Wall Street y el euro abren 2026 sin dirección en el mercado FX
El primer día hábil de 2026 arranca con una señal de calma en el principal cruce del mundo: el EUR/USD abre prácticamente plano, moviéndose en un rango estrecho de 1,1740–1,1760. La sesión llega con liquidez reducida por el efecto festivo y con movimientos que el mercado suele interpretar como posicionamiento inicial, más que como tendencia consolidada.
Al mismo tiempo, los titulares macro y financieros dibujan un mapa fragmentado: los rendimientos de los bonos de la eurozona avanzan ligeramente, la industria de Polonia vuelve a mostrar debilidad y, en Asia, la jornada combina una rupia en 90,12 con un Bank Nifty marcando máximos.
En Wall Street, el enfoque de arranque de año sigue centrado en el mismo trípode que cerró 2025: beneficios, política monetaria y gasto en inteligencia artificial, con el mercado calibrando el ritmo de recortes de la Reserva Federal tras un ejercicio en el que el dólar cedió cerca del 10% y el euro avanzó en torno al 14%.
Con estos elementos, el inicio de 2026 no fija un rumbo inmediato, pero sí delimita los factores que condicionarán el cruce durante el año.
EUR/USD: apertura plana y lectura de mercado
El EUR/USD inicia 2026 “pegado” a la zona de equilibrio, con operaciones alrededor de 1,1740–1,1760. En sesiones posteriores a festivos, el mercado suele operar con volúmenes inferiores a la media, lo que reduce la capacidad del precio para reflejar una convicción amplia. En términos de microestructura, los rangos estrechos en el arranque de año tienden a asociarse a dos comportamientos: ajuste de carteras tras cierre anual y cobertura de posiciones, más que a entradas direccionales.
El nivel de apertura mantiene al cruce cerca de los máximos alcanzados tras el recorrido de 2025, cuando el euro acumuló una apreciación cercana al 14% frente al dólar, mientras el billete verde registró un retroceso de en torno al 10%. Ese balance deja un punto de partida relevante: parte del mercado llega a enero con una tendencia previa favorable al euro, pero con el incentivo de esperar confirmación macro antes de ampliar exposición.
En este contexto, la lectura dominante en la primera sesión es que el mercado está observando tres referencias: el diferencial de tipos esperado entre EEUU y la eurozona, la evolución del crecimiento relativo y la sensibilidad al riesgo global. La combinación de estas variables condiciona el paso de un mercado “plano” a un mercado con dirección.
Wall Street: beneficios, IA y la Fed como guía de 2026
En Wall Street, la entrada en 2026 mantiene el foco sobre los factores que sostuvieron el ciclo anterior: proyecciones de beneficios, evolución de la inflación y trayectoria de la Reserva Federal. El mercado llega tras varios trimestres en los que la narrativa de inversión en inteligencia artificial ha influido en el posicionamiento, especialmente en grandes tecnológicas y compañías asociadas a infraestructura (centros de datos, semiconductores y software).
La política monetaria sigue siendo un elemento central para el tipo de cambio. Con el dólar saliendo de 2025 con un descenso cercano al 10%, los inversores continúan calibrando si el diferencial de rentabilidad de EEUU se reduce en 2026 por nuevos recortes. Cuando los tipos estadounidenses bajan, el dólar tiende a perder parte de su atractivo relativo frente a divisas cuyos bancos centrales recortan menos o más tarde.
El papel de Wall Street en el cruce EUR/USD no se limita a la Fed: también se vincula al apetito por riesgo. En escenarios de mayor demanda de activos estadounidenses o de repuntes de aversión al riesgo, el dólar suele concentrar flujos de cobertura. Por eso, el mercado de divisas entra en 2026 pendiente tanto de datos macro como de señales del mercado de acciones sobre crecimiento y condiciones financieras.
Bonos de la eurozona: repunte de rendimientos en el primer día
La deuda europea abre el año con un titular relevante: los rendimientos en la eurozona suben ligeramente en la primera sesión de negociación. El movimiento, por sí solo, no define un cambio de ciclo, pero sí actúa como indicador de expectativas en dos planos: ritmo de recortes del BCE y percepción de riesgo en deuda soberana.
En términos de tipo de cambio, el impacto de un repunte de rendimientos depende de su causa. Si la subida refleja una expectativa de menor relajación monetaria —es decir, un BCE menos inclinado a recortar con intensidad—, el euro puede encontrar soporte por diferencial. Si, en cambio, el repunte se asocia a ampliación de primas de riesgo o a incertidumbre sobre crecimiento, el efecto sobre el euro puede ser mixto.
El inicio de 2026 plantea además una cuestión operativa: el mercado llega tras un año en el que la renta fija global registró un comportamiento favorable, apoyado en la expectativa de tipos a la baja. Un ajuste inicial en rendimientos europeos reintroduce sensibilidad a cualquier sorpresa inflacionaria o fiscal. En un entorno de tipos en transición, la reacción de los bonos suele trasladarse al EUR/USD con rapidez.
Polonia y el pulso industrial europeo
El calendario europeo de arranque se ve condicionado por señales de actividad en el este del continente. Los datos apuntan a que el descenso de la industria polaca se profundiza en diciembre, reforzando la idea de un crecimiento europeo desigual. La relevancia de Polonia para el mercado no se limita a su PIB: el país está integrado en cadenas industriales y logísticas, y su ciclo suele actuar como termómetro adelantado en algunos segmentos manufactureros.
En clave de divisa, la debilidad industrial tiende a relacionarse con menores presiones inflacionarias futuras y, por tanto, con un mayor margen para recortes de tipos. Ese canal puede afectar al euro si el mercado interpreta que el BCE dispone de más espacio para relajación. Al mismo tiempo, una industria débil suele incrementar sensibilidad a comercio exterior y a condiciones globales de demanda, factores que pueden amplificar volatilidad si se producen shocks externos.
El dato polaco se encuadra en un inicio de año donde el mercado mantiene atención sobre el comportamiento de la economía real europea frente a EEUU. Esa comparación alimenta el debate de 2026: continuidad del euro fuerte por diferencial de tipos y dólar más débil, o estabilización del cruce si el crecimiento estadounidense sorprende al alza.
Asia: rupia en 90,12 y máximos en banca india
El inicio de 2026 en Asia ofrece un contraste de señales. Por un lado, la rupia cae hasta un mínimo intradía de 90,12, reflejando demanda de dólares en el mercado local. Este tipo de movimientos suele estar vinculado a flujos de importación, coberturas corporativas y ajustes de carteras internacionales. La presión sobre la moneda puede trasladarse a expectativas de inflación importada y condicionar decisiones de política económica.
Por otro lado, el mercado bursátil muestra fortaleza en un segmento específico: el Bank Nifty marca un nuevo récord, apoyado en actualizaciones empresariales del tercer trimestre, con avances destacados en entidades como ICICI y Yes Bank. Esta divergencia —equity fuerte y moneda presionada— no es infrecuente: puede aparecer cuando el crecimiento doméstico se mantiene, pero la cuenta externa o la demanda de divisa se tensionan.
En el contexto del EUR/USD, Asia actúa como termómetro de riesgo global. Si la presión sobre monedas emergentes se extiende, el mercado suele reforzar coberturas y ajustar exposición a riesgo. En ese escenario, el dólar puede recibir apoyo por flujos defensivos incluso si el diferencial de tipos se reduce, un factor que explica por qué el mercado contempla la posibilidad de “rebote” del dólar durante 2026.
Señales corporativas: reajuste de expectativas y contratos de inversión
Junto a la macro, el arranque de año incorpora señales desde compañías que ayudan a contextualizar el apetito por riesgo. En Corea del Sur, un informe recorta el precio objetivo de Samsung SDI desde KRW 410.000 a KRW 350.000, un ajuste que el mercado suele asociar a revisión de expectativas en segmentos ligados a ciclo industrial y demanda tecnológica. Estos movimientos tienden a reflejar que el mercado entra en 2026 con un escrutinio mayor sobre márgenes y retorno del capital, especialmente en empresas vinculadas a inversión intensiva.
En Malasia, el flujo de noticias corporativas incluye un contrato relevante: Pekat Group comunica que una unidad recibe un contrato de 113,31 millones de ringgit de Tenaga Nasional. Este tipo de anuncios suele incorporarse como señal de continuidad de proyectos en infraestructura y energía, ámbitos que sostienen inversión real y cadenas de suministro.
Ambas referencias se conectan con el marco de Wall Street: el mercado global arranca 2026 con atención a la ejecución (contratos, pedidos, márgenes) en sectores vinculados a tecnología e infraestructura. Ese enfoque alimenta el seguimiento del ciclo de gasto en IA y su traslación a resultados empresariales, con impacto indirecto sobre el tipo de cambio a través de flujos hacia activos estadounidenses.
2026: niveles a vigilar y escenarios de cruce
El rango inicial 1,1740–1,1760 sitúa al EUR/USD en un punto intermedio entre la tendencia de 2025 y el debate de 2026. En el escenario de continuidad, algunas previsiones sitúan el euro cerca de 1,20 a final de año, bajo el supuesto de que la Fed mantenga una trayectoria de recortes y el BCE evite una relajación más intensa. Ese escenario se apoya en el canal clásico de diferenciales de tipos y en la pérdida de ventaja del dólar por rendimiento.
En el escenario alternativo, el mercado contempla un “snapback” del dólar si se combinan sorpresas de crecimiento en EEUU, inflación más persistente o un ritmo de recortes inferior al descontado. En ese caso, el ajuste puede ser rápido por la acumulación de posicionamiento previo tras la caída del dólar en 2025.
Con estos elementos, el arranque de 2026 deja una conclusión operativa: el cruce comienza sin dirección, pero con un conjunto de variables ya delimitadas. La evolución de los recortes de la Fed, la respuesta del BCE, los rendimientos en la eurozona, la actividad industrial europea y la estabilidad de divisas emergentes serán los vectores que tenderán a definir el rango y la volatilidad del EUR/USD durante el año.