Lucid Group ha anunciado un drástico ajuste de plantilla que afectará al 12% de su fuerza laboral global. La medida, comunicada internamente por el consejero delegado interino, Marc Winterhoff, busca optimizar recursos en un momento en que el sector del vehículo eléctrico de lujo atraviesa una fase de enfriamiento de la demanda y volatilidad financiera. Pese a contar con el respaldo estratégico y financiero del fondo soberano de Arabia Saudí, la compañía se ve obligada a sacrificar cientos de puestos para garantizar la viabilidad de su cadena de montaje y acelerar un camino hacia la rentabilidad que se antoja cada vez más complejo.
El ocaso de la exuberancia en el sector EV
El sector del vehículo eléctrico (EV, por sus siglas en inglés) atraviesa un cambio de ciclo que ha pasado de la euforia inversora a un crudo realismo operativo. Lucid Motors, que en su salida a bolsa fue saludada como el competidor definitivo de Tesla en el segmento premium, se enfrenta ahora a una realidad económica incontestable: la demanda de berlinas eléctricas de más de 100.000 dólares ha tocado techo. El diagnóstico es inequívoco; la compañía necesita reducir su «burn rate» o velocidad de consumo de caja para no depender exclusivamente de las inyecciones de capital externo en un entorno de tipos de interés que siguen castigando las valoraciones de las tecnológicas.
Este hecho revela una vulnerabilidad sistémica en las llamadas «pure players» del coche eléctrico. A diferencia de los fabricantes tradicionales, que pueden compensar las pérdidas de sus divisiones eléctricas con los márgenes de los motores de combustión, Lucid solo dispone de una vía de ingresos. La consecuencia es clara: cualquier ralentización en las entregas se traduce de inmediato en una crisis de sostenibilidad. El recorte del 12% de la plantilla es, por tanto, una medida defensiva para evitar el destino de otras firmas como Fisker, que han sucumbido ante la imposibilidad de escalar su producción de forma rentable.
Lo más relevante del plan de reestructuración de Lucid no es solo la cifra de despidos —que se estima en unos 800 trabajadores basándose en su plantilla de 6.800 empleados a cierre de 2024—, sino dónde se aplican las tijeras. Marc Winterhoff ha blindado específicamente a los trabajadores por horas en las áreas de fabricación, logística y control de calidad. Este hecho revela que la dirección de la compañía es consciente de que su única tabla de salvación es mantener el ritmo de producción y la excelencia técnica de sus vehículos. El ajuste recae, por tanto, sobre las capas administrativas y de gestión intermedia que se sobredimensionaron durante los años de expansión desenfrenada.
«Estamos agradecidos por las contribuciones de los afectados por las acciones de hoy, y estamos proporcionando indemnizaciones, bonificaciones y beneficios de salud continuados para ayudarlos en este periodo», rezaba el memorando interno distribuido a la plantilla. Sin embargo, tras la retórica corporativa de agradecimiento se esconde la necesidad imperiosa de «optimizar recursos», un eufemismo que describe la urgencia por profesionalizar una estructura que ha gastado dinero a un ritmo muy superior al de sus ingresos operativos. La consecuencia es una organización más delgada, pero también más presionada para cumplir con unos objetivos de ventas que el mercado observa con escepticismo.
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El desafío de la rentabilidad por unidad
La gran tragedia de Lucid Motors no reside en la calidad de sus productos —el Lucid Air es ampliamente reconocido por su autonomía récord de más de 800 kilómetros—, sino en el coste de producirlos. Según los últimos informes financieros, la compañía pierde una cantidad significativa de dinero por cada unidad que sale de su planta de Arizona. Este hecho revela una ineficiencia en los procesos de fabricación y una cadena de suministro que no ha logrado las economías de escala necesarias para competir en precio. El contraste con Tesla, que ha iniciado una agresiva guerra de precios en el último año, resulta demoledor para los márgenes de Lucid.
La medida de despedir al 12% de la plantilla busca mejorar la efectividad operacional, pero difícilmente resolverá el problema de fondo si la demanda no repunta. En un mercado donde el consumidor está optando por modelos híbridos o vehículos eléctricos de entrada, el posicionamiento de ultra-lujo de Lucid se ha vuelto un nicho demasiado estrecho. La consecuencia es que la empresa se ve atrapada en una paradoja: necesita fabricar más para reducir costes, pero no puede fabricar más si no tiene pedidos en firme. Este círculo vicioso es el que ha forzado el ajuste laboral actual, una maniobra que intenta ganar tiempo ante los inversores.
El respaldo de Riad: ¿un cheque en blanco?
Es imposible analizar la situación de Lucid sin mencionar su relación con el Fondo de Inversión Pública (PIF) de Arabia Saudí, que posee aproximadamente el 60% de las acciones de la compañía. Hasta ahora, el PIF ha actuado como un prestamista de última instancia, inyectando miles de millones de dólares para mantener a flote la operación. Sin embargo, el anuncio de los despidos sugiere que incluso el capital saudí tiene límites y exige ahora resultados tangibles en términos de eficiencia. El diagnóstico es que Riad está presionando para que Lucid demuestre que puede ser una empresa viable por sí misma y no solo un proyecto de prestigio nacional.
Este hecho revela un cambio en la estrategia del fondo soberano, que ha diversificado sus apuestas en el sector de la movilidad eléctrica. La construcción de una planta de ensamblaje en Arabia Saudí es un compromiso a largo plazo, pero la viabilidad de la matriz en Estados Unidos sigue siendo la clave del arco. Si Lucid no logra estabilizar su estructura de costes, el PIF podría verse obligado a tomar decisiones más drásticas sobre su participación. La consecuencia de este ajuste de personal es un mensaje directo a los mercados: Lucid está intentando, por primera vez de forma seria, abandonar la mentalidad de startup para adoptar la disciplina de un fabricante industrial maduro.
La competencia china y el efecto Tesla
El panorama competitivo para Lucid se ha oscurecido notablemente con el desembarco de las marcas chinas en los mercados internacionales y el reposicionamiento de Tesla como una marca de volumen. Firmas como BYD o NIO están demostrando que pueden ofrecer tecnología de vanguardia a precios mucho más competitivos gracias a su control sobre la cadena de valor de las baterías. Este hecho revela que Lucid ya no solo compite contra Mercedes-Benz o BMW, sino contra un ecosistema asiático que se mueve con una agilidad y unos costes que la firma de Newark no puede igualar.
El contraste con el éxito relativo de Tesla resulta demoledor. Mientras Elon Musk ha logrado una integración vertical que le permite márgenes de beneficio por vehículo líderes en la industria, Lucid sigue externalizando componentes críticos que encarecen su producto final. El ajuste del 12% de la plantilla es también un síntoma de esta presión competitiva. La consecuencia es que Lucid se ve obligada a replegarse en sus cuarteles de invierno, recortando gastos en marketing y desarrollo corporativo para centrarse exclusivamente en la supervivencia del producto. La pregunta es si un recorte de cientos de empleados será suficiente para cerrar la brecha competitiva que se ha abierto con sus rivales globales.
Gravity como tabla de salvación
Todas las esperanzas de Lucid Motors para revertir su situación financiera están puestas en el lanzamiento de su próximo modelo, el SUV Gravity. La compañía confía en que este vehículo, que entra en el segmento más lucrativo del mercado estadounidense, logre el volumen de ventas que la berlina Air no ha conseguido alcanzar. Este hecho revela una estrategia de «todo o nada» que condiciona el futuro de la empresa a un solo lanzamiento. El ajuste de personal corporativo busca, en parte, liberar recursos para asegurar que la entrada en producción del Gravity no sufra los mismos retrasos que lastraron el inicio de la marca.
Sin embargo, el escenario futuro no está exento de riesgos. El segmento de los SUV eléctricos de lujo está ya saturado de competidores, desde el Rivian R1S hasta el Tesla Model X y las propuestas de las marcas alemanas tradicionales. El diagnóstico para Lucid es de una urgencia extrema: si el Gravity no se convierte en un éxito de ventas inmediato, el ajuste del 12% de la plantilla podría ser solo el primero de una serie de recortes más profundos que terminen por desmantelar la capacidad operativa de la firma. La consecuencia clara es que 2025 y 2026 serán años críticos para determinar si Lucid sobrevive como fabricante independiente o si acaba siendo absorbida por un conglomerado mayor.