Dow Jones pierde 300 puntos por miedo a un ataque a Irán
La sesión de este 19 de febrero marcó un antes y un después en el cómodo relato de rally infinito en Wall Street. El Dow Jones llegó a caer casi 350 puntos en los peores momentos de la jornada, arrastrado por American Express y Goldman Sachs, para cerrar finalmente con un descenso de 267,5 puntos, un -0,5%, hasta los 49.395 puntos. No fue una simple toma de beneficios: el detonante fue el salto del crudo ante el miedo a una acción militar de Estados Unidos contra Irán. Al mismo tiempo, el Brent subió en torno a un 1,9%, hasta 71,7 dólares, máximos desde julio, reabriendo el fantasma de un nuevo shock de oferta en el Estrecho de Ormuz.
El mercado empieza a asignar una probabilidad no trivial a un escenario en el que Irán trate de bloquear parcialmente el Estrecho, por donde transitan unos 20 millones de barriles diarios, alrededor del 20% del petróleo mundial, con un impacto directo sobre la inflación y, por extensión, sobre el calendario de recortes de tipos de la Reserva Federal. La consecuencia es clara: cuando Wall Street empezaba a dudar de un primer recorte de tipos en marzo, el riesgo geopolítico se interpone como un factor adicional de freno.
Para los inversores europeos y españoles, el giro no es menor. Un petróleo al alza golpea a la renta variable global, pero introduce un matiz clave en el Ibex 35, donde conviven grandes bancos muy sensibles al ciclo y a la curva de tipos con pesos pesados ligados al crudo. La pregunta, a partir de hoy, es si estamos ante un bache táctico o ante el inicio de un nuevo régimen de riesgo geopolítico que obligue a repensar carteras.
Un giro brusco tras varios récords
Hasta esta semana, el relato dominante en Wall Street era el de una corrección imposible: índices en máximos históricos, volatilidad deprimida y una Fed que, aun insistiendo en la prudencia, permitía al mercado fantasear con recortes inminentes. En ese contexto, el golpe de este jueves 19 destaca por el cambio de tono: el Dow rompe su racha alcista reciente y firma su mayor retroceso en semanas, con caídas intradía próximas al 0,7% y un cierre en -0,5%, mientras el S&P 500 y el Nasdaq ceden en torno al 0,3%.
La composición de las caídas es aún más reveladora. American Express se deja en torno a un 2% y Goldman Sachs cerca del 1,9%, explicando por sí solos casi la mitad del movimiento del índice. A ello se suman retrocesos en otros valores cíclicos y financieros, lo que transmite la idea de una corrección más cualitativa que cuantitativa: el mercado empieza a cuestionar los sectores que habían liderado la fase de complacencia.
Al mismo tiempo, el Dow sigue acumulando una subida en el entorno del 2-3% en lo que va de año, lo que sugiere que, de momento, estamos ante un ajuste dentro de un mercado todavía alcista en términos estructurales. Sin embargo, el detonante —el miedo a un conflicto abierto con Irán— introduce un tipo de riesgo mucho más difícil de modelizar que un simple cambio de ciclo o un dato macro adverso.
Financieras en el epicentro de la corrección
Que el movimiento lo lideren las financieras no es casualidad. A corto plazo, los bancos y las firmas de medios de pago como American Express se ven atrapados entre dos fuerzas que tiran en direcciones opuestas. Por un lado, un petróleo más caro amenaza con reavivar la inflación y obligar a la Fed a mantener tipos altos durante más tiempo. Por otro, un choque energético fuerte puede dañar el crecimiento y elevar la morosidad, especialmente en segmentos de crédito al consumo y pymes.
En la sesión, la combinación de estos dos vectores se tradujo en ventas en los grandes bancos de inversión y en las entidades más expuestas al ciclo global. El mercado empieza a descontar que el escenario “Goldilocks” —crecimiento razonable, inflación a la baja y recortes rápidos— es menos probable de lo que parecía hace apenas unas semanas.
Este hecho revela una vulnerabilidad de fondo: buena parte del rally de los últimos meses en Wall Street descansa en la idea de que la Fed podrá bajar tipos sin provocar una recesión. Si el petróleo se instala de forma sostenida por encima de los 75-80 dólares, el margen de maniobra de Powell se estrecha. Una parte del mercado teme, en esencia, que se reproduzca el patrón de 2022: bancos centrales forzados a elegir entre combatir la inflación o sostener el ciclo.
La consecuencia para las financieras es inequívoca: mayor volatilidad en márgenes, valoraciones más sensibles a cualquier ajuste en las expectativas de tipos y, en último término, una prima de riesgo más alta incorporada a sus múltiplos.
El Brent en máximos y el riesgo del Estrecho de Ormuz
El otro gran protagonista de la jornada fue el crudo. El Brent avanzó cerca de un 1,9%, hasta el entorno de los 71,7 dólares por barril, su nivel más alto desde julio, impulsado por el miedo a una escalada en Oriente Medio y por datos de fuertes descensos en inventarios de crudo en Estados Unidos.
El foco está en el Estrecho de Ormuz, chokepoint estratégico por el que transitan alrededor de 20 millones de barriles diarios, lo que equivale a aproximadamente un quinto del consumo mundial de petróleo. En las últimas semanas, Irán ha intensificado maniobras militares en la zona y Estados Unidos ha llegado a advertir a sus propios buques de bandera que se mantengan “lo más alejados posible” de aguas iraníes, un indicio claro del aumento de tensión en la región.
El escenario más extremo —un cierre total del Estrecho— implicaría un shock de oferta sin precedentes recientes, con potencial para empujar el Brent muy por encima de los 90 dólares en cuestión de días. Los mercados, hoy por hoy, no descuentan un desenlace tan radical, pero sí asignan una probabilidad creciente a interrupciones parciales, ataques a infraestructuras o episodios de “guerra de nervios” que alteren las rutas de transporte y las primas de seguro.
“El mercado ya no debate si el riesgo geopolítico importa o no, sino cuántos dólares adicionales de prima de riesgo está dispuesto a pagar por cada barril mientras dure el pulso entre Washington y Teherán”, resume un gestor europeo consultado por varias casas de inversión.
Inflación, Fed y el recorte de marzo que se desvanece
La otra pata de la historia está en Washington. Hasta hace pocas semanas, los futuros sobre fondos federales asignaban una probabilidad cercana al 50% a un primer recorte de tipos en la reunión de marzo. Esa probabilidad ha ido desinflándose y, según las últimas lecturas del CME FedWatch, se sitúa ya en el entorno del 20-25%, mientras el mercado desplaza sus apuestas hacia mayo o incluso junio.
Un shock de petróleo complica aún más el cuadro. Una regla de dedo ampliamente utilizada en los servicios de estudios estima que una subida sostenida de 10 dólares por barril puede añadir entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales a la inflación de EE. UU. en un horizonte de 12 meses. Si el Brent se estabilizara en torno a los 80 dólares, la Fed tendría difícil justificar una relajación rápida de su política sin arriesgarse a un nuevo repunte de la inflación subyacente.
En otras palabras, el mercado pasa de preguntarse “¿cuándo recorta la Fed?” a preguntarse “¿podrá recortar algo si el crudo se dispara?”. “Wall Street pasa de debatir el timing del primer recorte a evaluar la posibilidad de que la Fed tenga que mantenerse en pausa más tiempo del que puede tolerar el mercado de renta variable si el petróleo cruza el umbral psicológico de los 80 dólares”, señalan analistas de renta fija.
Lo más grave para las bolsas es que este giro llega después de un año de fortísima revalorización en muchos activos de riesgo, lo que deja poco colchón si la narrativa de tipos más bajos se aplaza sine díe.
El contagio a Europa: dólar fuerte y prima energética
El contraste con Europa resulta demoledor. El Viejo Continente llega a este nuevo episodio de tensión con un crecimiento débil, una industria todavía recuperándose del shock gasista de 2022 y una inflación que, aunque moderándose, se resiste a converger del todo al objetivo del 2%. Un repunte del crudo no golpea igual a una economía americana más flexible que a una eurozona intensiva en importaciones energéticas.
En las bolsas europeas, el movimiento de este jueves se tradujo en caídas generalizadas en índices como el EuroStoxx 50, con especial presión en autos, aerolíneas y sectores intensivos en combustible, mientras las petroleras actuaban como relativo refugio. Al mismo tiempo, el dólar se apreció frente al euro, abaratando en parte el impacto del crudo para Estados Unidos, pero encareciéndolo para Europa.
Para los bancos europeos, el mensaje es ambiguo. Por un lado, unos tipos altos durante más tiempo pueden sostener los márgenes de intereses. Por otro, un entorno de menor crecimiento y mayor volatility en mercados puede traducirse en menos negocio de crédito y más provisiones. El diagnóstico es inequívoco: Europa es el eslabón más frágil si el episodio de tensión en Oriente Medio se prolonga.
Ibex 35: petróleo aliado incómodo para una banca muy expuesta
En el caso español, el Ibex 35 se sitúa en una posición singular. El índice combina un peso relevante del sector bancario —Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell— con la presencia de gigantes ligados a la energía y al petróleo como Repsol, además de utilities con exposición a la cadena energética. Un petróleo al alza actúa como viento de cola para los resultados de las petroleras integradas, pero se convierte en un aliado incómodo para la banca.
Si el escenario base fuese un crudo estabilizado entre 75 y 85 dólares, el Ibex podría incluso aguantar mejor que otros índices europeos gracias al tirón de las energéticas, siempre que el crecimiento global no se deteriore bruscamente. Sin embargo, en un escenario de choque más agudo —Brent por encima de los 90 dólares, tipos altos más tiempo y repunte de la prima de riesgo en emergentes—, los bancos españoles podrían sufrir por su exposición a países más vulnerables al encarecimiento de la energía y a una posible apreciación adicional del dólar.
Para los inversores en carteras europeas, el mensaje es claro: el Ibex ofrece cobertura parcial frente al petróleo vía Repsol y/o valores afines, pero concentra riesgo macro vía banca. Ajustar pesos entre ambos bloques —energía y financiero— será clave si el conflicto escala.

