Un experto dice qué hacer ante una crisis como el terremoto de Venezuela: fotos, puntos de reunión y documentos

Terremoto venezuela
Terremoto venezuela

La mayoría de familias tiene contratado un seguro de coche, un seguro de hogar, revisa la ITV, paga recibos y organiza las vacaciones con semanas de antelación. Sin embargo, muy pocas tienen preparado algo mucho más básico: un plan familiar de emergencias. Esa es la advertencia que lanza Manolo Cámara, que insiste en que no se trata de vivir con miedo, sino de estar mínimamente preparados para situaciones extraordinarias que, aunque parezcan lejanas, pueden sucederle a cualquiera.

Su mensaje es directo: ante un apagón, una riada, un incendio, un terremoto, una fuga de gas o un problema grave de abastecimiento, lo peor no es solo el desastre en sí. Lo peor es no saber qué hacer, no tener un punto de reunión, no saber quién recoge a los niños, no tener documentación a mano o depender por completo del móvil y de la tarjeta bancaria.

El primer paso: saber qué haría cada miembro de la familia

Para Cámara, el punto de partida es sencillo: cada familia debe sentarse y pensar quiénes son sus miembros, qué necesidades tienen y qué papel podría asumir cada uno en caso de emergencia. No es lo mismo una familia con niños pequeños que una con personas mayores, alguien con problemas de movilidad, un familiar con Alzheimer o un miembro con conocimientos médicos, técnicos o logísticos.

La idea es elaborar una pequeña ficha familiar con información básica: edades, enfermedades, medicación, teléfonos, capacidades y posibles limitaciones. En una situación normal puede parecer exagerado. En una emergencia, puede ser la diferencia entre improvisar o actuar con rapidez.

Cámara también recuerda algo que muchas veces se olvida: las mascotas. Cada vez más familias conviven con perros, gatos u otros animales, y en una evacuación también hay que pensar en ellos. Conviene tener previsto transportín, comida, agua, documentación sanitaria, vacunas al día, chip y, en algunos casos, bozal. Si hay que salir de casa por un incendio, una riada o cualquier otra amenaza, no se puede dejar esa decisión para el último minuto.

Fotos de los familiares: una medida simple que puede ser vital

Uno de los consejos más llamativos de Manolo Cámara es llevar en la mochila fotografías impresas de los familiares. No solo imágenes, sino fotos con datos básicos detrás: nombre, edad, altura aproximada, teléfono de contacto, patologías o cualquier información relevante.

El motivo es muy práctico. En una emergencia real, el móvil puede perderse, quedarse sin batería, romperse o no tener cobertura. Si una persona busca a un familiar desaparecido, enseñar una fotografía impresa a la Policía, Guardia Civil, Protección Civil o vecinos puede ser mucho más rápido y útil que intentar describirlo de memoria.

Cámara recomienda guardar esas fotos dentro de un plástico protector para que no se mojen. También plantea que puedan utilizarse en tablones o puntos de información en caso de desapariciones, como ocurre tras grandes inundaciones, incendios o evacuaciones masivas.

Documentación en un pendrive y también en la nube

Otro bloque esencial del plan es la documentación. Cámara recomienda tener copias digitales del DNI, pasaporte, cartilla sanitaria, seguros, escrituras, documentación de la vivienda, seguro de vida, seguro del coche, billetes de viaje y cualquier papel importante.

Su propuesta es doble: llevar una copia en un pendrive y, además, enviarse esa información al propio correo electrónico o guardarla en la nube. La razón es evidente. Si una casa queda arrasada por un incendio, una erupción, una riada o una explosión, puede desaparecer también toda la documentación física.

El ejemplo que menciona es muy claro: en situaciones como la del volcán de La Palma, hubo personas con viviendas afectadas que después tuvieron dificultades para acreditar determinados datos o propiedades porque la documentación era antigua o se perdió. Por eso, tener una copia accesible desde cualquier lugar puede ahorrar problemas enormes.

También aconseja hacer fotos del interior de la vivienda: muebles, electrodomésticos, estado de la casa, objetos de valor y daños después de una emergencia. Esto puede ser fundamental a la hora de reclamar al seguro. Si se tira todo demasiado rápido sin documentarlo, luego puede ser mucho más difícil justificar las pérdidas.

Puntos de reunión y códigos familiares sencillos

El gran problema en una emergencia no siempre es la falta de recursos, sino la falta de coordinación. Cámara pone un ejemplo muy cotidiano: un apagón o un terremoto cuando el padre está trabajando, la madre en otro lugar y los hijos en el colegio. ¿Quién recoge a los niños? ¿Dónde se reúne la familia? ¿Qué se hace si no hay móvil, WhatsApp ni internet?

Por eso propone establecer puntos de reunión. Uno cercano a casa, a unos cientos de metros, y otro más alejado por si no se puede acceder al primero. También recomienda pactar códigos simples, incluso señales físicas, como dejar un trapo de un color determinado en una ventana para indicar que la familia ya ha salido hacia otro punto.

No basta con hablarlo una vez. Hay que practicarlo. Cámara insiste en que los niños pueden vivirlo como un juego: ir al punto de reunión, hacer una pequeña ruta, probar una linterna, cocinar con camping gas o aprender cómo actuar si no hay comunicación. La preparación no tiene por qué ser dramática; puede convertirse en una actividad familiar útil.

Comida, agua, botiquín y herramientas en casa

El plan familiar también debe incluir un pequeño almacén doméstico adaptado a las posibilidades de cada casa. No se trata de convertir la vivienda en un búnker, sino de tener comida, agua, botiquín, linternas, pilas, radio, herramientas básicas, medicación imprescindible y algunos elementos de autonomía.

Cámara recuerda que cada zona tiene riesgos distintos. En Canarias puede preocupar una erupción, un problema marítimo o un corte logístico. En Valencia, las riadas. En el Pirineo, la nieve. En zonas rurales, los incendios. Y en cualquier lugar puede haber apagones, fugas de gas, problemas de suministro o fallos de comunicaciones.

La clave es pensar qué puede afectar realmente a cada familia y preparar una respuesta proporcionada. No todos necesitan lo mismo, pero todos deberían tener algo.

Dinero en efectivo: el apagón demostró su importancia

Uno de los puntos más prácticos del mensaje de Cámara es el dinero en metálico. En una sociedad acostumbrada a pagar con tarjeta o con el móvil, mucha gente ya no lleva efectivo. El problema aparece cuando se va la luz, fallan los datáfonos o no funcionan los cajeros.

Cámara recomienda llevar siempre algo de dinero en la cartera, por ejemplo 100 o 200 euros, y tener más efectivo guardado en casa según la economía de cada familia: 500, 1.000, 1.500 o 2.000 euros. El objetivo no es acumular por miedo, sino poder pagar una botella de agua, un taxi, gasolina, comida o una farmacia si el sistema digital deja de funcionar.

El reciente ejemplo del apagón sirve como advertencia: muchas personas no podían comprar nada simplemente porque no tenían efectivo. En una emergencia, depender al 100% del pago digital puede dejar a cualquiera bloqueado.

Del plan familiar al plan vecinal y municipal

Cámara no se queda en la familia. También defiende la necesidad de un plan vecinal y de planes municipales realmente prácticos. En muchos edificios, los vecinos ni siquiera se conocen. Puede haber un médico, un electricista o alguien con conocimientos útiles viviendo en la planta de arriba y nadie lo sabe.

Su propuesta es avanzar por niveles: primero la familia, luego el edificio o la comunidad de vecinos y después el municipio. En una crisis grande, la población debería saber dónde se instala el puesto de mando, dónde está el punto de socorro, dónde se reparte comida, qué alarmas suenan, qué significan y cuáles son las rutas de evacuación.

Critica que muchos planes municipales sean documentos muy largos que acaban en un cajón y que la población no conoce. Para que un plan funcione, debe ser realista, sencillo, comunicado y ensayado. Si nadie sabe qué hacer cuando llega el desastre, el plan existe solo sobre el papel.

La preparación no evita el desastre, pero reduce sus consecuencias

El mensaje final de Manolo Cámara es que prepararse no significa vivir asustado. Significa aceptar que hay circunstancias extraordinarias que pueden ocurrir y que conviene tener pensadas antes. Un plan familiar de emergencias, una mochila básica, documentación digitalizada, fotos de familiares, algo de efectivo y puntos de reunión no eliminan una riada, un incendio o un apagón, pero pueden hacer que sus consecuencias sean menos graves.

La idea es sencilla: cuando llega una emergencia, el desastre puede seguir ocurriendo, pero será “menos desastre” si la gente sabe cómo actuar.

En un mundo donde ya se han visto apagones, inundaciones, incendios, erupciones, guerras cercanas y problemas de suministro, la improvisación no debería ser la única respuesta. Prepararse con sentido común puede parecer innecesario hasta que llega el día en que se vuelve imprescindible.

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