Alineación única de 3I/ATLAS con el Sol y la Tierra permitirá estudiar polvo interestelar
El cosmos prepara para 2026 una cita que los astrónomos no se pueden permitir desaprovechar. El objeto interestelar 3I/ATLAS, recién llegado desde fuera del Sistema Solar, se alineará casi a la perfección con el eje Sol-Tierra el 22 de enero de 2026, alcanzando un ángulo mínimo de apenas 0,69 grados. La configuración no es solo estética: según el astrofísico Avi Loeb, se trata de una oportunidad única para estudiar con una precisión inédita cómo brilla el polvo de este visitante cuando lo observamos “a contraluz”, en lo que se conoce como opposition surge o aumento de brillo en oposición.
Qué es 3I/ATLAS y por qué es distinto
3I/ATLAS fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el sistema de vigilancia ATLAS y, desde el principio, destacó por romper moldes. Su órbita es marcadamente hiperbólica (excentricidad e ≈ 6,139, con un perihelio q ≈ 1,356 UA), lo que certifica su origen interestelar. Viaja a unos 57,7 km por segundo respecto al Sol, bastante más rápido que los otros dos objetos interestelares que hemos podido estudiar hasta ahora, 1I/‘Oumuamua y 2I/Borisov. Pero su verdadera “ventaja comparativa” no es la velocidad, sino la geometría: a diferencia de aquellos, 3I/ATLAS podrá observarse prácticamente en oposición, con la Tierra pasando casi justo entre el Sol y el objeto. Loeb advierte que una configuración así “podría no repetirse en décadas”.
La alineación de enero de 2026
En la fecha clave, el 22 de enero de 2026, 3I/ATLAS estará a unas 3,33 unidades astronómicas del Sol y 2,35 de la Tierra, con una magnitud aparente estimada de V ≈ 16,7: débil, pero accesible para telescopios profesionales de tamaño medio. Lo excepcional es el ángulo de fase: el ángulo entre la dirección Sol–3I/ATLAS y Sol–Tierra se mantendrá por debajo de 2 grados durante alrededor de una semana, del 19 al 26 de enero. Es precisamente en ese margen diminuto donde se manifiesta con fuerza el opposition surge, el aumento abrupto de brillo que muchos cuerpos del Sistema Solar experimentan cuando se alinean casi perfectamente con el Sol y el observador.
Qué es el opposition surge y qué nos cuenta del polvo
Ese incremento de luz no es un mero truco óptico, sino una ventana directa a la física del polvo. Loeb recuerda que en este fenómeno intervienen dos mecanismos. El primero es el llamado shadow-hiding: a partir de ángulos de fase de unos pocos grados, las sombras que proyectan las partículas de polvo quedan ocultas detrás de ellas al alinearse el Sol y el observador. Desaparecen zonas oscuras y el conjunto se ve más brillante. El segundo mecanismo, más sutil y de naturaleza cuántica, es el coherent backscatter: para ángulos de fase muy pequeños (≈ 2° o menos), la luz que recorre caminos recíprocos dentro del medio polvoriento puede interferir de forma constructiva, produciendo un pico estrecho de brillo.
La forma exacta de ese pico —lo alto que sube y lo ancho que es en grados— depende de parámetros físicos muy concretos: la albedo de dispersión del polvo (ω₀, es decir, cuánta luz refleja y dispersa) y la estructura de los granos. Polvos compactos tienden a mostrar picos muy estrechos, de pocos grados; agregados “esponjosos” o fractales suelen producir surges mucho más anchos, incluso de decenas de grados. A día de hoy, solo el cometa 67P/Churyumov–Gerasimenko cuenta con una caracterización precisa de este efecto, gracias a la misión Rosetta. La mayoría de cometas —incluido el propio 2I/Borisov, que nunca se observó por debajo de α = 16°— carecen de datos en el régimen de oposición.
Una comparación directa entre polvo interestelar y polvo cometario
Por eso 3I/ATLAS es tan valioso: permite, por primera vez, comparar cómo responde a la luz el polvo expulsado por un objeto interestelar frente al polvo cometario del Sistema Solar. Según el patrón del opposition surge, se podrá inferir si el material está dominado por componentes carbonosos muy oscuros (ω₀ ~ 0,03), más propios de superficies procesadas, o si conserva una fracción significativa de hielo (ω₀ ~ 0,1–0,3), lo que apuntaría a un material más fresco y prístino. También ayudará a distinguir si los granos son compactos, reestructurados por procesos térmicos en un disco protoplanetario, o agregados “fluffy” más cercanos al polvo original de las nubes moleculares donde se forman las estrellas.
La hoja de ruta observacional propuesta por Loeb y Barbieri
Lejos de quedarse en la reflexión teórica, Loeb y Mauro Barbieri sugieren una hoja de ruta muy concreta para sacar todo el jugo a esta alineación. En primer lugar, proponen una cobertura temporal de al menos cuatro días antes y cuatro después del 22 de enero, de forma que se puedan separar claramente los efectos geométricos de posibles cambios de actividad intrínseca en 3I/ATLAS. En segundo lugar, señalan que será imprescindible una fotometría de alta precisión, con errores por punto por debajo de 0,03 magnitudes y aperturas consistentes, para capturar la respuesta no lineal del brillo frente al ángulo de fase.
El plan incluye también observaciones multibanda —al menos en tres filtros anchos, como BVR, VRI o gri— para poder distinguir mejor entre las contribuciones de shadow-hiding y backscatter coherente. Y añade un elemento especialmente potente: polarimetría lineal, aunque sea con muestreo menos denso, como complemento clave para inferir la estructura de los granos y los efectos de dispersión múltiple. Para todo ello, el equipo recomienda telescopios de más de un metro de apertura en el caso de la fotometría y aperturas aún mayores para medidas polarimétricas de calidad.
Una campaña global para no perder la oportunidad
Nada de esto será posible sin coordinación. Loeb insiste en que será fundamental articular una campaña global con múltiples observatorios repartidos por el planeta, para maximizar el retorno científico y reducir el riesgo de perder la ventana clave por culpa del mal tiempo en un solo hemisferio. Incluso conjuntos de datos parciales, subraya, ayudarán a acotar la curva de fase en esta configuración tan rara.
En última instancia, el estudio detallado del opposition surge de 3I/ATLAS no es sólo una cuestión de estética astronómica. Sus resultados podrían aclarar la naturaleza del polvo que genera su llamativa “anti-cola”, ayudar a interpretar sus propiedades de polarización —inusuales respecto a los cometas conocidos— y, sobre todo, abrir una ventana directa al material que viaja entre estrellas y ocasionalmente se cuela en nuestro vecindario. En un cielo cada vez mejor cartografiado, oportunidades tan alineadas como esta son, precisamente, las que permiten ir más allá de la estadística y empezar a hacer física fina del medio interestelar.