Warner se aferra a Netflix, pero abre la puerta a Paramount
La batalla por el futuro de Warner Bros. Discovery entra en su fase más delicada. El grupo ha reiterado que sigue apoyando su acuerdo de fusión con Netflix, valorado en 82.700 millones de dólares, al tiempo que abre una breve ventana para reanudar conversaciones con Paramount Skydance, cuyo asalto hostil asciende a 108.400 millones. La compañía ha convocado una junta extraordinaria de accionistas para el 20 de marzo, en la que se votará el matrimonio con Netflix, pero ha obtenido de esta última un waiver de siete días para dialogar con Paramount y testar una eventual “best and final offer”. En este marco, el consejo ha vuelto a recomendar “de forma unánime” que los accionistas apoyen la transacción con Netflix y rechacen la opa de Paramount, a la que sigue reprochando falta de “valor y certidumbre”. Sin embargo, el movimiento reconoce la presión creciente de parte del mercado y abre formalmente la puerta a una guerra de ofertas que puede redefinir el mapa del entretenimiento mundial.
Una batalla por 82.700 frente a 108.400 millones
La contienda se articula, ante todo, en torno a dos cifras. Netflix ha acordado pagar 82.700 millones de dólares por los estudios y negocios de ‘streaming’ de Warner, en una operación principalmente en efectivo que excluye el negocio de canales lineales agrupado en Discovery Global. Paramount Skydance, por su parte, propone 30 dólares por acción, lo que equivale a 108.400 millones por el conjunto del grupo, incluyendo los activos que quedarían fuera del perímetro de Netflix.
Sobre el papel, la oferta de Paramount supone unos 18.000 millones más en valor total que la de Netflix y un mayor componente de liquidez inmediata. El consorcio liderado por la familia Ellison y varios fondos soberanos del Golfo se compromete, además, a asumir el coste de la cláusula de ruptura —cerca de 2.800 millones— que Warner debería abonar a Netflix si rompe el acuerdo actual.
Sin embargo, el consejo de Warner insiste en que el análisis no se reduce a la mera aritmética. La dirección subraya que el pacto con Netflix ya ha superado varias fases de revisión interna, cuenta con financiación plenamente asegurada y ofrece una ruta relativamente clara de desinversión en activos no estratégicos. La propuesta de Paramount, en cambio, sigue generando dudas sobre su estructura de financiación, el calendario de cierre y la capacidad del comprador para soportar el tamaño de la deuda combinada en un contexto de tipos altos.
Un consejo que blinda el acuerdo con Netflix
El mensaje oficial del consejo es inequívoco: la recomendación vigente es votar a favor de Netflix. En su comunicado, Warner recuerda que, tras meses de negociaciones y varias rondas de ofertas, considera que el acuerdo alcanzado con el gigante del ‘streaming’ representa “la mejor combinación de valor inmediato, participación en el potencial futuro y grado de certidumbre regulatoria”.
“Cada paso del camino hemos señalado a Paramount Skydance las deficiencias de sus propuestas y las oportunidades para corregirlas”, ha señalado David Zaslav, consejero delegado de la compañía. “Nos comprometemos a evaluar si pueden presentar una propuesta vinculante, ejecutable y superior para los accionistas de WBD, pero partiendo de la base de que el listón ya está muy alto”.
La fijación de una fecha concreta —el 20 de marzo— para validar el acuerdo con Netflix refuerza esa sensación de cierre de filas. El consejo manda así una señal doble: por un lado, ofrece al mercado un horizonte temporal claro y, por otro, presiona a Paramount para destapar cuanto antes sus cartas finales. La ventana de siete días para negociar, que se extiende hasta el 23 de febrero, está diseñada para eso: o se presenta una oferta realmente superior, o la compañía avanzará sin mirar atrás.
La ofensiva de Paramount Skydance y la presión activista
La ofensiva de Paramount Skydance no es sólo financiera; también es política en términos de gobierno corporativo. El consorcio ha tratado de apelar directamente a los accionistas minoritarios y a fondos activistas, defendiendo que su oferta ofrece mayor prima por título y menos riesgos antitrust que el proyecto de fusión con Netflix. Algunos inversores, como el fondo Ancora, han dado señales de simpatía hacia esta tesis y presionan para que se explore a fondo la alternativa.
Según ha trascendido, una parte relevante del accionariado considera que el precio de 30 dólares por acción se queda corto y ha deslizado que empezaría a considerar seriamente un giro de guion si Paramount eleva su propuesta hacia la franja de 33 dólares o más. Este umbral, que implicaría una prima cercana al 20 % sobre las últimas cotizaciones previas a los rumores de venta, se ha convertido en una referencia clave en las conversaciones.
Lo más delicado, sin embargo, es la forma. Paramount ha optado por una estrategia de presión pública, con mejoras sucesivas de su oferta, incluyendo un “ticking fee” trimestral de 0,25 dólares por acción a partir de 2027 si el cierre se retrasa, y el compromiso de respaldar intercambios de deuda complejos. Este hecho revela que el consorcio está dispuesto a tensar al máximo su capacidad financiera para desbancar a Netflix, pero también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de la operación a largo plazo.
Reguladores en guardia: el riesgo antitrust que planea sobre Hollywood
En paralelo a la guerra de ofertas, el proceso se desarrolla bajo la sombra del escrutinio regulatorio. El proyecto de adquisición por parte de Netflix ya ha recibido una “second request” del Department of Justice de Estados Unidos, lo que implica una investigación en profundidad y congela de facto cualquier cierre hasta que el regulador quede satisfecho.
El Departamento de Justicia analiza si la combinación de Netflix con el catálogo de Warner —que incluye franquicias como Harry Potter, Game of Thrones o DC— podría reducir la competencia en mercados clave: plataformas de ‘streaming’, licencias de contenidos y distribución de cine y series a terceros. El diagnóstico es especialmente relevante tras años de concentración en Hollywood y el fracaso de operaciones anteriores que fueron deshechas o limitadas por los reguladores.
Paramount, por su parte, insiste en que su propuesta plantea menos problemas antitrust, al combinar estudios y canales tradicionales con un peso menor en ‘streaming’ global. No obstante, el contraste con otras regiones resulta demoledor: en Europa y el Reino Unido, las autoridades han endurecido su postura frente a las grandes tecnológicas y los campeones de contenidos, lo que abre dudas sobre el trato que recibiría cualquier megafusión de este calibre. El consejo de Warner tiene que ponderar, por tanto, no sólo la prima ofrecida, sino el riesgo real de que una de las operaciones quede bloqueada durante 12 a 18 meses y termine finalmente vetada.
Qué está en juego para el negocio del ‘streaming’
Más allá de la ingeniería financiera, la operación definirá el equilibrio de poder en el negocio del ‘streaming’ para la próxima década. Una integración de Warner en Netflix crearía un gigante con más de 300 millones de suscriptores globales, un catálogo sin rival y una posición dominante en producción de series premium y cine de gran presupuesto. Para Netflix, el movimiento es también defensivo: asegura propiedad intelectual icónica y reduce su dependencia de licencias externas en un momento en que los estudios prefieren alimentar sus propias plataformas.
Si, en cambio, triunfase la opa de Paramount, el mapa sería distinto. El nuevo grupo combinaría la capacidad de producción de Warner con la red de canales y licencias internacionales de Paramount, potenciando un modelo mixto de televisión tradicional, ‘streaming’ y venta a terceros. La consecuencia es clara: el mercado pasaría de un escenario de competencia feroz entre múltiples actores a un oligopolio de tres o cuatro grandes conglomerados, con capacidad para fijar precios, condicionar ventanas de exhibición y negociar en bloque con anunciantes y operadores de telecomunicaciones.
En cualquiera de los casos, la presión sobre rivales como Disney, Amazon o Apple aumentará. La historia reciente demuestra que quien no gana tamaño a tiempo se ve abocado a alianzas a la defensiva o a recortes drásticos de inversión en contenido original. Los próximos movimientos de estos actores serán, por tanto, un indicador adelantado de hasta qué punto el mercado da por hecho que el “nuevo Hollywood” será dominado por un puñado de plataformas integradas.