsol garantiza el abastecimiento

Las energéticas se enfrentan a un escenario no visto desde los años 70.
 Las grandes energéticas europeas —TotalEnergies, Shell, BP, Eni, Equinor y Repsol— reaccionan al cierre del Estrecho de Ormuz con recortes de producción, desvíos de rutas y planes de emergencia mientras el precio del Brent supera los 110 dólares.

El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz desde el 28 de febrero de 2026 —desencadenado tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre Irán— ha puesto en jaque el suministro mundial de energía de una forma sin precedentes desde las crisis del petróleo de los años 70. A través de esa estrecha franja de agua de apenas 34 kilómetros en su punto más angosto transita aproximadamente el 20% del petróleo y el gas que consume el mundo, y su bloqueo está obligando a las grandes energéticas europeas —TotalEnergies, Shell, BP, Eni, Equinor y Repsol— a tomar decisiones de emergencia sobre su producción, sus cadenas de suministro y sus estrategias de negocio.

Qué está pasando en el Estrecho de Ormuz: una crisis sin precedentes modernos

La crisis comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la Operación Epic Fury, una campaña de bombardeos sobre instalaciones militares, nucleares y de liderazgo iraní que resultó en la muerte del líder supremo Alí Jameneí. La respuesta de Irán fue inmediata: misiles y drones contra bases militares estadounidenses en el Golfo, territorio israelí y países vecinos como Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahréin y Arabia Saudí.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) iraní anunció el cierre del estrecho y amenazó con atacar cualquier embarcación que intentara cruzarlo. El resultado fue fulminante: el tráfico de petroleros cayó un 70% en los primeros días, con más de 150 buques anclados a la espera frente a la entrada del Golfo, para acabar desplomándose a prácticamente cero. Las grandes aseguradoras marítimas retiraron la cobertura de riesgo de guerra para los tránsitos por el Estrecho el 5 de marzo, haciendo económicamente inviable el paso incluso en ausencia de ataques físicos.

El impacto en los precios fue inmediato. El Brent repuntó un 13% en las primeras horas del 2 de marzo, superando los 110 dólares por barril en los días siguientes. El precio europeo del gas natural (TTF) pasó de menos de 30 euros por megavatio-hora a principios de 2026 a superar los 60 euros en apenas una semana, casi el doble, acercándose a los niveles de la crisis energética de 2022 provocada por la guerra en Ucrania.

TotalEnergies: la más expuesta de las grandes europeas, con el 24% de su producción en riesgo

La petrolera francesa TotalEnergies es la compañía europea más expuesta al cierre del Estrecho de Ormuz. Según el análisis de Goldman Sachs publicado el 6 de marzo, el 24% de su producción total depende del tránsito por el Estrecho, principalmente a través de sus operaciones en Qatar, Irak y los yacimientos offshore de los Emiratos Árabes Unidos.

La propia compañía comunicó a sus inversores que aproximadamente el 15% de su producción total de petróleo y gas estaba siendo interrumpida o se encontraba en proceso de interrupción en Qatar, Irak y los EAU offshore. La diferencia entre ambas cifras refleja que una parte de la exposición total se ha podido mitigar gracias a la terminal de Fujairah, en la costa del Océano Índico, por la que continúa exportándose la producción terrestre emiratí sin depender del Estrecho.

A pesar del recorte productivo, TotalEnergies confía en que el alza del precio del crudo compensará financieramente la reducción de volúmenes. Goldman Sachs elevó sus estimaciones de beneficio por acción para las grandes europeas en una media del 55% para 2026 y un 9% para 2027, asumiendo un cierre total de un mes en la zona.

Shell y BP: estrategias de supervivencia y reorientación hacia el Atlántico

Las británicas Shell y BP tienen una exposición significativamente menor que TotalEnergies al Estrecho, pero suficiente para alterar sus planes estratégicos. Goldman Sachs cifra la dependencia de Shell en un 7% de su producción, y la de BP en un 12%. Ambas compañías han anunciado que están revisando sus estrategias para 2027 con un enfoque centrado en lo que internamente denominan “supervivencia y seguridad”.

El CEO de Shell, Wael Sawan, declaró en los primeros días de la crisis que el bloqueo ha “reorientado por completo las prioridades de la industria hacia asegurar moléculas físicas”. La compañía ha suspendido todos los tránsitos de sus buques por el Estrecho y ha ordenado a sus embarcaciones en el Golfo dirigirse a aguas más seguras.

Por su parte, la nueva CEO de BP, Meg O'Neill, ha dado un giro radical a la estrategia de la compañía, pivotando hacia la maximización de producción en el Golfo de México y el Mar del Norte, alejándose de sus objetivos renovables a corto plazo para priorizar la seguridad energética. Ambas compañías han suspendido las reservas de seguros de riesgo de guerra para sus buques en la zona, siguiendo la retirada generalizada de las aseguradoras del mercado Lloyd's de Londres.

Eni y Equinor: menor exposición directa, pero beneficiarias de la crisis de precios

La italiana Eni es la energética europea con menor exposición directa al Estrecho de Ormuz entre las grandes, con solo un 6% de su producción dependiente de la ruta, según Goldman Sachs. Su orientación geográfica hacia África —principalmente Angola, Libia, Nigeria, Congo y Mozambique— le otorga una ventaja relativa en el actual contexto de crisis.

La noruega Equinor, por su parte, ocupa una posición estratégicamente privilegiada. Con un 7% de exposición directa al Estrecho, es el mayor suministrador de gas canalizado a Europa y ya protagonizó un papel clave durante la crisis energética de 2022, cuando Rusia cortó el gas a Europa. Entonces sus acciones se duplicaron y los dividendos crecieron durante cuatro años consecutivos. Ahora, con Qatar forzada a interrumpir la producción de GNL, el gas noruego vuelve a convertirse en un activo estratégico crítico para la seguridad energética europea.

Repsol, la excepción española: sin exposición en Oriente Medio y suministro garantizado

En contraste con el resto de las grandes europeas, Repsol presenta la posición más sólida ante la crisis gracias a su ausencia de exposición directa en Oriente Medio. Su consejero delegado, Josu Jon Imaz, lo dejó claro en el Capital Markets Day de la compañía celebrado esta semana ante inversores: la energética española no tiene presencia productiva en la región y es, en términos logísticos, una compañía esencialmente atlántica.

El suministro en España y Portugal está garantizado”, afirmó Imaz, descartando cualquier riesgo de desabastecimiento para los mercados ibéricos. Esta posición diferencial —junto con la mayor capacidad de regasificación de Europa que tiene España— sitúa a Repsol y al sistema energético español en una posición de fortaleza relativa respecto a sus homólogos europeos.​

El problema del GNL europeo: Qatar en silencio y los almacenes vacíos

Más allá de las grandes compañías, la crisis pone de manifiesto la principal vulnerabilidad estructural de Europa en materia energética: su dependencia del gas natural licuado (GNL) catarí. Qatar es el proveedor de entre el 12% y el 14% del GNL que consume Europa, y toda su producción transita por el Estrecho de Ormuz. El 4 de marzo, QatarEnergy declaró fuerza mayor en todos sus contratos de exportación de GNL, eliminando de golpe entre 81 y 110 mil millones de metros cúbicos de suministro anual del mercado.

El problema se agrava por la situación de partida de los almacenes europeos: Europa entró en la crisis con reservas de gas de apenas 46 bcm a finales de febrero de 2026, frente a los 60 bcm en 2025 y los 77 bcm en 2024. Los expertos del Oxford Institute for Energy Studies advierten de que si el Estrecho permanece bloqueado durante varios meses, los precios del GNL podrían superar los 90 euros por MWh, niveles que amenazarían seriamente la competitividad industrial europea.

Las utilities europeas se ven así forzadas a competir en el mercado spot mundial por cargamentos de GNL procedentes de Estados Unidos y África Occidental, a precios muy superiores a los habituales. La Comisión Europea ha convocado de urgencia a expertos técnicos para coordinar la respuesta y evaluar la activación de mecanismos de emergencia como los establecidos tras la crisis de 2022.

La respuesta internacional: la AIE libera 400 millones de barriles de reservas estratégicas

Ante la magnitud de la crisis, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) autorizó el 11 de marzo de 2026 la liberación de emergencia de 400 millones de barriles de las reservas estratégicas de sus 32 países miembros, en lo que constituye la mayor intervención coordinada en la historia de la organización, superando incluso las respuestas a la crisis de Ucrania de 2022. Esta cantidad equivale aproximadamente a 20 días del volumen que normalmente transitaba por el Estrecho antes del conflicto.

Ocho países de la OPEP+ —Arabia Saudí, Rusia, Irak, EAU, Kuwait, Kazajistán, Argelia y Omán— anunciaron también el 1 de marzo un incremento de producción para tratar de estabilizar los mercados, aunque los analistas señalan que esta medida tiene un impacto limitado mientras el Estrecho permanezca cerrado al tráfico comercial, ya que gran parte de esa capacidad adicional tampoco puede llegar a los mercados sin pasar por Ormuz.

Las rutas alternativas existentes —el oleoducto Este-Oeste saudí hacia Yanbu, en el Mar Rojo, y el oleoducto Habshan-Fujairah de los EAU— tienen una capacidad combinada de apenas 7 millones de barriles diarios, una fracción de los 20 millones que normalmente transitaban el Estrecho. Iraq, Kuwait y Qatar no disponen de alternativas logísticas equivalentes.

Perspectivas: cuánto durará la crisis y qué escenarios contemplan las energéticas europeas

Los mercados financieros parecen apostar por una resolución relativamente rápida del conflicto. Goldman Sachs ha actualizado sus previsiones de Brent para 2026 hasta los 76 dólares por barril de media —asumiendo un cierre total de apenas un mes—, pero advierte de que el precio cruzaría la barrera de los 100 dólares si no aparecen señales de resolución en los próximos días. El banco identifica tres posibles caminos hacia la normalización: una desescalada diplomática general, la escolta naval de petroleros por parte de Estados Unidos, o un acuerdo que permita a Irán autorizar el paso de buques según su origen o destino.

Si la crisis se prolonga entre uno y seis meses, el impacto sobre la economía europea sería de gran calado: inflación estructural, presión sobre las industrias intensivas en energía y una nueva ronda de medidas de apoyo a consumidores que ya costó más de 600.000 millones de euros durante la crisis de 2022. Las energéticas europeas, entre tanto, continúan rediseñando sus cadenas de suministro, acelerando acuerdos alternativos con proveedores atlánticos y reposicionando sus flotas hacia rutas seguras.