La plata salta un 2% y rompe la barrera de los 80 dólares
La sesión de este viernes ha dejado una imagen que el mercado no veía desde hace décadas: la plata superando los 80 dólares por onza, con un avance intradía superior al 2%.
El movimiento se produce en paralelo a un nuevo pico de tensión entre Washington y Teherán, después de que se filtrara que Estados Unidos estudia ataques limitados contra objetivos iraníes en cuestión de días. Irán, por su parte, ha advertido de que la retórica de la Administración Trump puede tener consecuencias “catastróficas” y asegura que sigue buscando una salida negociada a la crisis. En este contexto, los metales preciosos vuelven a actuar como refugio: el oro ronda ya los 5.000 dólares, mientras platino y paladio se suman al rally.
Un salto histórico en el precio de la plata
Según los datos de mercado consultados, la plata se disparó un 2,23% hasta los 80,18 dólares por onza a las 7:32 horas (ET). Se trata de un movimiento llamativo en una sesión en la que no se han conocido datos macro de primera magnitud, lo que subraya el peso del factor geopolítico en la reacción de los inversores. Para ponerlo en contexto, en el anterior gran rally del metal, en 2011, el precio apenas rozó los 50 dólares antes de desinflarse.
Lo relevante no es solo el nivel, sino la velocidad. En apenas dos semanas, el metal acumula una revalorización cercana al 15%, muy por encima del comportamiento medio de los últimos años. Este hecho revela un cambio brusco en la percepción del riesgo: parte del dinero que antes se refugiaba exclusivamente en el oro se está diversificando hacia la plata, que combina su función de activo refugio con un fuerte componente industrial.
La consecuencia es clara: muchos fondos que mantenían posiciones neutrales o incluso cortas se han visto obligados a recomprar a toda prisa, alimentando un movimiento de cobertura que explica buena parte de la verticalidad del rebote.
El factor geopolítico: Washington, Teherán y el miedo al ataque
El detonante inmediato del rally ha sido el aumento de la tensión entre Estados Unidos e Irán, después de que trascendiera que la Casa Blanca analiza ataques “limitados” contra infraestructuras militares y logísticas iraníes. El lenguaje recuerda a episodios anteriores en la región, pero el mercado percibe esta vez un riesgo mayor de escalada regional, con implicaciones directas sobre el precio del petróleo, las rutas comerciales y, por extensión, la inflación global.
Teherán ha respondido elevando el tono. Portavoces del régimen han advertido de que la retórica de Washington podría tener “consecuencias catastróficas para la estabilidad regional” y, al mismo tiempo, han reiterado que Irán busca una salida dialogada. Este doble mensaje —mano tendida y amenaza velada— contribuye a mantener la volatilidad.
Los gestores consultados interpretan este cruce de declaraciones como una señal de que ambos actores intentan ganar posición en la mesa de negociación, pero reconocen que cualquier error de cálculo puede desencadenar un choque directo. Y cuando la posibilidad de un evento extremo entra en el radar, los activos refugio reaccionan de inmediato.
El papel refugio de los metales preciosos
En este entorno, el movimiento de la plata no puede analizarse de forma aislada. El oro avanza un 0,30% hasta los 5.018,20 dólares por onza, consolidando niveles que hace apenas unos años parecían impensables. El platino sube un 2,64% hasta 2.121,28 dólares y el paladio se anota un 1,96% hasta 1.700,47 dólares. Todo el complejo de metales preciosos se mueve al alza, pero la plata destaca por la intensidad del mensaje.
Tradicionalmente, el oro ha sido el refugio por excelencia en periodos de tensión geopolítica y miedo a la inflación. Sin embargo, la plata ofrece un efecto palanca mayor: cuando el flujo hacia los activos refugio se intensifica, las subidas suelen ser más pronunciadas, pero también las correcciones posteriores. Ese carácter híbrido —refugio e insumo clave para sectores como el fotovoltaico, la electrónica o la automoción— añade una capa adicional a su comportamiento.
En las últimas jornadas, varios bancos de inversión han revisado al alza sus previsiones de precio para los próximos doce meses, con escenarios centrales que sitúan el metal entre 85 y 90 dólares, siempre que la tensión en Oriente Medio no se diluya de forma rápida y creíble.
Un nivel de precios sin precedentes
Que la plata supere los 80 dólares tiene una fuerte carga simbólica. Supone romper de forma clara el techo psicológico construido en torno a los máximos de 2011 y los picos especulativos de principios de los años 80. El contraste con aquellas fases resulta demoledor: entonces, los repuntes se apoyaban sobre todo en movimientos especulativos concentrados; hoy, el flujo comprador está mucho más diversificado, desde ETF cotizados hasta posiciones directas de bancos centrales y grandes patrimonios.
No obstante, el diagnóstico es inequívoco en un punto: el mercado de la plata es mucho más estrecho que el del oro, por lo que cualquier cambio en la demanda marginal se amplifica en el precio. Un aumento del 5-7% en las compras de inversión puede traducirse en repuntes de doble dígito en periodos muy cortos.
Al mismo tiempo, la oferta no reacciona con la misma agilidad. La mayoría de las minas tardan entre 18 y 24 meses en ajustar su producción a niveles de precios más altos. Esa rigidez a corto plazo alimenta el desequilibrio entre oferta y demanda y explica por qué los analistas hablan ya de un “nuevo régimen de precios” para el metal.
Impacto en mineras, industria y pequeños ahorradores
La subida de la plata tiene ganadores inmediatos. Las grandes mineras especializadas ven cómo sus márgenes se amplían de forma exponencial: con costes de extracción medios en torno a los 12-15 dólares por onza, vender a más de 80 dólares multiplica por cuatro o cinco su rentabilidad operativa. No es extraño que muchas de estas compañías acumulen revalorizaciones superiores al 30% en lo que va de año.
Para la industria, el efecto es menos benigno. Sectores intensivos en consumo de plata, como el fotovoltaico o la electrónica de alta gama, se enfrentan a un incremento considerable de sus costes de producción. Una subida sostenida obligaría a revisar contratos, ajustar cadenas de suministro e incluso replantear proyectos cuya rentabilidad se calculó con escenarios de precios muy inferiores.
En el lado del ahorrador minorista, el atractivo es evidente pero también el riesgo. Muchos pequeños inversores entran tarde en estos movimientos, seducidos por titulares de máximos históricos. El problema es que la volatilidad de la plata duplica con frecuencia la del oro, lo que convierte cualquier error de timing en una posible pérdida abultada si se produce una corrección brusca.
¿Corrección técnica o inicio de una burbuja?
La gran incógnita es si el movimiento actual responde a fundamentos sólidos o si el mercado empieza a internarse en terreno de sobrecompra especulativa. Algunos indicadores técnicos clásicos, como el RSI o las bandas de Bollinger, apuntan ya a un nivel de tensión elevado en el precio, típico de fases avanzadas de ciclo alcista.
Sin embargo, los defensores del rally alegan que la combinación de tipos reales deprimidos, inflación todavía por encima del objetivo del 2% en varias economías desarrolladas y un repunte del riesgo geopolítico justifica un nuevo escalón de valoración para los metales preciosos. A su juicio, más que una burbuja, estaríamos asistiendo a una recalibración estructural del papel de la plata en las carteras globales.
Lo más grave, advierten otros analistas, sería que la escalada se alimentara de productos altamente apalancados y estructuras complejas, como ocurrió en otros episodios de euforia financiera. En ese escenario, cualquier noticia de distensión entre Washington y Teherán podría desatar una oleada de ventas forzadas y un ajuste tan rápido como doloroso.

