El fin del excepcionalismo: ¿ el capital global huye de Wall Street y del Dow Jones?

La cuota de EE.UU. en los flujos bursátiles se desploma al 26% mientras Bruselas prepara represalias comerciales masivas contra Trump

Macrón
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El dogma del «excepcionalismo americano», que ha servido de brújula para los mercados globales durante la última década, se enfrenta a un colapso estructural sin precedentes. Según el último y demoledor informe Flow Show de Bank of America, liderado por el estratega Michael Hartnett, las acciones estadounidenses han caído a su cuota de participación en los flujos de capital global más baja desde 2020. En lo que va de año, la renta variable estadounidense solo ha logrado captar 26 de cada 100 dólares invertidos en fondos de acciones mundiales, una cifra que contrasta de forma sangrienta con el pico del 92% registrado en 2022. Este drenaje de liquidez coincide con el estallido de una nueva guerra comercial, en la que Francia ya ha advertido de que la Unión Europea activará su «bazuca comercial» para responder al arancel global del 10% impuesto por Donald Trump tras su enfrentamiento con el Tribunal Supremo.

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El espejismo de bonanza en Nueva York

La respuesta de los parqués neoyorquinos al veredicto judicial ha sido de un entusiasmo moderado pero con un indudable calado estratégico. El Dow Jones se anotó un avance del 0,47%, secundado por el signo positivo en el S&P 500 y el Nasdaq 100, en lo que los analistas consideran una tregua técnica de corto alcance. Este hecho revela que los inversores han recibido la sentencia como un balón de oxígeno para las multinacionales con una estructura de suministro altamente globalizada. El diagnóstico es claro: el mercado ya había descontado el escenario más sombrío de proteccionismo ciego, iniciando ahora un reequilibrio de capital hacia aquellos sectores que habían sido sistemáticamente castigados por la incertidumbre arancelaria. La consecuencia es una rotación de carteras que busca aprovechar este alivio procedimental, aunque la sombra de nuevas órdenes ejecutivas sugiere que este optimismo podría tener una fecha de caducidad muy próxima.

La agonía del «excepcionalismo americano»

El diagnóstico de Michael Hartnett es inequívoco: el capital global está ejecutando un pivote estratégico masivo. La hegemonía absoluta de Wall Street, que parecía inexpugnable hace apenas dos años, se está desmoronando ante una combinación tóxica de valoraciones extremas y un enfriamiento de la narrativa tecnológica que ha sostenido al S&P 500. El hecho de que Estados Unidos haya pasado de captar el 92% de los flujos mundiales a un escaso 26% revela un agotamiento del modelo de crecimiento basado en la expansión de múltiplos de las Big Tech.

Este hecho revela que los inversores internacionales han dejado de percibir a EE. UU. como el único puerto seguro en medio de la tormenta. La consecuencia es clara: el dinero está migrando hacia latitudes con valoraciones más racionales y perspectivas de crecimiento menos dependientes del sector del silicio. La brecha de valoración del S&P 500, que cotiza con una prima de riesgo históricamente baja respecto al resto del mundo, ha dejado de ser un incentivo para convertirse en una señal de alarma. El contraste con la situación de 2022 resulta demoledor; entonces, la fe en la resiliencia americana era ciega; hoy, el mercado exige una prudencia que Wall Street no puede satisfacer.

La «Gran Rotación»: el despertar de los mercados olvidados

La huida de las costas estadounidenses ha dado paso a lo que los analistas denominan la «Gran Rotación» de 2026. Este flujo de capital, antes cautivo en el Nasdaq y el Dow Jones, está encontrando refugio en los mercados de Europa, Japón y las economías emergentes. Estos destinos ofrecen hoy lo que Wall Street ha perdido: un margen de seguridad basado en fundamentales sólidos y valoraciones que no descuentan escenarios de ciencia ficción. El diagnóstico es que el capital global busca ahora diversificación ante el riesgo de un aterrizaje forzoso en la economía estadounidense provocado por la inestabilidad institucional.

Japón, con una inflación que se ha moderado al 1,5%, y Europa, a pesar de sus desafíos energéticos, presentan hoy oportunidades de valor que habían sido ignoradas durante el ciclo de tipos bajos. Este hecho revela un retorno a la ortodoxia financiera. Los gestores de fondos ya no buscan el crecimiento a cualquier precio, sino la protección del capital en activos que puedan resistir un entorno de fragmentación comercial. La consecuencia es una redistribución de la riqueza financiera mundial que podría redefinir el equilibrio de poder en los mercados durante la próxima década, restando a Nueva York su capacidad de dictar el ritmo de la economía global.

El bumerán de los aranceles: Trump ante el vacío inversor

La agresividad comercial de la administración Trump, que ha decidido ignorar al Tribunal Supremo para imponer un arancel global del 10%, está actuando como el principal catalizador de esta fuga de capitales. El mercado detesta la incertidumbre jurídica, y el desafío del Ejecutivo a la máxima instancia judicial del país ha encendido todas las luces de alarma sobre la seguridad de las inversiones en suelo estadounidense. El diagnóstico es que los aranceles, lejos de fortalecer la industria nacional, están encareciendo la estructura de costes de las empresas y provocando un éxodo inversor hacia mercados más estables.

Lo más grave es que esta política de «puño de hierro» comercial está teniendo un efecto bumerán. Mientras Trump intenta proteger el mercado interno, el capital huye ante la perspectiva de represalias internacionales que hundirán los beneficios de las multinacionales estadounidenses. «Estamos ante una paradoja económica: el intento de imponer la soberanía americana a través de los aranceles está debilitando el principal pilar de esa soberanía: el dominio del dólar y de sus mercados financieros», señalan fuentes de la banca de inversión. La consecuencia es un debilitamiento del tejido bursátil que sustenta la jubilación y el ahorro de millones de estadounidenses.

 

BRUSSELS (Belgium), 19/12/2025.- Chancellor of Germany Friedrich Merz speaks to the media at the end of first day of the EU Council Summit in Brussels, Belgium, 19 December 2025. EU leaders met to discuss the latest developments in Ukraine, the EU's next multiannual financial framework, the EU enlargement process, and the geoeconomic situation in the European Union. (Bélgica, Alemania, Ucrania, Bruselas) EFE/EPA/OLIVIER MATTHYS
BRUSSELS (Belgium), 19/12/2025.- Chancellor of Germany Friedrich Merz speaks to the media at the end of first day of the EU Council Summit in Brussels, Belgium, 19 December 2025. EU leaders met to discuss the latest developments in Ukraine, the EU's next multiannual financial framework, the EU enlargement process, and the geoeconomic situation in the European Union. (Bélgica, Alemania, Ucrania, Bruselas) EFE/EPA/OLIVIER MATTHYS

 

El «bazuca» de Bruselas: la respuesta de la ACI

La respuesta de la Unión Europea ante el órdago de Washington no se ha hecho esperar, y esta vez el tono es de una firmeza inusual. El ministro de Comercio de Francia, Nicolas Forissier, ha confirmado que Bruselas tiene los instrumentos preparados para «golpear de vuelta». Entre estas herramientas destaca el Instrumento Anti-Coerción (ACI), conocido en los pasillos comunitarios como el «bazuca comercial». Este mecanismo otorga a la Comisión Europea poderes excepcionales para imponer controles de exportación, restricciones en servicios y exclusiones de contratos públicos a empresas de países que ejerzan presión económica injustificada sobre la UE.

Este hecho revela que Europa ha abandonado su tradicional tibieza diplomática para adoptar una postura de defensa activa. La consecuencia para las empresas tecnológicas estadounidenses podría ser devastadora. Si la ACI se activa, gigantes de Silicon Valley podrían verse excluidos de jugosos contratos de aprovisionamiento en los 27 Estados miembros, además de enfrentar aranceles en sectores donde hasta ahora operaban con total libertad. El diagnóstico de París es claro: si la administración Trump utiliza los aranceles como arma política, Europa responderá atacando el corazón de la hegemonía tecnológica estadounidense.

90.000 millones de euros en el punto de mira

La amenaza de Bruselas no es solo teórica. Existe un paquete de represalias arancelarias, actualmente suspendido, que asciende a 90.000 millones de euros (unos 106.000 millones de dólares) y que podría ser activado de forma inmediata. Este arsenal de gravámenes afectaría a una amplia gama de productos estadounidenses, desde la agricultura de los estados que forman la base electoral de Trump hasta bienes industriales de alto valor añadido. El contraste con las escaramuzas comerciales del pasado resulta demoledor; estamos ante una movilización total de los recursos comerciales de la Eurozona.

Francia está liderando las conversaciones con la Comisión Europea para asegurar que la respuesta sea coordinada y letal. El hecho de que la UE esté dispuesta a sacrificar parte de su propio crecimiento para frenar el unilateralismo de Washington revela el nivel de indignación que ha provocado la decisión de Trump de ignorar al Tribunal Supremo. La consecuencia de este choque de trenes será un encarecimiento masivo de los productos de consumo en ambos lados del Atlántico, reduciendo el comercio transatlántico en un volumen que los expertos estiman superior al 15% en el primer año de aplicación.

 

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La vulnerabilidad de las Big Tech en suelo europeo

Una de las medidas más contundentes que baraja el gabinete de Forissier es la exclusión de las empresas estadounidenses de los contratos de licitación pública en la UE. Dado que el sector público europeo es uno de los mayores compradores de servicios de computación en la nube y software del mundo, esta medida supondría un golpe directo a las cuentas de resultados de firmas como Microsoft, Amazon o Google. Este hecho revela que Europa ha identificado el talón de Aquiles de la economía estadounidense: su dependencia de la exportación de servicios intangibles.

El diagnóstico es preocupante para los inversores que aún mantienen posiciones en tecnología estadounidense. La ACI permite a Bruselas no solo imponer aranceles, sino también limitar el acceso al mercado de datos y servicios financieros. Si se llega a este extremo, el 26% de flujos de capital que aún recibe EE. UU. según Bank of America podría reducirse a cifras marginales. La consecuencia sería una contracción de los beneficios por acción de las Big Tech que obligaría a una reevaluación total de sus múltiplos de valoración, provocando un ajuste en Wall Street de dimensiones aún no calculadas.

Una brecha de valoración insostenible

Más allá de la política comercial, el informe de Hartnett pone el foco en la insostenibilidad de los precios actuales en Wall Street. Mientras que los mercados europeos y emergentes cotizan con descuentos significativos respecto a sus medias históricas, el S&P 500 sigue operando bajo una premisa de crecimiento que la realidad macroeconómica desmiente. El PIB de EE. UU. creció un 1,4% en el último trimestre de 2025, una cifra modesta que no justifica las valoraciones de burbuja que aún presentan muchos sectores tecnológicos.

Este hecho revela un desacoplamiento entre el precio de los activos y la realidad productiva. La inflación PCE del 0,4% en diciembre confirma que las presiones sobre el consumo siguen presentes, lo que reduce el margen de la Reserva Federal para bajar tipos y sostener las valoraciones. La consecuencia es que el capital inteligente, aquel que busca el valor a largo plazo, está abandonando el mercado estadounidense ante la evidencia de que el riesgo de caída es muy superior al potencial de subida. El diagnóstico de Hartnett es que el «dolor inversor» se desplazará de los mercados olvidados hacia el epicentro financiero de Nueva York.

El escenario base para 2026 es el de una guerra comercial de desgaste que acelerará la fragmentación del sistema financiero global. Si la administración Trump insiste en su arancel del 10% y el Supremo no logra imponer su autoridad, el capital seguirá fluyendo hacia zonas con mayor seguridad jurídica. Este hecho revela que el poder de una nación no solo se mide por su capacidad industrial, sino por la fortaleza de sus instituciones.

Esta rotación masiva será un mundo multipolar donde el dólar pierda parte de su capacidad de atracción. El diagnóstico es que EE. UU. está sacrificando su liderazgo financiero a cambio de un proteccionismo industrial que, irónicamente, podría no materializarse si los costes de capital siguen subiendo. En definitiva, el informe de Bank of America es el certificado de defunción de una era: la del dominio absoluto de Wall Street sobre los ahorros del planeta. El dinero ya no duerme en Nueva York; ha empezado a buscar fortuna en otros horizontes, y las represalias comerciales de Bruselas prometen asegurar que no regrese pronto.

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