La negativa de Albares a “cooperar militarmente” con EEUU pone bajo tensión un comercio bilateral de más de 46.000 millones y reabre el debate sobre el uso de las bases

España desmiente a la Casa Blanca y desafía el ultimátum comercial de Trump

La última escalada entre Madrid y Washington ha llegado por sorpresa, pero llevaba meses gestándose. José Manuel Albares ha desmentido “de plano” que España vaya a “cooperar militarmente” con Estados Unidos en la ofensiva contra Irán, corrigiendo públicamente a la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, y plantándose ante las presiones del presidente Donald Trump. Según Washington, España habría aceptado abrir sus bases a la operación militar tras las amenazas de Trump de cortar “todo el comercio” con el país. Moncloa replica justo lo contrario: “La posición del Gobierno sobre la guerra en Oriente Próximo y el uso de nuestras bases no ha cambiado”, recuerdan desde Exteriores. La disputa ya no es solo diplomática. Detrás del pulso político se esconden más de 46.000 millones de euros de intercambio comercial anual, miles de empleos vinculados al mercado estadounidense y la credibilidad de España como socio de la OTAN que dice “no a la guerra” pero mantiene tropas norteamericanas en Rota y Morón.

UNSPLASH / DANIEL_PRADO
UNSPLASH / DANIEL_PRADO

El choque estalló tras unas declaraciones de Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, asegurando que España “ha acordado cooperar con el ejército estadounidense” en la respuesta a Irán. Minutos después, fuentes de Moncloa y el propio Albares salieron a desmentirlo: “No es cierto. Desmentimos tajantemente. La postura de España no ha cambiado”, insistieron, subrayando que ninguna base española ha sido empleada en los ataques.

El contexto no puede ser más delicado. El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel que acabó con la vida del líder iraní Ali Jamenei ha elevado al máximo la tensión regional. España se ha alineado con la línea más prudente de la UE, exigiendo desescalada y respeto al derecho internacional, mientras Trump reivindica una respuesta “masiva” y no oculta su frustración con los aliados que se resisten a acompañarle en el terreno militar.

Lo más grave, sin embargo, es que el desmentido español no se produce en un vacío diplomático. Llega tras semanas de reproches públicos sobre el gasto en defensa, las sanciones a Irán y la negativa de Sánchez a permitir que los destructores estadounidenses desplegados en Rota participen desde aguas españolas en operaciones ofensivas. El diagnóstico es inequívoco: la confianza política entre La Moncloa y la Casa Blanca está en su nivel más bajo desde la invasión de Irak.

Las bases de Rota y Morón, en el centro del pulso

El núcleo del conflicto está en dos nombres propios: Rota y Morón de la Frontera, los enclaves que dan a EEUU una plataforma estratégica en el Estrecho y el Mediterráneo oriental. El convenio bilateral permite su uso para fines defensivos, pero cualquier operación que exceda ese marco exige autorización de España, algo que el Gobierno ha negado expresamente para ataques contra Irán.

Trump ha insinuado que, llegado el caso, EEUU podría usar las instalaciones “si quisiera”, desdibujando los límites jurídicos de un acuerdo que, al menos sobre el papel, exige consentimiento previo de Madrid. Ese mensaje ha alarmado a diplomáticos y juristas: si Washington ignorara las restricciones, se abriría una crisis de soberanía de primer orden y un precedente incómodo para el resto de socios europeos que albergan infraestructuras militares estadounidenses.

Este hecho revela, además, una contradicción de fondo. España ha reforzado su perfil en la OTAN –la Alianza calcula que el país ha alcanzado ya el objetivo del 2% del PIB en gasto de defensa, tras un incremento superior al 40% en apenas un año–, pero se resiste a comprometerse con operaciones ofensivas fuera del paraguas de Naciones Unidas. El contraste con otros aliados que han dado vía libre a EEUU para usar su territorio resulta demoledor para la narrativa de la Casa Blanca, que pretendía exhibir unidad.

Un comercio bilateral de 46.000 millones en riesgo

Cuando Trump amenaza con cortar “todo el comercio” con España, no se trata de una hipérbole inocua. Solo en 2025, el intercambio de bienes entre ambos países superó los 46.000 millones de euros, con unas exportaciones españolas a EEUU de 16.716 millones, el 4,3% del total vendido al exterior.

España compra más de lo que vende a Estados Unidos, pero en segmentos clave del tejido productivo –desde el aceite de oliva hasta la maquinaria industrial– el mercado norteamericano se ha consolidado como destino estratégico. El aceite de oliva español, por ejemplo, rozó los 1.000 millones de euros en ventas a EEUU el último año, mientras que la maquinaria y los aparatos eléctricos suman en conjunto más de 4.300 millones.

La consecuencia es clara: un embargo generalizado pondría en jaque cadenas de valor enteras, con impacto inmediato en exportadores agroalimentarios, fabricantes industriales y navieras. Aunque Estados Unidos solo absorbe algo más del 4% de las exportaciones españolas, la dependencia es mucho mayor en determinados sectores y regiones. La amenaza ya se siente en territorios como La Rioja, donde el comercio con EEUU superó los 132 millones en 2025, y donde el vino representa más del 40% de las ventas al otro lado del Atlántico.

Presión de Trump: de la OTAN al embargo comercial

El choque actual no es un episodio aislado, sino la culminación de una estrategia de presión que Trump lleva meses desplegando sobre España. Primero fue el reproche por el gasto en defensa y la exigencia de un objetivo del 5% del PIB –más del doble del estándar de la OTAN–, con la advertencia explícita de que los aliados “morosos” pagarían un precio en forma de aranceles y restricciones comerciales.

Después llegaron las críticas públicas por la negativa española a aumentar el despliegue militar en el flanco sur y la decisión de Sánchez de vetar el tránsito de armamento hacia Israel a través de puertos y bases españoles, en línea con una política exterior que combina condena a Hamás y a Teherán con una defensa activa del derecho internacional humanitario.

La amenaza de cortar “todos los lazos comerciales” con España por el rechazo a participar en la operación contra Irán supone un salto cualitativo. No solo por su dimensión económica, sino porque intenta convertir el comercio en un arma disciplinaria dentro de la propia OTAN, tensionando también la relación de Washington con Bruselas. No es casualidad que la UE haya reaccionado recordando que la política comercial es competencia exclusiva comunitaria, no de los Estados miembros de forma bilateral.

Las líneas rojas de España y el paraguas de la UE

Frente a la narrativa de la Casa Blanca, el Gobierno español insiste en que su posición se mantiene inalterada desde el inicio de la crisis: “no a la guerra” y “respeto estricto al derecho internacional”. Albares ha reiterado estos días que la prioridad es evitar una escalada regional tras el ataque a Irán, alertando de sus “consecuencias imprevisibles” y reclamando una respuesta coordinada desde Bruselas.

La clave jurídica está en dos planos. Primero, el bilateral: los acuerdos que regulan el uso de Rota y Morón establecen límites y procedimientos de consulta que España considera ineludibles. Segundo, el comunitario: cualquier represalia comercial de EE UU contra España afectaría en realidad a la Unión Europea en su conjunto y se enfrentaría a la respuesta coordinada de los Veintisiete.

Lo más relevante a medio plazo es que España ha logrado reforzar su perfil europeo sin romper con la OTAN. La Alianza reconoce que el país ya cumple el 2% de gasto en defensa, mientras que la diplomacia española lidera en Bruselas los llamamientos a la desescalada en Oriente Próximo. El contraste con la retórica maximalista de Trump deja a Madrid en una posición incómoda, pero también le permite presentarse como socio fiable que prioriza la legalidad internacional frente a decisiones unilaterales.

El impacto sectorial: vino, aceite y bancos en guardia

En el terreno empresarial, las alarmas están encendidas. Sectores enteros dependen del mercado norteamericano para mantener márgenes y empleo. Aceite, vino, jamón, maquinaria, aparatos eléctricos y productos farmacéuticos concentran una parte sustancial de las exportaciones a EEUU, especialmente desde comunidades como Andalucía, La Rioja, Cataluña o Madrid.

La banca tampoco es ajena al pulso político. La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, se ha visto obligada a reclamar públicamente “entendimiento” entre ambos países, subrayando que Estados Unidos es uno de los pilares del negocio internacional del grupo, especialmente tras la reciente compra de Webster Financial por más de 12.000 millones de dólares.
Para las entidades financieras, un deterioro severo de la relación política podría traducirse en mayor incertidumbre regulatoria, presión sobre sus valoraciones y dudas de los inversores internacionales.

Mientras tanto, el tejido exportador intenta leer entre líneas. Un escenario de aranceles selectivos –como los vividos en anteriores guerras comerciales– podría encarecer el acceso al mercado estadounidense entre un 10% y un 25% para determinados productos, abriendo la puerta a competidores como Túnez, Chile o Argentina en segmentos de alto valor añadido como el aceite de oliva o el vino embotellado.o: España está dispuesta a reforzar su papel en la OTAN y en la UE, pero no a convertirse en plataforma automática de operaciones ofensivas diseñadas desde la Casa Blanca.

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