Irán abre la puerta a negociar con EEUU pese a la escalada militar

Teherán condiciona la reanudación del diálogo al cumplimiento del acuerdo firmado en junio, mientras denuncia ataques estadounidenses contra infraestructuras civiles y sanitarias.

Estados Unidos - Irán
Estados Unidos - Irán

Irán ha dejado abierta la posibilidad de retomar las negociaciones con Estados Unidos, pero exige que cualquier contacto responda a sus intereses nacionales y que Washington cumpla los compromisos asumidos. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, confirmó este lunes que Teherán ha intercambiado mensajes con distintos intermediarios durante los últimos días.

La señal diplomática llega, sin embargo, en plena escalada militar. Irán acusa a Estados Unidos de vulnerar el memorando firmado el 18 de junio de 2026 y de atacar instalaciones civiles, centros médicos y otras infraestructuras estratégicas. La puerta al diálogo sigue entreabierta. El problema es que la confianza entre las dos partes se encuentra prácticamente destruida.

Una apertura condicionada

Baghaei evitó descartar definitivamente nuevas conversaciones con Washington. Su posición fue calculadamente ambigua: Irán negociará cuando considere que el diálogo protege sus intereses nacionales, pero no aceptará contactos bajo presión militar.

El mensaje supone un cambio de tono respecto a declaraciones difundidas días antes, cuando responsables iraníes afirmaron que no existían condiciones para volver a la mesa mientras continuaran los ataques estadounidenses. Teherán parece diferenciar ahora entre mantener canales indirectos y formalizar una negociación política.

Los contactos a través de terceros nunca llegaron a desaparecer por completo. Omán, Pakistán y otros actores regionales han desempeñado tradicionalmente un papel de intermediación. La existencia de mensajes recientes revela que, incluso durante los episodios de mayor tensión, ambas partes buscan conservar una vía de comunicación de emergencia.

El memorando en disputa

El origen inmediato de la crisis está en el denominado memorando de Islamabad, firmado digitalmente el 18 de junio para extender durante 60 días el cese de hostilidades y facilitar conversaciones sobre el programa nuclear iraní, el levantamiento de sanciones y la seguridad del estrecho de Ormuz.

Teherán sostiene que el texto es «claro y no está abierto a interpretación». Según Baghaei, no existe justificación jurídica o política para que Estados Unidos incumpla sus obligaciones.

Washington e Irán se acusan mutuamente de haber roto el entendimiento. El Gobierno iraní afirma que los ataques estadounidenses contra su costa meridional vulneraron expresamente el primer apartado del acuerdo. Estados Unidos, por su parte, atribuye la reanudación de las operaciones a los ataques iraníes contra embarcaciones e instalaciones militares.

Diplomacia bajo los ataques

La contradicción es evidente. Mientras los intermediarios trasladan mensajes entre las capitales, los dos países continúan intercambiando ataques y amenazas. La diplomacia ya no busca únicamente construir un acuerdo estable, sino impedir que cada incidente desencadene una confrontación todavía mayor.

Irán ha asegurado que responderá únicamente contra bases e instalaciones utilizadas por Estados Unidos para atacar su territorio. Washington sostiene que sus operaciones pretenden reducir la capacidad iraní de amenazar la navegación comercial.

La negociación se desarrolla así bajo una lógica de coerción: cada parte intenta mejorar su posición militar antes de regresar formalmente a la mesa.

Este hecho revela la fragilidad del memorando. El documento consiguió establecer un marco temporal, pero no creó mecanismos suficientemente sólidos para verificar incumplimientos, investigar ataques o imponer una desescalada automática.

Infraestructuras civiles en el centro

Baghaei denunció especialmente los ataques contra hospitales, instalaciones sanitarias y otras infraestructuras civiles. Irán asegura que las operaciones estadounidenses realizadas durante julio han causado al menos 50 muertos y más de 500 heridos, cifras procedentes de fuentes iraníes que no han podido ser verificadas de forma independiente.

La ofensiva también habría alcanzado instalaciones de transporte, almacenamiento y suministro. Para Teherán, estos objetivos demuestran que Washington ha superado el ámbito estrictamente militar.

Lo más grave es el efecto acumulativo. La destrucción de carreteras, centros logísticos, depósitos energéticos o instalaciones médicas eleva el coste humanitario y dificulta cualquier alto el fuego posterior. También refuerza a los sectores iraníes contrarios a negociar con Estados Unidos.

El petróleo refleja el riesgo

La escalada ha vuelto a trasladarse al mercado energético. En una de las jornadas de mayor tensión, el barril de Brent subió un 4,2%, hasta los 79,18 dólares, impulsado por el temor a nuevas interrupciones en el estrecho de Ormuz.

Por este paso marítimo circula una parte esencial del petróleo y del gas exportados desde el golfo Pérsico. Cualquier bloqueo prolongado tendría efectos directos sobre la inflación, el transporte y los costes industriales de las economías importadoras.

La consecuencia es clara: el enfrentamiento ha dejado de ser una cuestión bilateral. Europa y Asia quedarían especialmente expuestas a un encarecimiento sostenido de la energía, mientras los países del Golfo afrontarían riesgos crecientes sobre sus puertos, refinerías y rutas comerciales.

Una negociación sin confianza

La posibilidad de retomar las conversaciones existe, pero el margen político es reducido. Irán exige garantías de que Estados Unidos respetará el memorando; Washington pretende que Teherán limite sus acciones en Ormuz y acepte negociar bajo condiciones más exigentes.

El diagnóstico es inequívoco: hay canales diplomáticos, pero todavía no existe confianza suficiente para convertirlos en un acuerdo estable. Cada ataque reduce el espacio de los negociadores y aumenta el peso de los sectores partidarios de prolongar la confrontación.

Baghaei ha enviado una señal cuidadosamente medida. Teherán no renuncia a la diplomacia, aunque tampoco está dispuesto a presentarla como una concesión. La continuidad de las conversaciones dependerá menos de las declaraciones públicas que de la capacidad de ambas partes para detener los ataques y demostrar, con hechos verificables, que el memorando conserva algún valor.

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