Repsol se desploma un 6% tras publicar sus datos de producción
Repsol encabeza hoy las pérdidas en el Ibex 35 tras revelar sus datos de producción del 4T de 2025, y presionada por el petróleo, que en la sesión se ha dejado un 4%, a la espera de las tensiones geopolíticas en Venezuela, Groenlandia e Irán.
Repsol afronta una de sus jornadas más complicadas del año. La petrolera pierde alrededor de un 6% en bolsa este jueves después de comunicar una caída del 4% en su producción de 2025, con un desplome especialmente intenso en Latinoamérica y Norteamérica que ni siquiera el crecimiento en Europa y África logra compensar. A este deterioro operativo se suma un entorno de mercado en contra: el barril de petróleo retrocede más de un 4%, en plena incertidumbre por las protestas en Irán y la posibilidad de una intervención de Estados Unidos.
Mientras el mercado castiga el valor y algunos bancos de inversión rebajan su recomendación, el consejero delegado, Josu Jon Imaz, lanza un mensaje radicalmente distinto: asegura que Repsol está lista para triplicar su producción en Venezuela en los próximos tres años tras la caída de Nicolás Maduro y la apertura del mercado. El resultado es un choque frontal entre las dudas de corto plazo y un relato de oportunidad estratégica a medio plazo que los inversores aún no compran del todo.
Un castigo bursátil del 6% tras un año de menos producción
El primer golpe llega por la vía de los datos. Repsol ha informado de una reducción del 4% en su producción total de 2025, un ajuste que el mercado interpreta como una señal de debilidad en el corazón del negocio. El castigo no se hace esperar: la cotización se deja alrededor de un 6% en una sola sesión, lo que implica la destrucción de cientos de millones de euros de valor bursátil en cuestión de horas.
La presión no se limita a la foto anual. En el cuarto trimestre, la compañía también registró una caída interanual de la producción del 1,4%, confirmando que el problema no es puntual ni aislado. La lectura que hacen muchos inversores es que Repsol entra en 2026 con un perfil de crecimiento en hidrocarburos más débil de lo que se anticipaba, justo en un momento en el que la visibilidad sobre los precios del crudo es menor.
Este hecho revela una fragilidad que choca con el discurso de expansión internacional. La ecuación es incómoda: menos producción hoy, promesas de más producción mañana en mercados complejos como Venezuela y un entorno regulatorio y geopolítico inestable que puede cambiar en cuestión de semanas.
Latinoamérica lastra, Norteamérica flojea y Europa resiste
Detrás del dato agregado se esconde un comportamiento muy desigual por regiones. En Latinoamérica, la producción de Repsol cae un 7,6%, convirtiéndose en el principal foco de preocupación para los analistas. Se trata de una zona que históricamente ha sido clave para el grupo y donde la combinación de riesgos políticos, madurez de campos y necesidad de inversión empieza a pasar factura.
En Norteamérica, el retroceso es del 5,2%, una cifra igualmente relevante en un mercado que debería ofrecer estabilidad y escala. La caída en estas dos áreas envía una señal clara: los pilares tradicionales del upstream de Repsol están bajo presión y exigen decisiones rápidas sobre capex, desinversiones selectivas o reposicionamiento de cartera.
El contraste llega desde el resto de regiones, donde la producción aumenta un 5,2%, especialmente en Europa y África. Sin embargo, este avance no basta para compensar el deterioro en el continente americano. La consecuencia es un perfil de grupo más desequilibrado: Europa y África ganan peso, mientras que el negocio al otro lado del Atlántico pierde tracción justo cuando el consejo apuesta por redoblar la exposición a Venezuela.
El petróleo cae y las protestas en Irán añaden presión
El desplome bursátil de Repsol no puede entenderse sin mirar al mercado de materias primas. El barril de crudo se deja más de un 4% en la sesión, golpeando a todo el sector petrolero. Los inversores descuentan un escenario de mayor volatilidad ligado a las protestas en Irán y al riesgo de que el conflicto derive en sanciones, cierres parciales de suministro o, en el extremo, una operación militar en la región.
Por ahora, la Casa Blanca intenta contener el ruido. El presidente Donald Trump ha declarado que “las matanzas habían cesado”, descartando por el momento una intervención militar y limitándose a asegurar que seguirán “monitorizando las protestas”. El mensaje rebaja la tensión inmediata, pero no elimina el riesgo: el mercado sabe que un giro en la calle iraní puede alterar el equilibrio de oferta en cuestión de días.
Para Repsol, este cóctel es especialmente delicado. A la caída de su propia producción se suma un precio del crudo más bajo, lo que estrecha márgenes y reduce la capacidad de generación de caja. El diagnóstico es inequívoco: el corto plazo juega en contra, y el mercado exige pruebas tangibles de que la compañía puede navegar esta fase sin deteriorar su perfil financiero.
Analistas divididos: de infraponderar a comprar con reservas
La reacción de las casas de análisis refleja la incertidumbre. RBC se sitúa en el extremo más pesimista, rebajando su recomendación sobre Repsol hasta “infra ponderar”. El banco ve en la caída de producción y en el entorno de precios una razón suficiente para reducir exposición, y advierte de que la fase actual puede prolongarse si la compañía no acelera su reposicionamiento.
En el lado opuesto aparece Citi, que mantiene una recomendación de “comprar”, aunque con matices importantes. La entidad estadounidense subraya que espera debilidad en el negocio de producción y exploración, pero ve valor en otros segmentos y confía en que la compañía pueda capturar parte del potencial de Venezuela si el contexto se consolida.
En una posición intermedia se coloca UBS, que también se inclina por un enfoque constructivo, pero remarca que las cifras de refino y venta han superado las expectativas. Es decir, el negocio downstream amortigua parte del golpe del upstream. La consecuencia es un consenso fragmentado: unos recomiendan reducir peso, otros ven una oportunidad táctica, pero casi todos coinciden en que el caso de inversión de Repsol se ha vuelto más complejo y dependiente de factores políticos externos.
Venezuela: triplicar producción y 250 millones de barriles en juego
Frente a este panorama, Josu Jon Imaz opta por redoblar el discurso de oportunidad. El consejero delegado se declara “bastante optimista” sobre los próximos años y pone el foco en Venezuela, donde espera triplicar la producción en tres años tras la caída de Nicolás Maduro y la apertura del mercado.
“Estamos listos para invertir más en Venezuela”, afirmó durante su reciente visita a la Casa Blanca, subrayando que la compañía tiene proyectos preparados para desplegar capital de forma acelerada en el país caribeño. Los bancos de inversión comparten en parte ese optimismo y apuntan que, una vez Washington levante las sanciones de forma plena, Repsol dispone de un potencial significativo en la región.
“Estamos listos para invertir más en Venezuela”, consejero delegado, Josu Jon Imaz
Las cifras acompañan el relato: Venezuela representa ya el 15% de las reservas totales de Repsol, con más de 250 millones de barriles de petróleo asociados. Solo en 2024, la compañía logró 200 millones de euros de generación de caja en el país latinoamericano, pese a operar en un entorno todavía lleno de restricciones. El mensaje de Imaz es claro: si la normalización política y regulatoria se consolida, Venezuela puede convertirse en el motor de crecimiento que compense la debilidad actual en otras geografías.
APA, Wall Street y una fusión en duda por el precio del crudo
No todos compran el relato expansivo sin reservas. RBC introduce un elemento adicional de preocupación al advertir de que el contexto actual podría retrasar la fusión de Repsol con la estadounidense APA, especializada en exploración y producción. El plan estratégico contemplaba una integración que abriría la puerta a salir a bolsa en Nueva York (NYSE), reforzando el perfil internacional del grupo y ampliando su base inversora.
Sin embargo, la debilidad del precio del petróleo y la caída de la producción hacen más difícil justificar ante el mercado una operación de este calibre en el corto plazo. El temor es que la compañía se vea obligada a dilatar plazos, renegociar condiciones o incluso replantear el perímetro de la transacción.
Este hecho revela hasta qué punto el timing de mercado condiciona las grandes maniobras corporativas. Una fusión pensada para fortalecer el negocio de upstream puede convertirse en un riesgo añadido si se ejecuta en el peor momento del ciclo. Y los inversores, que hoy castigan con un 6% de caída en bolsa, envían una señal inequívoca: la paciencia no es infinita.
Un nuevo inversor privado como plan B estratégico
Con este telón de fondo, Imaz baraja varios planes alternativos de cara al futuro por si la ventana de Nueva York se cierra temporalmente. Entre las opciones sobre la mesa figura la entrada de un nuevo inversor privado en Repsol, capaz de aportar capital, estabilidad accionarial y, eventualmente, una visión de largo plazo menos expuesta a la volatilidad diaria del mercado.
Un socio de este perfil podría ayudar a financiar el despliegue en Venezuela, acelerar proyectos en Europa y África y sostener el esfuerzo inversor en refino y venta, sin que toda la carga recaiga en la generación de caja orgánica en un momento de precios débiles. La contrapartida es evidente: cualquier operación de este tipo exigirá cesiones de gobierno corporativo y un equilibrio delicado entre los intereses del nuevo accionista y los de los minoritarios.
Repsol entra en una fase en la que deberá acompasar tres frentes a la vez —producción, precio del crudo y reconfiguración accionarial— mientras trata de convencer al mercado de que el “sueño venezolano” puede convertirse en realidad y no en un riesgo adicional. La sesión de hoy demuestra que, por ahora, la bolsa se queda con la parte negativa del mensaje.