2026

El dólar cerró 2025 con su peor caída anual desde 2017

Dólar

El dólar estadounidense cerró 2025 con su peor caída anual desde 2017, influido por una guerra arancelaria intensa y recortes en las tasas de interés. Analizamos las causas, el papel de la Fed, y el desempeño contrario del euro y el rublo en el contexto económico global.

El billete verde termina 2025 con un dato que no pasa desapercibido: el dólar se dejó casi un 8% en el conjunto del año, su peor desempeño anual desde 2017. La debilidad no responde a un único golpe, sino a una combinación de política comercial, expectativas de tipos y ruido institucional en torno a la Reserva Federal. En paralelo, el mercado ha premiado a otras divisas: el euro se fortaleció con un entorno de inflación más controlada y un giro de gasto en defensa, mientras el rublo registró una apreciación cercana al 45%, la mayor desde 1994.

El cierre de ejercicio deja una conclusión operativa: el dólar sigue siendo la moneda dominante, pero entra en 2026 con más variables abiertas de lo habitual.

Un cierre de año que rompe la inercia del “dólar fuerte”

Que el dólar retroceda en un año no es extraordinario; que lo haga con la intensidad de 2025, sí. La caída cercana al 8% se interpreta como un cambio de tono tras un ciclo en el que el mercado había premiado a Estados Unidos por crecimiento relativo, diferencial de tipos y atractivo de sus activos. La lectura más repetida en mesas de divisas es que el dólar ha sufrido una corrección de expectativas: menos “premium” por tipos y más descuento por incertidumbre política y comercial.

La comparación con 2017 es relevante porque sitúa el movimiento en la franja de caídas que suelen asociarse a un giro simultáneo de varios factores. No es un ajuste técnico aislado, sino un deterioro gradual que se fue consolidando en el segundo semestre: el mercado empezó a poner precio a la posibilidad de un ciclo de recortes más prolongado, mientras los flujos hacia otras monedas ganaban peso.

En términos de mercado, esto se traduce en una idea sencilla: si el dólar cae, no siempre es por debilidad económica; a menudo es por reequilibrio de riesgos. En 2025, el riesgo dominante fue la combinación de política comercial y política monetaria.

Aranceles, comercio y el impacto en la prima de confianza

Uno de los elementos citados con más frecuencia para explicar el retroceso del dólar es la persistencia de la guerra arancelaria impulsada desde la Casa Blanca. Las tensiones comerciales tienden a operar en dos direcciones: por un lado, pueden apoyar al dólar en episodios de aversión al riesgo; por otro, dañan el crecimiento esperado, distorsionan cadenas de suministro y elevan la incertidumbre para empresas e inversores.

En 2025 se impuso el segundo canal. El anuncio de nuevas rondas y la amenaza recurrente de escaladas arancelarias introdujeron un componente de imprevisibilidad que el mercado suele penalizar, sobre todo cuando se combina con señales de desaceleración. La divisa estadounidense no solo refleja el estado de la economía, sino la percepción de estabilidad institucional y de previsibilidad normativa.

La consecuencia práctica es que parte del capital internacional buscó diversificación: más exposición a monedas con bancos centrales percibidos como menos condicionados por el ciclo político y, en Europa, a activos respaldados por un giro de gasto público en defensa e inversión. No es un cambio estructural definitivo, pero sí un movimiento suficiente para erosionar la narrativa de “dólar invencible”.

La Fed en el centro: recortes de tipos y sensibilidad del mercado

El segundo pilar del movimiento estuvo en la Reserva Federal. Los recortes de tipos —concebidos para sostener actividad y consolidar la desinflación— suelen reducir el atractivo del dólar cuando estrechan el diferencial frente a otras economías. En 2025, el mercado interpretó esos recortes no sólo como una respuesta macro, sino como una señal de que el ciclo de relajación podía acelerarse.

Aquí entra un matiz clave: la moneda no reacciona solo a la decisión, sino al futuro implícito. Si el mercado descuenta más bajadas, el ajuste suele producirse antes de que se materialicen. Por eso, el debate no se limitó a cuántos recortes hubo, sino a cuántos podría haber en 2026 y con qué justificación.

En este contexto, la presión política percibida sobre la Fed actuó como amplificador. El mercado de divisas es especialmente sensible a cualquier señal de pérdida de independencia monetaria, porque afecta a la credibilidad del control de la inflación. No se trata de un juicio, sino de una mecánica de precios: cuando aumenta la incertidumbre sobre el “ancla” monetaria, el tipo de cambio lo refleja.

El “factor Powell”: una sucesión con fecha y un calendario que pesa

La figura de Jerome Powell se convirtió en un elemento central del cierre de 2025 por un motivo concreto: su mandato al frente de la Fed expira en mayo de 2026. Esa fecha introduce un horizonte claro para el mercado, que tiende a anticiparse. La pregunta dominante no es personal, sino institucional: quién le sucederá y qué orientación adoptará el nuevo liderazgo.

La sucesión puede influir en expectativas de tipos, en la comunicación del banco central y en la percepción de independencia. En divisas, esa triada importa tanto como el dato macro del mes. De hecho, en tramos de volatilidad, el dólar suele moverse más por expectativas de política futura que por cifras ya conocidas.

“El mercado no teme el cambio; teme no saber qué reglas regirán tras el cambio”, resumen algunos gestores cuando explican por qué la transición de liderazgo en un banco central es un momento delicado. Si el relevo se interpreta como más “dovish”, el dólar suele descontarlo con antelación; si se percibe como continuidad o incluso mayor prudencia, el tipo de cambio puede estabilizarse.

En 2026, por tanto, el “factor Powell” no es un titular: es una variable de precio.

El euro se fortalece: inflación más controlada y gasto en defensa

Mientras el dólar cedía terreno, el euro ganó tracción. El movimiento se apoyó en dos ideas que el mercado convirtió en narrativa: una inflación relativamente contenida y el inicio de una ola de gasto en defensa en varios países europeos. En términos de divisas, el gasto público no siempre fortalece una moneda; depende de si el mercado lo interpreta como inversión productiva, como estímulo ordenado y, sobre todo, de si no amenaza la estabilidad fiscal.

En este caso, el gasto en defensa se leyó como un ajuste estructural del continente a un entorno geopolítico más duro. Ese cambio tiene implicaciones de industria, empleo y presupuestos a medio plazo. Al mismo tiempo, el euro se benefició de una percepción de menor ruido institucional en el banco central europeo respecto a la Fed, aunque con matices: Europa también convive con fragilidades internas.

El resultado fue un contraste útil para el análisis: la debilidad del dólar no implicó un único ganador, pero sí abrió espacio para que el euro recuperase parte de terreno. Para carteras globales, esto se traduce en coberturas: con mayor volatilidad en política monetaria y comercial, el coste de no cubrir exposición divisa se vuelve más visible.

El rublo y el dato que sorprende: +45% y récord desde 1994

El otro movimiento destacado del cierre de 2025 fue el del rublo, con una apreciación cercana al 45% frente al dólar, un registro que no se veía desde 1994. En el mercado de divisas, cifras de ese calibre suelen exigir una lectura por capas: controles, flujos, medidas internas y condiciones específicas del comercio exterior.

La apreciación del rublo no se interpreta necesariamente como “fortaleza estructural” al estilo de una divisa plenamente abierta, sino como el resultado de un conjunto de factores que alteran oferta y demanda de moneda. En divisas con fuerte influencia estatal, la dinámica puede diferir de la de monedas plenamente liberalizadas: el tipo de cambio puede reflejar también decisiones administrativas, requisitos de conversión y cambios en flujos comerciales.

Aun así, el dato tiene impacto narrativo y financiero porque mueve correlaciones: energía, materias primas, riesgo geopolítico y la lectura del mercado sobre la estabilidad regional. Para los inversores, el rublo en 2025 recordó una regla básica: en divisas, el “qué” (la cifra) importa, pero el “cómo” (los mecanismos) determina si el movimiento es replicable en el tiempo.