La compañía encadena su segundo año de caída en ingresos y ganancias

Tesla ingresa 24.900 millones pero recorta un 61% el beneficio

Tesla

La última presentación de resultados de Tesla confirma el frenazo de la antigua estrella del coche eléctrico. En el cuarto trimestre de 2025, la empresa de Elon Musk facturó 24.900 millones de dólares, un 3% menos que un año antes, y vio cómo su beneficio neto se desplomaba un 61%, hasta 840 millones. Para el conjunto del año, los ingresos bajaron también un 3%, hasta 94.800 millones, y el beneficio se redujo casi a la mitad, hasta 3.800 millones. Pese a ello, el mercado ha optado por ver el vaso medio lleno: la acción llegó a revalorizarse en torno al 2,5% en el ‘after hours’, hasta la zona de los 440 dólares, apoyada en un mensaje claro a los inversores: menos crecimiento en coches, más apuesta por robots, energía y software.

Segundo año de descensos en plena expansión del coche eléctrico

El dato más inquietante no es solo la caída trimestral, sino que 2025 se ha convertido en el primer año en el que Tesla ve retroceder sus ingresos anuales. La facturación de 94.800 millones supone unos 2.900 millones menos que en 2024, cuando el grupo rozó los 97.700 millones.

Lo paradójico es que este frenazo llega en un contexto de mercado todavía expansivo. Las matriculaciones de vehículos eléctricos crecieron en torno a un 20% en 2025 a nivel global, según distintas estimaciones, mientras Tesla recortaba sus propias entregas un 8,5%, hasta unos 1,63 millones de vehículos. El contraste es evidente: el pionero del sector pierde peso relativo justo cuando el producto que puso de moda se generaliza.

El diagnóstico es inequívoco: presión competitiva, pérdida de cuota y dificultades para sostener los volúmenes con una gama envejecida y sucesivas bajadas de precios.

Tesla, Inc.

Una caída de ingresos con margen al alza

La foto, sin embargo, no es completamente negra. A pesar del retroceso en ventas, Tesla ha logrado mejorar su margen bruto hasta alrededor del 20% en el cuarto trimestre, frente a tasas en el entorno del 16% un año antes, gracias a recortes de costes, eficiencia industrial y un mayor peso de los negocios de energía y servicios, con márgenes relativamente más altos.

Ese matiz explica parte de la reacción positiva de la Bolsa: el mercado temía una erosión mucho más profunda de la rentabilidad después de meses de descuentos y ofertas para intentar proteger la demanda. Aun así, el golpe en la cuenta de resultados es severo. El beneficio por acción (EPS) GAAP cayó un 60% en el trimestre, hasta 0,24 dólares, frente a unos 0,60 estimados por el retrocálculo de las cifras del año anterior. Para el conjunto de 2025, el EPS se situó en 1,08 dólares, un 47% menos, lo que implica que Tesla gana hoy aproximadamente la mitad por acción que hace apenas dos ejercicios.

Lo más relevante para los analistas es que el crecimiento fácil se ha agotado: mantener márgenes del 20% en un mercado cada vez más competitivo exigirá disciplina de costes, pero sin volumen es difícil sostener valoraciones que descuentan un futuro casi monopólico en software y conducción autónoma.

Automóvil en retroceso, energía al rescate

Detrás del modesto –3% de caída de ingresos se esconden dinámicas muy distintas por negocio. La división de automoción, todavía mayoritaria, habría reducido su facturación en torno a un 10-11% en el año, penalizada por una combinación de caída de entregas –las del cuarto trimestre se hundieron un 16%, hasta unos 418.000 vehículos– y menores precios medios por unidad.

En paralelo, la unidad de energía y almacenamiento se ha convertido en el verdadero motor de crecimiento: los ingresos ligados a baterías estacionarias y soluciones de generación aumentaron alrededor de un 25-27%, mientras que las implantaciones de almacenamiento de energía alcanzaron 46,7 GWh en 2025, un 49% más que el año anterior, marcando un máximo histórico.

También la división de servicios –reparaciones, seguro y red de Supercargadores– creció a doble dígito, cerca del 18-19%, consolidándose como una fuente recurrente de caja. El mensaje implícito es claro: Tesla quiere ser cada vez menos una automovilística y cada vez más una compañía de infraestructura energética y servicios asociados a la movilidad.

La pérdida del trono y la presión de China

El giro estratégico llega además en un momento simbólicamente delicado. Tesla ha perdido ya la corona de mayor vendedor mundial de vehículos eléctricos frente a BYD, el gigante chino respaldado, directa o indirectamente, por una potente cadena de suministro local y un agresivo apoyo político y financiero.

Mientras la empresa de Musk entregaba unos 1,6 millones de coches, BYD superaba los 2,2 millones, con una gama mucho más amplia en los segmentos de entrada y una estructura de costes difícilmente replicable en Occidente. La consecuencia es clara: para defender cuota, Tesla se ha visto obligada a bajar precios, sacrificando margen y quemando parte del aura de exclusividad que había construido en la última década.

El contraste con el pasado es demoledor. La compañía que prometía vender 5 millones de vehículos anuales a estas alturas encadena ahora dos años seguidos de descensos en entregas, algo impensable cuando la narrativa dominante era la del “hyper-growth” indefinido.

La gran apuesta: robots, IA y seis nuevas líneas en 2026

Ante ese escenario, el propio Tesla ha decidido reescribir su relato. En la carta a los accionistas, la dirección subraya que en 2026 planea invertir con fuerza en la infraestructura necesaria para apoyar la energía limpia, el transporte y los robots autónomos, incluyendo la puesta en marcha de seis nuevas líneas de producción en vehículos, robots, almacenamiento de energía y fabricación de baterías, aprovechando su red ya existente de fábricas, cargadores y centros de servicio.

En palabras de la propia compañía, la prioridad es convertir a Tesla en una plataforma de “inteligencia artificial física” capaz de escalar robots humanoides, flotas de robotaxis y soluciones de energía distribuidas. El proyecto Optimus, el robot humanoide, tiene ya un calendario orientativo: la empresa ha deslizado que espera iniciar su producción en serie hacia finales de 2026, con una tercera generación preparada para fabricación masiva.

La pregunta que sobrevuelve los resultados es si el mercado está dispuesto a seguir financiando esa transición –con valoraciones que descuentan éxito casi total– mientras la pata tradicional del negocio, el automóvil, se estanca.

xAI, la pieza que conecta los negocios de Musk

Uno de los anuncios más llamativos del informe es la decisión de invertir unos 2.000 millones de dólares en xAI, la ‘startup’ de inteligencia artificial impulsada por el propio Musk. Tesla ha acordado comprar acciones preferentes de la ronda en curso, en un movimiento que refuerza la interdependencia entre las distintas empresas del empresario.

El mensaje oficial es que esta alianza permitirá acelerar el desarrollo de productos y servicios habilitados por IA dentro de Tesla, desde la conducción autónoma hasta la gestión inteligente de energía en el hogar. Para los inversores, la operación tiene una lectura doble. Por un lado, supone un acceso preferente a tecnología de IA puntera sin tener que construirla desde cero. Por otro, aumenta los conflictos de interés potenciales entre los diferentes vehículos empresariales de Musk y difumina todavía más la frontera entre valor para el accionista de Tesla y valor para el propio fundador.

Lo que nadie discute es que el “storytelling” ha cambiado: ya no se trata solo de vender coches, sino de convencer al mercado de que Tesla será un actor central en la próxima ola de robots y sistemas autónomos.

Qué teme y qué celebra el mercado

La reacción bursátil, con subidas moderadas tras la publicación de resultados, refleja esa ambivalencia. Por el lado negativo, los inversores ven dos riesgos evidentes: un negocio de automoción que ha dejado de crecer en un mercado que aún se expande, y una dependencia creciente de narrativas de futuro (robotaxis, robots humanoides) que llevan años prometiéndose sin desplegarse a gran escala.

Por el lado positivo, el mercado celebra tres elementos. Primero, que los márgenes han sorprendido al alza, alejando el fantasma de una guerra de precios suicida. Segundo, que el negocio de energía y servicios crece a ritmos del 20-50%, aportando diversificación y estabilidad. Y tercero, que Tesla sigue sentada sobre un colchón de caja de más de 40.000 millones de dólares, lo que le otorga capacidad financiera para seguir invirtiendo sin recurrir, de momento, a ampliaciones de capital dilutivas.

Este hecho revela que, pese al deterioro operativo, Tesla sigue siendo un activo muy difícil de replicar: red global de fábricas, software propio, datos masivos de conducción y una marca aún poderosa entre los consumidores.