El Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha asestado un golpe demoledor a la política económica de Donald Trump al declarar inconstitucionales, por una mayoría de 6 a 3, los aranceles globales impuestos por el mandatario el pasado año. La sentencia, que considera que la Casa Blanca abusó de los poderes de emergencia para puentear al Congreso, ha provocado un alivio inmediato en Wall Street, pero ha desatado una respuesta furibunda del presidente, quien ya ha anunciado un nuevo arancel del 10% durante 150 días invocando la Sección 122 de la Ley de Comercio. Este escenario sitúa a la primera economía del mundo en una zona de inseguridad jurídica permanente, con el Tesoro enfrentándose a la devolución de más de 175.000 millones de dólares en aranceles cobrados indebidamente.
El alivio de Wall Street: récords en medio de la tormenta
A pesar de la virulencia del conflicto institucional, el parqué neoyorquino ha recibido la noticia con una euforia contenida. Los principales índices finalizaron la sesión del viernes en terreno positivo, con sectores clave como el de consumo discrecional liderando las ganancias. El Dow Jones cerró con un avance del 0,48%, mientras que el S&P 500 y el Nasdaq 100 registraron alzas del 0,69% y 0,87%, respectivamente. Este hecho revela que los inversores priorizan el fin de la incertidumbre comercial y la perspectiva de menores costes operativos por encima del ruido político.
Lo más significativo de la jornada fue que el índice S&P 400 de mediana capitalización y el S&P 500 de industriales alcanzaron máximos históricos de cierre. La reacción del mercado sugiere que la eliminación de las barreras arancelarias actúa como un estímulo inmediato para la inversión, permitiendo a las compañías reajustar sus cadenas de suministro y liberar capital que estaba retenido para cubrir contingencias fiscales. Sin embargo, esta alegría bursátil podría ser efímera si el contraataque de Trump a través de la Sección 122 logra consolidar una nueva barrera comercial en los próximos días.
Uno de los datos más alarmantes que deja la sentencia es el impacto directo sobre las arcas públicas. Según el modelo presupuestario de Penn Wharton, el Gobierno de los Estados Unidos se enfrenta ahora al riesgo de tener que reembolsar más de 175.000 millones de dólares recaudados a través de los aranceles ahora declarados ilegales. Esta cifra supone un golpe masivo para el presupuesto federal y genera una incertidumbre contable sin precedentes para el Tesoro. La devolución de estas cuantías no solo afectaría al déficit, sino que obligaría a una reestructuración de los planes de gasto público previstos para 2026.
Este hecho revela la temeridad fiscal de una política basada en decretos de emergencia que carecían de una base jurídica sólida. «El Tesoro no solo pierde una fuente de ingresos vital, sino que debe afrontar una logística de devoluciones que podría colapsar la administración tributaria», señalan fuentes financieras. Para muchas empresas del sector retail y tecnológico, estos reembolsos representan un soplo de aire fresco que podría mejorar sus márgenes de beneficio en el próximo trimestre, actuando como un dividendo inesperado derivado de la victoria judicial contra la Casa Blanca.
La respuesta de Trump: el órdago de la Sección 122
Lejos de aceptar el veredicto del Supremo con resignación, Donald Trump ha reaccionado con una agresividad redoblada. En una comparecencia marcada por la indignación, el presidente anunció la firma de una nueva orden ejecutiva para imponer un arancel global del 10% durante 150 días. Para ello, ha invocado la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, una normativa diseñada para corregir desequilibrios graves en la balanza de pagos. Este movimiento es un desafío directo al poder judicial y busca mantener el proteccionismo mediante un resquicio legal diferente.
La consecuencia es una huida hacia adelante que prolonga la inestabilidad. Trump ha justificado esta decisión asegurando que, ante el "error" del tribunal, el país debe protegerse de la competencia desleal y aumentar sus ingresos. El diagnóstico es claro: la Casa Blanca está dispuesta a testar cada artículo del código comercial para evitar que las importaciones fluyan sin gravámenes. Este nuevo arancel, aunque temporal, mantiene la presión sobre los socios comerciales y garantiza que la guerra de precios continúe siendo la nota dominante en la agenda económica de 2026.
Tecnología y retail: los grandes beneficiados del fallo
El sector corporativo ha sido el primer gran beneficiado del revés judicial de Trump. Empresas dependientes de infraestructuras globales y hardware, como Dell, vieron subir sus acciones un 2,6%, mientras que firmas de medios digitales como Ziff Davis repuntaron un 4,3%. La lógica es sencilla: la eliminación de los aranceles reduce drásticamente los costes de los componentes importados y estabiliza las previsiones de gasto. El contraste con las caídas sufridas durante el anuncio de los aranceles el año pasado resulta revelador de la sensibilidad del sector tecnológico a la política comercial.
En el sector minorista, la subida del 1,92% de Williams-Sonoma y el alza del 0,73% del ETF SPDR Retail (XRT) demuestran que el mercado espera una recuperación de la demanda interna si los precios de los bienes importados comienzan a bajar. «Hoy las empresas tienen un respiro para resetear sus inventarios y cadenas de suministro tras meses de asfixia fiscal», apuntan analistas de Refinitiv. No obstante, la amenaza del nuevo arancel del 10% obliga a estas mismas compañías a mantener la cautela y no trasladar todavía el ahorro de costes al consumidor final, ante el riesgo de que la nueva orden ejecutiva de Trump entre en vigor de inmediato.
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Inflación y PIB: las sombras que el mercado ignora
A pesar del optimismo bursátil, los datos macroeconómicos subyacentes proyectan una sombra de duda sobre la salud real de la economía estadounidense. El crecimiento del PIB en el cuarto trimestre de 2025 se ralentizó más de lo esperado, confirmando que la actividad se está enfriando bajo el peso de la incertidumbre comercial. Paralelamente, el índice de precios de gastos de consumo personal (PCE), el indicador de inflación preferido de la Reserva Federal, subió un 0,4% en diciembre, superando las estimaciones del 0,3% y situando la rentabilidad del bono a 10 años cerca del 4,09%.
Este hecho revela que, aunque los aranceles sean tumbados por los jueces, la presión inflacionaria sigue latente en la economía. El diagnóstico de la Fed es que la inflación subyacente sigue siendo "pegajosa", lo que reduce las probabilidades de una bajada de tipos de interés en la próxima reunión de primavera. La consecuencia es un escenario de estanflación latente: crecimiento débil combinado con precios al alza, una mezcla tóxica que el mercado parece ignorar momentáneamente gracias a la victoria judicial contra Trump, pero que terminará imponiendo su ley en los próximos meses.
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Inseguridad jurídica permanente
La gran lección de la jornada es que la seguridad jurídica en los Estados Unidos atraviesa su momento más delicado de las últimas décadas. La batalla entre el Tribunal Supremo y la Casa Blanca deja a las empresas en un limbo legal donde las normas del juego pueden cambiar de la noche a la mañana mediante órdenes ejecutivas de urgencia. Este clima de confrontación institucional desincentiva la inversión a largo plazo y obliga a las multinacionales a mantener estructuras legales costosas para navegar por el laberinto arancelario de Washington.
El diagnóstico final es demoledor: la economía estadounidense ha entrado en un ciclo de "caos por decreto". Mientras Trump insista en eludir los fallos judiciales mediante alternativas legales como la Sección 122, el sistema multilateral de comercio seguirá fragmentado. La victoria de Wall Street de este viernes es, en realidad, un alivio táctico en una guerra de desgaste institucional que promete prolongarse durante todo 2026. La pregunta que se hacen ahora los analistas es cuánto tiempo podrá aguantar el PIB estadounidense este nivel de volatilidad política antes de que la confianza de los consumidores y de las empresas se quiebre de forma definitiva.