China cierra filas con Cuba y desafía la amenaza arancelaria de Trump
China ha salido en defensa de Cuba tras la última ofensiva política de Donald Trump, quien ha amenazado con imponer aranceles a todos los países que suministren petróleo a la isla. Pekín ha condenado con dureza la medida, calificándola de inhumana y contraria al derecho al desarrollo del pueblo cubano, y ha respaldado abiertamente el derecho de La Habana a proteger su soberanía. El cruce de declaraciones eleva la tensión entre las grandes potencias y reabre un frente geopolítico en América Latina con implicaciones económicas, energéticas y diplomáticas de largo alcance.
El Ministerio de Exteriores chino no tardó en reaccionar al anuncio de Trump. Su portavoz, Guo Jiakun, expresó el “apoyo firme” de Pekín a Cuba y acusó a Estados Unidos de aplicar prácticas que privan al pueblo cubano de sus derechos básicos a la subsistencia y al desarrollo. En su intervención ante la prensa, Guo subrayó que Cuba es un Estado soberano con pleno derecho a proteger su seguridad nacional y a definir sus relaciones económicas sin presiones externas.
seguridad nacional y a definir sus relaciones económicas sin presiones externas.
El mensaje de China no es solo retórico. Pekín se posiciona como valedor político y económico de La Habana en un momento en el que Washington busca asfixiar energéticamente a la isla mediante sanciones indirectas. El respaldo chino refuerza la percepción de que Cuba sigue siendo un punto de fricción simbólico y estratégico en la rivalidad entre Estados Unidos y sus competidores globales.
La amenaza arancelaria de Trump
El choque se produce después de que Trump firmara una orden ejecutiva que establece un sistema de aranceles dirigido contra los países que vendan petróleo a Cuba. Según el presidente estadounidense, estas transacciones contribuyen a sostener políticas de La Habana que, a su juicio, están “diseñadas para perjudicar a Estados Unidos” y apoyar a actores hostiles y grupos terroristas internacionales.
La medida supone un endurecimiento significativo de la política estadounidense hacia Cuba, ya que amplía la presión más allá de la isla y amenaza directamente a terceros países y empresas energéticas. El objetivo es claro: restringir el acceso de Cuba al suministro de crudo, una de las principales debilidades estructurales de su economía, y forzar cambios políticos mediante el aislamiento económico.
Energía, sanciones y efecto dominó
La advertencia de Trump introduce un factor de incertidumbre para los países que mantienen relaciones energéticas con Cuba. El petróleo es un recurso clave para el funcionamiento de la economía cubana, desde la generación eléctrica hasta el transporte y la industria básica. Limitar su acceso puede tener efectos inmediatos sobre el nivel de vida, algo que China ha utilizado como argumento central para denunciar la medida como inhumana.
como inhumana, al poder tener efectos inmediatos sobre el nivel de vida
Desde la perspectiva de Pekín, este tipo de sanciones extraterritoriales sientan un precedente peligroso y refuerzan una visión del orden internacional dominado por la coerción económica. La defensa de Cuba encaja así en un discurso más amplio de China contra el uso de aranceles y sanciones como herramientas políticas por parte de Estados Unidos.
Un mensaje político más amplio de China
El apoyo explícito a Cuba también tiene una lectura estratégica. China busca consolidar su imagen como defensora de los países sometidos a presión occidental, especialmente en América Latina, una región clave en su expansión económica y diplomática. Al posicionarse junto a La Habana, Pekín refuerza alianzas políticas y envía una señal clara a otros países que podrían verse afectados por medidas similares.
especialmente en América Latina, una región clave en su expansión económica y diplomática.
Además, la reacción china subraya su oposición frontal a la política exterior de Trump, caracterizada por el uso agresivo de aranceles como instrumento de presión. En este sentido, Cuba se convierte en un nuevo escenario del pulso global entre Washington y Pekín.
Un conflicto con implicaciones regionales
La escalada verbal entre Estados Unidos y China por Cuba no se produce en el vacío. América Latina observa con atención un enfrentamiento que puede tener repercusiones económicas y diplomáticas para toda la región. Países exportadores de energía o con vínculos comerciales con la isla podrían verse forzados a elegir entre mantener relaciones con Cuba o evitar represalias de Washington.
Para La Habana, el respaldo de China supone un alivio político, pero no elimina el impacto potencial de las sanciones. La economía cubana sigue siendo vulnerable, y cualquier restricción adicional al suministro energético puede agravar las tensiones sociales y económicas internas.
El episodio confirma que la política hacia Cuba vuelve a ser un campo de batalla simbólico en la rivalidad entre grandes potencias. Mientras Trump apuesta por el castigo económico para forzar cambios políticos, China responde con apoyo diplomático y un discurso centrado en la soberanía y el desarrollo.
El resultado es un escenario de confrontación creciente, en el que Cuba se sitúa de nuevo en el centro de un pulso geopolítico mayor. Un choque que no solo afecta a la isla, sino que refleja la fragmentación del orden internacional y el uso cada vez más abierto de la economía como arma política.