ITURRALDE: "Trump ha decidido pisar el acelerador con Irán. Va a cometer crímenes de guerra"

Análisis detallado sobre la escalada de tensión impulsada por Estados Unidos en Oriente Medio y el impacto de la corrupción en la crisis ucraniana, con implicaciones globales en el mercado energético y político.
Imagen en miniatura del vídeo con representación del estrecho de Bab el Mandeb y símbolos de tensión geopolítica.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
ITURRALDE: "Trump ha decidido pisar el acelerador con Irán. Va a cometer crímenes de guerra"
Donald Trump ha decidido «pisar el acelerador» contra Irán, según el analista Alberto Iturralde.
Su advertencia es especialmente grave: atacar centrales eléctricas, puentes u otros servicios esenciales podría causar un daño civil muy superior al provocado por una operación limitada contra instalaciones militares.
Estados Unidos ya ha reanudado el bloqueo naval y mantiene desplegados más de 50.000 militares en Oriente Medio.
La guerra entra así en una fase donde petróleo, rutas comerciales y población civil forman parte del mismo tablero.

El Mando Central estadounidense asegura que sus últimas operaciones han golpeado sistemas antiaéreos, radares costeros, almacenes de misiles, drones e instalaciones navales iraníes. Solo en la ofensiva del 8 de julio fueron atacados aproximadamente 90 objetivos militares.

Washington sostiene que pretende garantizar la navegación comercial por el Estrecho de Ormuz. Sin embargo, Trump ha amenazado con ampliar la campaña a infraestructuras energéticas y de transporte si Teherán rechaza negociar.

Iturralde interpreta esta evolución como una estrategia deliberada para quebrar la resistencia iraní. La presión ya no buscaría únicamente reducir su capacidad militar, sino alterar el funcionamiento económico del país.

El límite que marca la guerra

La afirmación de que Estados Unidos «va a cometer crímenes de guerra» constituye una valoración de Iturralde, no una conclusión judicial. El derecho internacional no prohíbe automáticamente atacar cualquier infraestructura civil: esta puede convertirse en objetivo militar si contribuye eficazmente a las operaciones enemigas.

Sin embargo, la protección continúa siendo estricta. El atacante debe demostrar la ventaja militar, minimizar las víctimas y evitar daños desproporcionados.

El Comité Internacional de la Cruz Roja advierte de que los ataques deliberados contra la electricidad, el agua, el combustible o la asistencia sanitaria pueden constituir crímenes de guerra. La legalidad dependerá del objetivo concreto, las precauciones adoptadas y sus efectos sobre la población.

La energía como arma global

La tesis más incisiva de Iturralde sostiene que Washington intenta reforzar su dominio energético debilitando simultáneamente a Irán, Rusia y determinados productores del Golfo. No existen pruebas públicas suficientes para presentar ese objetivo como un plan confirmado, pero el conflicto sí está reorganizando los flujos internacionales de crudo.

Por Ormuz circularon en 2024 unos 20 millones de barriles diarios, equivalentes aproximadamente al 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos.

Controlar, bloquear o encarecer esa ruta concede una capacidad de presión formidable. La energía deja de ser una consecuencia de la guerra y pasa a convertirse en una de sus armas principales.

Bab el-Mandeb, el segundo frente

La posible activación de los hutíes añade otro riesgo. Irán habría pedido a la milicia yemení que se prepare para bloquear Bab el-Mandeb si Estados Unidos ataca su red eléctrica, según tres fuentes citadas por Reuters.

El precedente resulta revelador. Los flujos petroleros por este estrecho descendieron desde 8,7 millones de barriles diarios en 2023 hasta cuatro millones durante los ocho primeros meses de 2024 por los ataques contra la navegación.

Un cierre simultáneo de Ormuz y Bab el-Mandeb obligaría a numerosos buques a rodear África, elevaría los costes logísticos y trasladaría rápidamente la crisis al precio del combustible, los alimentos y los productos industriales.

Iturralde describe a Israel como el brazo operativo de una estrategia estadounidense más amplia. Esa interpretación refleja su lectura geopolítica, aunque la alianza entre ambos países no permite atribuir automáticamente cada decisión israelí a una orden directa de Washington.

Irán, entretanto, está respondiendo mediante tácticas asimétricas. Teherán ha reivindicado ataques contra instalaciones estadounidenses en Baréin, Kuwait y Jordania, mientras mantiene la presión sobre la navegación regional.

El efecto dominó resulta evidente: cada ofensiva estadounidense amplía el número de objetivos potenciales y cada represalia iraní aumenta la probabilidad de involucrar a nuevos países. La escalada empieza a adquirir una dinámica propia.

Ucrania y la sombra de la corrupción

La crisis iraní coincide con una profunda remodelación del Gobierno ucraniano. Volodímir Zelenski ha sustituido a la primera ministra y apartado al ministro de Defensa Mykhailo Fedorov, una decisión que ha provocado protestas por su papel en la modernización militar y la lucha contra la corrupción.

Los relevos no prueban por sí mismos la existencia de una red destinada a desviar la ayuda occidental. Sí revelan, no obstante, una estructura política sometida a fuertes tensiones internas.

Ucrania obtuvo 36 puntos sobre 100 en el Índice de Percepción de la Corrupción de 2025 y ocupa el puesto 104 de 182 países. El problema existe, pero utilizarlo para desacreditar toda la asistencia internacional exige pruebas que actualmente no se han presentado.

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