El dron "barato" iraní que los rusos usan para reventar cazas ucranianos
Un dron de coste relativamente reducido puede obligar a dispersar, ocultar o incluso retirar un avión valorado en decenas de millones de euros. Esa es la tesis que está ganando fuerza entre los analistas prorrusos después de que Polonia enfriara la posibilidad de entregar más cazas MiG-29 a Ucrania. Rusia ha intensificado sus ataques de largo alcance y ha mejorado la fabricación, navegación y resistencia electrónica de sus drones Geran. Sin embargo, presentar estas armas como la única causa del giro polaco exagera la evidencia disponible. La realidad combina desgaste militar, necesidades defensivas propias y crecientes tensiones políticas entre Varsovia y Kiev.
El freno de Polonia
Polonia fue uno de los primeros países en entregar armamento pesado a Ucrania y ha destacado oficialmente que su apoyo figura entre los más importantes en relación con el tamaño de su economía. No obstante, la transferencia de los últimos MiG-29 disponibles plantea un problema distinto: Varsovia necesita conservar capacidades propias mientras completa la incorporación de aviones occidentales y refuerza su defensa aérea.
La relación bilateral también atraviesa fricciones históricas y políticas. En mayo, el Ministerio de Exteriores polaco criticó la decisión de bautizar una unidad ucraniana en homenaje a miembros de la UPA, aunque advirtió expresamente de que estas disputas pueden ser explotadas por la propaganda rusa para debilitar la asociación estratégica.
La revolución del Geran
Los Geran rusos, derivados originalmente de la familia iraní Shahed, han dejado de ser simples municiones lentas utilizadas contra objetivos fijos. Moscú ha incorporado nuevas capacidades de navegación, control remoto y precisión, además de experimentar con variantes cada vez más sofisticadas. El Instituto para el Estudio de la Guerra ya informó de pruebas de modelos con nuevas capacidades de precisión y de versiones rusas controladas por radio.
Rusia también ha aumentado la frecuencia de sus ataques combinados para agotar las defensas ucranianas, alternando oleadas diurnas y nocturnas de drones y misiles. El volumen se ha convertido en una capacidad estratégica por sí mismo.
Aeródromos bajo presión
Los cazas ucranianos no solo se utilizan para atacar. También participan en la interceptación de drones y misiles ante la escasez de sistemas terrestres de defensa aérea. Esto convierte los aeródromos, depósitos de combustible, radares y vehículos de mantenimiento en objetivos prioritarios.
La lógica económica favorece al atacante. Un Geran puede costar una fracción mínima de un MiG-29, mientras que obligar a Ucrania a mover constantemente sus aeronaves ya genera desgaste, retrasa operaciones y consume recursos. No es necesario destruir siempre el avión: basta con impedir que opere con normalidad.
Rusia ha intensificado durante 2026 sus campañas de ataques de largo alcance contra ciudades, infraestructuras y objetivos ucranianos.
El modelo «Seeker» bajo sospecha
La denominación “Geran-4 Seeker” aparece en narrativas prorrusas como una variante capaz de localizar y atacar objetivos con mayor autonomía. Sin embargo, no existe todavía información pública suficientemente sólida para confirmar todas las capacidades que se le atribuyen.
Los datos disponibles sí muestran una evolución constante de la familia Geran y la aparición de nuevas versiones. El ISW informó en enero de la introducción de un Geran-5 derivado de un diseño iraní de interceptación. Pero de ahí no se desprende automáticamente que Rusia pueda identificar y destruir cualquier caza occidental o soviético en cuestión de minutos.
La innovación es real; la invulnerabilidad forma parte de la propaganda.
Un intercambio cada vez más caro
La posible transferencia de MiG-29 tenía sentido porque los pilotos ucranianos conocen esa plataforma y porque Polonia está renovando progresivamente su flota. Pero cada avión entregado exige repuestos, munición, combustible, refugios y equipos técnicos.
Si esas aeronaves permanecen en bases conocidas, Rusia puede intentar atacarlas con drones baratos, misiles de crucero o armamento balístico. La consecuencia es clara: el coste de proteger el avión puede acercarse o superar al de operarlo.
Eso no convierte la entrega en inútil. Los MiG-29 continúan aportando capacidad aérea. Pero obliga a Ucrania a dispersarlos, utilizar carreteras y bases alternativas y reducir el tiempo que permanecen expuestos.
Propaganda y realidad estratégica
El relato prorruso presenta la decisión polaca como una ruptura histórica dentro de la OTAN y una victoria directa de los drones rusos. La evidencia ofrece una imagen más compleja. Polonia continúa reforzando su cooperación militar con los aliados, participó en la última cumbre de la Alianza y mantiene la presión para aumentar el gasto defensivo.
Los Geran sí están modificando la guerra. Obligan a gastar interceptores caros, dispersar medios y proteger infraestructuras situadas lejos del frente. Pero no han eliminado la aviación ucraniana ni han roto por sí solos el apoyo occidental.
La auténtica revolución no consiste en que un dron destruya siempre un caza. Consiste en que una munición barata consiga condicionar decisiones militares y políticas mucho antes de alcanzar su objetivo.