CENTCOM carga contra Irán: “miles” de ataques contra civiles

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“Deliberado” y “miles de veces”. Dos palabras que, en Washington, equivalen a un acta de acusación. El almirante Brad Cooper, comandante del Mando Central de EEUU (CENTCOM), ha asegurado ante el Congreso que Irán ha dirigido ataques contra civiles en Oriente Próximo de forma sistemática, mientras denunciaba una ola de represión interna desde que empezó el alto el fuego.

Lo más grave, sin embargo, es el punto ciego que regresa como un bumerán: la investigación “compleja” por la destrucción de una escuela de niñas en Minab, que Teherán cifra en 168 menores muertos. La consecuencia es clara: el relato bélico se libra también en el terreno de la credibilidad.

Un relato de guerra para el Capitolio

Cooper comparece en un momento de equilibrio precario: un alto el fuego anunciado en abril ha rebajado la intensidad del choque directo entre Washington y Teherán, pero no ha cerrado la guerra política que se disputa en los comités del Capitolio. En ese escenario, el testimonio del jefe de CENTCOM funciona como un informe de daños y, a la vez, como una pieza de presión: mantener a Irán bajo la categoría de actor que prioriza objetivos civiles permite justificar sanciones, despliegues y, sobre todo, la continuidad del cerco estratégico.

El contraste con otras crisis regionales resulta demoledor. Cuando la disuasión se agota, la narrativa ocupa su lugar: quién dispara primero, quién viola el derecho internacional, quién paga el coste reputacional. Y aquí EEUU sabe que juega con una desventaja: su propia campaña militar dejó episodios difíciles de explicar fuera del lenguaje técnico.

“Miles de veces”: la cifra que busca fijar culpables

El almirante dibuja un patrón: Irán habría atacado “deliberadamente” a civiles “miles de veces” en distintos puntos de Oriente Próximo. En la arquitectura del mensaje, ese volumen no es solo estadística: es la base para convertir la guerra en un caso penal, con víctima y verdugo definidos.

Cooper sostiene que la ofensiva iraní se apoyó en una combinación de misiles y drones. Si la amenaza se mide por capacidad de saturación, el dron barato es el arma perfecta. Pero el salto que intenta Washington es otro: pasar del “lanzamiento” al “objetivo”, y del objetivo al “civiles”. Ahí es donde la credibilidad exige algo más que adjetivos. Porque, en términos políticos, una sola matanza con víctimas escolares pesa más que un centenar de gráficos sobre interceptaciones.

La posguerra interior: ejecuciones y represión

Cooper no se limitó al frente externo. También acusó a Teherán de haber colgado a “docenas” de personas desde que comenzó el alto el fuego, un mensaje diseñado para subrayar que la contención militar no ha traído moderación política. La represión interna se ha convertido en un segundo teatro: purgas, detenciones y castigos ejemplarizantes como respuesta a la presión exterior y al miedo a la descomposición doméstica.

En paralelo, diferentes informes han hablado de al menos 21 ejecuciones y de más de 4.000 detenidos desde el inicio de la guerra, con denuncias de procesos acelerados y persecución de la disidencia. La consecuencia es clara: Teherán busca cerrar filas por dentro mientras intenta resistir por fuera. Y ese endurecimiento, lejos de estabilizar, eleva el riesgo de errores, represalias y escaladas indirectas a través de milicias o sabotajes.

El caso Minab: escuela, misilero y una investigación incómoda

El punto más tóxico del testimonio de Cooper es, precisamente, el que obliga a EEUU a mirar hacia sí mismo. La investigación militar sobre la explosión que arrasó una escuela de niñas en Minab —en el sur de Irán— es “compleja”, admitió, porque el centro estaba supuestamente ubicado en un emplazamiento activo de misiles de crucero.

El episodio ocurrió el 28 de febrero, primer día del conflicto, y Teherán sostiene que murieron 168 menores, “en su mayoría niñas”. Aquí se abre el verdadero agujero político: incluso si hubiera infraestructura militar cercana, el listón legal y moral sobre objetivos escolares es extremo.

“La investigación es compleja porque el lugar estaba ligado a un sitio de misiles”, viene a ser la coartada. Pero el debate público no se decide en la palabra “compleja”, sino en el número de pupitres vacíos.

El coste estratégico: Hormuz, aliados del Golfo y munición

Detrás del choque verbal late un cálculo económico que no necesita titulares para sentirse: el Golfo y sus infraestructuras energéticas siguen siendo el termómetro del conflicto. Washington presenta la degradación de la capacidad de amenaza regional de Irán como un éxito operacional. Sin embargo, lo más grave no es el parte de victoria, sino la factura de sostenerlo: defensa antiaérea, protección de rutas marítimas y, sobre todo, inventarios.

Cuanto más se normaliza la guerra de drones y misiles, más se tensan los sistemas de interceptación y las cadenas de suministro militares. En ese entorno, el estrecho de Ormuz es menos un escenario y más una palanca: abrirlo o cerrarlo impacta en seguros, fletes, primas de riesgo y expectativas inflacionarias. La disuasión, en 2026, tiene precio por unidad. Y se paga en dólares… y en credibilidad.

La grieta de credibilidad

El relato estadounidense pretende una línea recta: Irán ataca civiles, EEUU protege civiles. Pero Minab introduce una curva peligrosa. No basta con afirmar que Washington “no” apuntaría a un colegio; la existencia de una investigación elevada ya reconoce que hubo, como mínimo, un fallo de inteligencia, verificación o ejecución.

El efecto dominó que viene es doble. Primero, la propaganda iraní: cada cifra de víctimas civiles atribuida a EEUU alimenta reclutamiento, legitimidad interna y apoyo de aliados. Segundo, el debate en Occidente: legisladores, ONG y opinión pública exigen transparencia cuando hay menores muertos, y ese escrutinio condiciona presupuestos, reglas de enfrentamiento y alianzas.

Por eso Cooper necesita que su frase —“miles de veces”— sea una verdad incontestable. Porque si el fiscal aparece también como acusado, la guerra deja de ser un tablero geopolítico y pasa a ser, ante millones de ojos, una disputa por quién merece ser creído.

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