CENTCOM confirma ataques contra depósitos de misiles, drones y radares costeros iraníes

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Washington responde al ataque contra un carguero en el estrecho con bombardeos sobre radares y depósitos de drones, mientras la negociación de 60 días queda bajo presión

Estados Unidos atacó este viernes objetivos iraníes tras el impacto de un dron contra un buque comercial en el estrecho de Ormuz. El Mando Central estadounidense confirmó bombardeos sobre almacenes de misiles y drones y radares costeros en Irán, en una respuesta que Washington presenta como limitada, pero que eleva el riesgo de ruptura del frágil alto el fuego pactado apenas una semana antes. El incidente afecta al corredor marítimo por el que transitan unos 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados, cerca del 20% del consumo mundial.

El detonante en Ormuz

El episodio comenzó el jueves, cuando el carguero M/V Ever Lovely, de bandera singapurense, fue alcanzado por un dron de ataque de un solo uso durante su tránsito por el estrecho de Ormuz. Las autoridades británicas indicaron que no se registraron heridos, pero el impacto fue suficiente para alterar de nuevo la seguridad marítima en la zona.

La reacción estadounidense llegó menos de 24 horas después. Según CENTCOM, aviones de EEUU golpearon instalaciones vinculadas al almacenamiento de misiles y drones, además de radares costeros empleados para vigilancia marítima. El mensaje operativo es claro: Washington busca degradar la capacidad iraní de controlar el tráfico naval sin iniciar, al menos de momento, una campaña abierta de mayor escala.

La tregua queda en suspenso

El ataque tensiona el entendimiento interino alcanzado entre Washington y Teherán para rebajar la guerra y negociar un marco más estable. Ese acuerdo fijaba un plazo de 60 días para resolver asuntos pendientes, entre ellos la navegación por Ormuz y el futuro del programa nuclear iraní.

Donald Trump afirmó que el ataque iraní violaba el alto el fuego. Desde Teherán, Ebrahim Azizi, presidente de la comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, sostuvo lo contrario: que no se trataba de una ruptura, sino de una forma de “gestión” del alto el fuego. Esa diferencia semántica revela el problema central: ambos gobiernos dicen preservar la tregua mientras ejecutan acciones que la erosionan.

El valor estratégico del estrecho

Ormuz no es un punto más del mapa. Une el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo, y concentra una parte esencial del comercio energético mundial. La Agencia de Información Energética de EEUU estima que en 2024 circularon por allí 20 millones de barriles diarios, además de alrededor de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado.

La consecuencia económica es inmediata. Incluso sin bloqueo formal, la percepción de riesgo encarece seguros, ralentiza rutas y obliga a navieras a revisar itinerarios. En un mercado energético sensible a interrupciones, cada ataque naval se traduce en volatilidad de precios y presión sobre inflación.

Buques atrapados y rutas alternativas

La Organización Marítima Internacional había impulsado una ruta alternativa próxima a la costa de Omán para evacuar barcos atrapados en la zona. Según AP, 115 buques habían logrado salir en los últimos días, pero aún quedaban alrededor de 500 en el área. Tras el ataque al carguero, el organismo suspendió las evacuaciones hasta recibir garantías de seguridad.

La normalización también sigue lejos de los niveles previos a la guerra. Antes del conflicto, el estrecho registraba más de 130 tránsitos diarios; el miércoles, pese a cierta mejora, solo pasaron 78 barcos. El dato muestra que Ormuz continúa abierto, pero no plenamente funcional.

Petróleo, seguros y mercados

La dimensión financiera del episodio va más allá del precio del crudo. MarketWatch informó de que Irán había ordenado regresar a varios petroleros en Ormuz, lo que elevó la prima de riesgo antes incluso de la respuesta militar estadounidense.

El impacto se reparte en tres capas. Primero, navieras y aseguradoras ajustan costes. Después, refinerías y compradores asiáticos revisan suministros. Finalmente, los bancos centrales reciben otra señal inflacionaria en un momento de alta sensibilidad monetaria. El problema no es solo el barril; es la incertidumbre sobre la continuidad del flujo.

La selección de objetivos sugiere una respuesta calibrada. Atacar radares y depósitos de drones reduce capacidad operativa iraní, pero evita golpear infraestructuras políticas o nucleares que podrían desencadenar una represalia mayor. Sin embargo, la frontera entre disuasión y escalada es estrecha.

El riesgo principal es la repetición. Si Irán vuelve a atacar un buque o si EEUU amplía sus bombardeos, la tregua de 60 días puede convertirse en un expediente vacío. La región entra así en una fase de equilibrio inestable: Ormuz permanece abierto, pero cada tránsito se ha convertido en una prueba política, militar y económica.