Irán asegura destruir tres F-35 y golpea el nervio de Ormuz

Teherán atribuye a sus misiles la destrucción de tres cazas estadounidenses en Jordania, pero CENTCOM niega cualquier pérdida y Amán sostiene que interceptó el ataque.
Misil -  Defensa Aérea
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Irán asegura haber destruido tres cazas F-35 estadounidenses, dañado otros tres y causado la muerte de varios militares en la base aérea de Muwaffaq Salti, situada en Azraq, Jordania. La afirmación supondría uno de los mayores golpes conocidos contra la aviación de quinta generación de Estados Unidos. Sin embargo, no existe ninguna prueba independiente que la sostenga.

CENTCOM ha negado posteriormente que alguno de sus aviones resultara alcanzado, mientras Jordania afirma haber interceptado cinco misiles iraníes sin registrar víctimas. La contradicción es absoluta. Pero el episodio importa incluso si la versión de Teherán termina siendo falsa: la represalia nace en Qeshm, a pocos kilómetros del estrecho de Ormuz, donde una escalada militar puede trasladarse inmediatamente al petróleo, el gas y el transporte marítimo.

Seis aviones en disputa

La Guardia Revolucionaria iraní sostiene que sus misiles balísticos alcanzaron la plataforma de estacionamiento y un hangar de mantenimiento de Muwaffaq Salti. Según su relato, tres F-35 fueron destruidos, otros tres sufrieron daños graves y varios oficiales, técnicos y miembros del personal de mantenimiento murieron.

No ha presentado fotografías de restos identificables, números de serie ni imágenes satelitales de suficiente resolución. Estados Unidos rechaza completamente esa descripción: «Ningún avión estadounidense fue destruido o dañado en los recientes ataques iraníes», señaló CENTCOM, que asegura que los proyectiles fueron interceptados o no alcanzaron sus objetivos.

El desmentido de Jordania

Las Fuerzas Armadas jordanas aseguran que sus defensas aéreas derribaron cinco misiles procedentes de Irán antes de que alcanzaran territorio nacional. Amán no ha comunicado daños en aeronaves, instalaciones militares ni personal, una versión incompatible con las pérdidas anunciadas por Teherán.

El diagnóstico debe ser prudente. En una guerra, tanto el atacante como el defensor tienen incentivos para distorsionar la evaluación de daños. Irán necesita demostrar precisión y capacidad de penetración. Washington debe preservar la confianza en sus defensas y evitar que sus aliados cuestionen la seguridad de albergar fuerzas estadounidenses.

El coste no es solo el avión

Un F-35A completamente equipado puede superar los 95 millones de dólares, dependiendo de su configuración, armamento y sistemas asociados. Seis aparatos destruidos o temporalmente inoperativos representarían, por tanto, varios centenares de millones en material avanzado.

Sin embargo, el daño verdaderamente sensible estaría en la infraestructura. Un hangar de mantenimiento, los equipos de diagnóstico, el suministro eléctrico, los repuestos y el personal especializado determinan cuántas misiones puede generar una base. Un avión puede trasladarse; una cadena logística compleja no se reconstruye en horas.

Qeshm explica la represalia

La Guardia Revolucionaria presenta el ataque como respuesta al bombardeo estadounidense de dos viviendas en la isla iraní de Qeshm. Las autoridades locales aseguran que murieron tres miembros de una familia, incluido un niño de dos años, y que otros dos menores resultaron heridos. Estados Unidos sostiene que su operación estaba dirigida contra instalaciones militares iraníes.

La disputa sobre la naturaleza de los objetivos no es secundaria. Teherán emplea las víctimas civiles para justificar la represalia, movilizar a su opinión pública y presionar a los países que permiten operaciones estadounidenses desde su territorio.

Ormuz vuelve al centro

Qeshm está situada junto al estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más sensibles del planeta. Por sus aguas transitó alrededor del 20% del comercio mundial de gas natural licuado en 2024, principalmente procedente de Catar. Las rutas alternativas no podrían absorber una interrupción prolongada.

Por eso el dato que puede mover los mercados no es únicamente la supuesta destrucción de los F-35. Es la conexión directa entre los ataques sobre Qeshm y las represalias contra bases norteamericanas. Cada intercambio eleva las primas de los seguros marítimos, encarece los fletes y obliga a revisar las rutas energéticas.

Propaganda con efectos reales

Aunque los cazas continúen intactos, el anuncio iraní puede producir consecuencias. Estados Unidos tendrá que dispersar aeronaves, reforzar refugios, consumir interceptores y multiplicar las medidas de protección. Jordania, por su parte, queda expuesta a la presión interna por permitir el uso de su territorio.

Este hecho revela una dimensión decisiva de la guerra moderna: la incertidumbre también destruye capacidad operativa. Obliga al adversario a gastar recursos, modifica sus despliegues y erosiona la confianza de sus aliados incluso antes de que aparezcan pruebas concluyentes.

La prueba que todavía falta

Solo imágenes comerciales de alta resolución, restos identificables o una evaluación independiente permitirán determinar qué ocurrió realmente en Muwaffaq Salti. Hasta entonces, presentar los seis F-35 como bajas confirmadas sería asumir como hecho una declaración de parte.

Pero minimizar el episodio también sería un error. Irán ha demostrado que puede amenazar una base esencial para las operaciones estadounidenses y vincular esa presión con el estrecho de Ormuz. Puede que no haya destruido tres F-35; sí ha conseguido que Washington tenga que demostrarlo.

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