Un cohete de Elon Musk se estrellará contra la luna el 5 de agosto
Un fragmento de 3.900 kilogramos construido por SpaceX se dirige sin capacidad de maniobra hacia la superficie lunar. Los cálculos más recientes sitúan el impacto el 5 de agosto de 2026, alrededor de las 06.34 UTC, nueve minutos antes de la estimación inicial de las 06.44.
El objeto es la etapa superior del Falcon 9 que lanzó en enero de 2025 dos módulos lunares privados. Alcanzará la Luna a 2,43 kilómetros por segundo, generará un nuevo cráter y levantará una enorme nube de polvo. No existe peligro para la Tierra. Para los científicos, sin embargo, será un experimento difícilmente repetible.
Un autobús lanzado contra la Luna
La pieza, catalogada como 2025-010D, corresponde a la segunda etapa del Falcon 9. Mide aproximadamente 13 metros de largo, tiene 3,7 metros de diámetro y conserva una masa en seco cercana a las cuatro toneladas.
Viajará a unos 8.748 kilómetros por hora. Es comparable a lanzar contra la Luna un autobús escolar aligerado, aunque la ausencia de atmósfera evitará cualquier frenado antes del choque.
La energía cinética estimada alcanza los 11.500 millones de julios, equivalente a unas 2,75 toneladas de TNT. No será suficiente para causar una alteración relevante en la Luna, pero sí para excavar el terreno y proyectar material a decenas de kilómetros de altura.
El origen de la trayectoria
El Falcon 9 despegó el 15 de enero de 2025 desde el Centro Espacial Kennedy. Transportaba el Blue Ghost de Firefly Aerospace y el módulo Resilience de la japonesa ispace.
Blue Ghost logró aterrizar el 2 de marzo en Mare Crisium, convirtiéndose en la primera misión comercial que completó con éxito íntegro un alunizaje y más de 14 días de operaciones. Sus diez instrumentos de la NASA recopilaron datos sobre el polvo, el subsuelo y el entorno lunar.
La etapa superior quedó después en una órbita muy alargada entre la Tierra y la Luna. Las perturbaciones gravitatorias terminaron conduciéndola hacia una colisión inevitable.
Un impacto visible desde la Tierra
El choque se producirá cerca del cráter Einstein, en una zona iluminada próxima al limbo lunar. Esa ubicación abre la posibilidad de detectar desde la Tierra el destello inicial y parte de la columna de residuos.
Los modelos más recientes calculan que la cortina principal de polvo podría alcanzar entre 15 y 20 kilómetros de altura. El chorro central llegaría incluso a una horquilla de 75 a 100 kilómetros, aunque estas cifras dependen de la composición del suelo y del ángulo exacto del impacto.
La colisión permitirá observar cómo se comporta el regolito lunar cuando recibe un impacto conocido, con una masa, velocidad y trayectoria previamente calculadas.
La ciencia detrás del accidente
Los observatorios intentarán medir el brillo del destello, la extensión de la nube y el tiempo que tarda el polvo en regresar a la superficie. Después, las imágenes orbitales podrán localizar el cráter y comparar su tamaño real con las predicciones.
Este hecho resulta especialmente valioso porque los impactos naturales rara vez ofrecen información precisa sobre el objeto que los provoca. En este caso, los investigadores conocen razonablemente bien la estructura y la masa de la etapa.
No es una misión científica diseñada por SpaceX, sino un accidente orbital convertido en laboratorio.
El precedente del cráter doble
El 4 de marzo de 2022, otro cuerpo de cohete chocó contra la cara oculta de la Luna. Inicialmente fue atribuido a SpaceX, pero las investigaciones posteriores apuntaron a una etapa del cohete chino Long March 3C empleado en la misión Chang’e 5-T1.
El impacto creó un sorprendente cráter doble de aproximadamente 28 metros de anchura, formado por dos depresiones de 18 y 16 metros. La distribución del daño sugirió que el objeto tenía concentraciones importantes de masa en ambos extremos.
El nuevo choque podría producir una marca de dimensiones similares, aunque su morfología dependerá del reparto de masas dentro del Falcon 9.
La basura alcanza el espacio lunar
La colisión reabre una cuestión todavía poco regulada: qué hacer con las etapas abandonadas más allá de las órbitas terrestres habituales. El crecimiento de las misiones comerciales está llenando el espacio cislunar de vehículos, módulos y restos cuya trayectoria puede mantenerse durante años.
El Falcon 9 no amenaza a ninguna población y su impacto será científicamente útil. Sin embargo, la utilidad accidental no elimina el problema de fondo. Cuantos más países y empresas viajen a la Luna, mayor será la necesidad de planificar la retirada, el almacenamiento o la eliminación controlada de sus residuos.
El 5 de agosto la Luna recibirá otro cráter. Esta vez, los científicos conocerán de antemano la hora, el proyectil y la velocidad. Lo que todavía está por decidir es cuántas colisiones semejantes está dispuesto a aceptar el futuro de la exploración espacial.