Hezbolá lanza una salva de misiles contra la base Dado en el norte de Israel
La tensión en la frontera entre Israel y Líbano dio esta madrugada un nuevo salto cualitativo. Hezbolá aseguró que sus combatientes lanzaron un ataque con misiles a las 3:30 de la madrugada contra el cuartel general de la Comandancia Norte del Ejército israelí, conocido como base Dado y situado en las afueras de Safed. En paralelo, medios oficiales libaneses informaron de que tropas israelíes han penetrado en la localidad de Khiam, en el sur del país, consolidando una presencia terrestre más profunda de la reconocida hasta ahora. El intercambio de fuego se produce tras días de bombardeos israelíes sobre decenas de localidades libanesas, incluidas zonas de los suburbios del sur de Beirut. El impacto real del ataque contra la base Dado no ha sido verificado de forma independiente, pero el mensaje político y militar de Hezbolá es inequívoco: el norte de Israel vuelve a situarse en el centro del tablero y el riesgo de una escalada abierta crece por horas.
En su comunicado, difundido por la agencia baha news, Hezbolá justifica la operación como respuesta directa a la reciente campaña aérea israelí sobre Líbano. “En respuesta a la agresión criminal israelí que ha golpeado decenas de ciudades y pueblos libaneses, incluidos los suburbios del sur de Beirut, los muyahidines de la Resistencia Islámica han atacado a las 3:30 de la madrugada la sede del mando norte del ejército enemigo en Safed con un misil de impacto preciso”, afirma el grupo.
La organización no detalla el tipo de proyectil empleado ni el número de misiles lanzados, pero insiste en que el objetivo se habría alcanzado con “lesiones precisas”. De momento, el Ejército israelí no ha ofrecido una versión oficial de este incidente concreto ni ha informado de posibles daños materiales o personales, un silencio habitual en las primeras horas tras este tipo de ataques.
Más allá de la veracidad exacta de la descripción, el movimiento encaja en la estrategia de golpear no solo posiciones fronterizas, sino nodos de mando de alto valor simbólico y operativo. No es la primera vez que Hezbolá afirma atacar la base Dado, lo que subraya el carácter recurrente de este objetivo en su narrativa militar.
La base Dado, cerebro del frente norte israelí
La base Dado es mucho más que un simple acuartelamiento. Se trata del cuartel general de la Comandancia Norte del Tsahal, desde donde se dirigen las operaciones terrestres en el frente libanés y sirio y se diseñan los planes de ataque y defensa en el norte de Israel. A apenas una docena de kilómetros de la frontera, Safed combina valor estratégico y carga simbólica para la opinión pública israelí.
En los últimos años, este complejo ha pasado de ser un escenario habitual de visitas de primeros ministros y ministros de Defensa —pensado para proyectar imagen de control— a convertirse en objetivo prioritario de Hezbolá. En enero de 2024, el propio Ejército israelí reconoció que la Comandancia Norte sufrió daños en infraestructuras tras un ataque con drones y cohetes, si bien insistió en que la base siguió operando con normalidad.
Ese precedente explica por qué la nueva reivindicación de Hezbolá se lee en Israel como una posible brecha en la burbuja de seguridad de sus centros de mando. Incluso si los daños fueran limitados, el mero hecho de que la base tenga que activar protocolos de emergencia altera el flujo de mando en un momento de máxima tensión en toda la región.
Khiam, nueva línea roja en el sur de Líbano
Mientras los focos se centran en Safed, el movimiento en tierra puede ser aún más significativo. La agencia estatal libanesa informó de que unidades israelíes han entrado en Khiam, una localidad del sur de Líbano fuertemente asociada a la memoria de la ocupación israelí anterior al año 2000. Esa presencia se interpreta en Beirut como un salto cualitativo respecto a las incursiones puntuales de las últimas semanas.
Según fuentes internacionales, Israel ha ido incrementando su despliegue en el sur de Líbano con el objetivo declarado de crear una franja de seguridad que aleje a las unidades de Hezbolá de las comunidades israelíes fronterizas. El avance habría obligado al Ejército libanés a replegarse desde al menos 25 posiciones cercanas a la frontera, debilitando su capacidad de actuar como colchón entre las partes.
Khiam, situada en el distrito de Marjayún, se encuentra además en el mapa de localidades donde Israel ya venía realizando operaciones selectivas contra supuestas infraestructuras de Hezbolá. La combinación de fuego a distancia y presencia sobre el terreno refuerza la sensación de que el conflicto ha entrado en una fase más arriesgada, con la línea de separación entre “incursión limitada” y “operación terrestre de envergadura” cada vez más difusa.
Una escalada en plena guerra regional con Irán
Todo ello ocurre en un contexto regional excepcionalmente volátil. Desde finales de febrero, Israel y Estados Unidos desarrollan una campaña militar conjunta de gran intensidad contra objetivos iraníes, enmarcada en operaciones bautizadas como “Epic Fury” y “Lion’s Roar”. Irán, por su parte, ha respondido con ataques de misiles y drones contra bases estadounidenses y objetivos israelíes en la región.
La consecuencia es una superposición de conflictos: la guerra de desgaste entre Israel y Hezbolá en el frente libanés se mezcla con la confrontación directa entre Teherán y Washington/Israel. En este tablero, el norte de Israel y el sur de Líbano se convierten en uno de los puntos más sensibles, donde cualquier error de cálculo podría desencadenar una escalada difícil de contener.
Hezbolá, brazo armado clave del eje iraní, busca demostrar que puede golpear infraestructuras críticas israelíes incluso en plena ofensiva sobre Irán, evitando a la vez una guerra total que pondría al límite sus capacidades. Israel, en cambio, persigue degradar la red militar del grupo en Líbano a base de bombardeos y operaciones puntuales para minimizar el riesgo de un segundo frente plenamente abierto mientras combate a Irán.
El impacto económico: energía cara y primas de riesgo al alza
Cada salto en la escalada militar se traslada casi de inmediato a los mercados energéticos y financieros. El endurecimiento del pulso con Irán ha provocado interrupciones y amenazas de bloqueo en el Estrecho de Ormuz, el cuello de botella por el que transita alrededor de una quinta parte del petróleo mundial. El resultado ya se deja ver en repuntes del crudo y en encarecimiento de los seguros marítimos.
Estados Unidos ha anunciado incluso mecanismos de seguro público para los buques comerciales que transiten por la zona, conscientes de que los costes de asegurar esos trayectos se disparan cuando las aseguradoras calculan el riesgo de nuevos ataques. Para las economías europeas, muy castigadas por la inflación energética desde 2022, una nueva escalada en Oriente Próximo supone un factor de inestabilidad que puede truncar la senda de desinflación y obligar a prolongar políticas monetarias restrictivas.
El posible ensanchamiento del frente en Líbano añade otra capa de riesgo. Un conflicto prolongado en el norte de Israel podría afectar a infraestructuras críticas, plantas industriales y rutas terrestres clave para el comercio regional, incrementando las primas de riesgo soberano de los países más expuestos y tensionando aún más las cuentas públicas de un Líbano ya técnicamente en bancarrota.
Desplazados, infraestructuras y el coste interno para Líbano
En el terreno humanitario, el balance de las últimas semanas es alarmante. Los bombardeos israelíes sobre territorio libanés y los ataques de Hezbolá contra Israel han provocado una nueva oleada de desplazados internos. Solo en los primeros compases de la campaña actual, al menos 30.000 personas han abandonado ya sus hogares en el sur de Líbano, huyendo de las zonas más castigadas por los ataques.
A esta cifra se suman los daños acumulados de más de un año de fuego cruzado, que incluyen centenares de viviendas destruidas, carreteras cortadas y subestaciones eléctricas dañadas desde Baalbek y Hermel hasta las localidades fronterizas del sur. Todo ello en un país que vive una de las peores crisis financieras de su historia, con una devaluación de más del 90 % de su moneda en los últimos años y un sistema bancario prácticamente paralizado.
La consecuencia es clara: cada nueva ronda de ataques reduce el margen de maniobra del Estado libanés para reconstruir infraestructuras básicas y sostener unos servicios públicos ya al límite. Las comunidades del sur, donde Hezbolá tiene su principal base social, soportan un doble coste: el humano inmediato de la guerra y el económico de una reconstrucción que se retrasa indefinidamente.
Una frontera que ya ardía: el balance de las últimas semanas
Lejos de ser un estallido aislado, el ataque contra la base Dado se inserta en una dinámica de desgaste continuado. Entre el 16 y el 22 de febrero, operaciones israelíes en Líbano causaron al menos 14 muertos —la mayoría combatientes de Hezbolá— y 27 heridos, según recuentos independientes. En la semana siguiente, el Ejército israelí intensificó de nuevo sus acciones y llegó a bombardear objetivos de Hezbolá tan al norte como Baalbek y Hermel.
Solo en los últimos días, Israel ha atacado más de 160 objetivos vinculados al grupo chií en el sur de Líbano, incluidos depósitos de armas y posiciones de su unidad de operaciones especiales Radwan. En paralelo, Hezbolá ha mantenido un flujo constante de cohetes y drones contra el norte de Israel, concentrándose en puestos militares, pero con impactos puntuales en zonas urbanas de Safed y otras localidades.
Ese patrón de “golpe y contragolpe” explica por qué cada nuevo ataque a infraestructuras de mando —como la base Dado— se percibe como un escalón más en una escalera sin salida clara. Conforme se amplía la lista de objetivos estratégicos golpeados, se reduce el espacio político para una desescalada rápida.

