Irán asegura haber destruido tres F-35 estadounidenses en Jordania

La Guardia Revolucionaria afirma que seis cazas furtivos fueron alcanzados en Azraq, aunque Washington todavía no ha confirmado las pérdidas.

F-35
F-35

Irán asegura haber infligido uno de los golpes más costosos sufridos por la aviación estadounidense en Oriente Próximo. La Guardia Revolucionaria Islámica afirmó este jueves que tres cazas F-35 fueron destruidos y otros tres resultaron dañados durante un ataque con misiles balísticos contra la base aérea de Muwaffaq Salti, situada en Azraq, Jordania.

La versión iraní incluye también la muerte de «varios oficiales» y personal técnico estadounidense. Sin embargo, ni el Pentágono ni el Mando Central de Estados Unidos han confirmado hasta ahora la destrucción de los aviones, por lo que el alcance real de la operación continúa abierto a verificación independiente.

Un golpe de enorme valor militar

La magnitud económica del supuesto ataque resulta difícil de ignorar. Cada F-35 tiene un coste aproximado cercano a los 100 millones de dólares, sin incluir armamento, mantenimiento, sistemas de apoyo ni infraestructura logística. La pérdida total de tres unidades podría superar, por tanto, los 300 millones de dólares.

Si los otros tres aparatos hubieran sufrido daños graves, la factura crecería de manera sustancial. No se trataría únicamente del coste de reparación. La inmovilización de seis cazas reduciría temporalmente la capacidad operativa estadounidense en una región donde cada plataforma furtiva desempeña funciones de ataque, reconocimiento y disuasión.

El F-35 constituye uno de los activos tecnológicos más sensibles de Estados Unidos. Precisamente por ello, la propaganda iraní ha colocado los aviones en el centro de su relato: destruirlos tendría un impacto militar; fotografiarlos destruidos, un efecto político todavía mayor.

La versión de la Guardia Revolucionaria

Según la Guardia Revolucionaria, varios misiles balísticos alcanzaron la plataforma de despliegue y las instalaciones de mantenimiento de la base jordana. Teherán sostiene que la operación causó bajas entre oficiales, mecánicos y técnicos encargados de mantener operativa la flota estadounidense.

La información fue difundida inicialmente por medios próximos al aparato estatal iraní. El comunicado no aportó imágenes verificables de los aparatos destruidos ni datos suficientes para determinar qué tipo de proyectiles fueron utilizados.

Este vacío resulta determinante. En una guerra marcada por operaciones psicológicas, imágenes manipuladas y balances contradictorios, una afirmación militar no equivale a una confirmación independiente. Fuentes estadounidenses habían asegurado un día antes que los misiles lanzados contra sus fuerzas en Jordania fueron interceptados, una versión incompatible con el relato posterior de Teherán.

La represalia por Qeshm

Irán presenta el ataque como respuesta a un bombardeo estadounidense sobre dos viviendas de la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz. Según las autoridades iraníes, la operación causó tres muertos y dejó heridos a dos niños.

Qeshm ocupa una posición estratégica junto a una de las rutas energéticas más importantes del planeta. Cualquier escalada en esa zona amenaza el tránsito marítimo y añade presión sobre el mercado del petróleo.

La consecuencia es clara: el conflicto ha dejado de limitarse a instalaciones militares aisladas. Las represalias encadenadas están ampliando el radio geográfico de la confrontación y multiplicando el riesgo de errores de cálculo. Estados Unidos ya había lanzado ataques contra objetivos iraníes después de anteriores ofensivas sobre posiciones estadounidenses en Jordania.

Jordania entra en la línea de fuego

La base de Muwaffaq Salti se ha convertido en una pieza fundamental del despliegue estadounidense en Oriente Próximo. Su ubicación permite operar sobre Siria, Irak y el golfo Pérsico, al tiempo que ofrece profundidad logística frente a posibles ataques procedentes de Irán.

Ese valor estratégico también la convierte en un objetivo prioritario. Imágenes por satélite habían mostrado durante 2026 un refuerzo de los aviones estadounidenses desplegados en Jordania y otros países de la región, incluidos F-35, F-15 y aeronaves de guerra electrónica.

Para Amán, el problema resulta especialmente delicado. Jordania mantiene una estrecha cooperación militar con Washington, pero intenta evitar que su territorio se transforme en una plataforma permanente de confrontación contra Teherán. La guerra está erosionando ese equilibrio y aumentando la exposición de sus infraestructuras militares y civiles.

La batalla por el relato

La ausencia de confirmación estadounidense favorece temporalmente la estrategia comunicativa de Irán. Teherán puede presentar el ataque como una demostración de capacidad tecnológica mientras Washington evalúa los daños y protege información operativa sensible.

Sin embargo, el silencio tampoco prueba la versión iraní. Los ejércitos suelen retrasar la publicación de pérdidas, pero la destrucción de tres F-35 dejaría señales difíciles de ocultar: fotografías por satélite, movimientos de evacuación, restos visibles y alteraciones en la actividad de la base.

El diagnóstico es inequívoco: la credibilidad del anuncio dependerá de las pruebas, no de la contundencia del comunicado. Hasta que aparezcan imágenes verificadas o una confirmación oficial, la destrucción de los cazas debe considerarse una afirmación de la Guardia Revolucionaria.

El coste económico de la escalada

La ofensiva se produce en un momento de creciente tensión sobre el estrecho de Ormuz. Tras los últimos intercambios de ataques, el Brent llegó a avanzar un 7,3%, hasta situarse alrededor de los 88 dólares por barril, reflejo del temor a nuevas interrupciones del suministro.

Un conflicto prolongado elevaría los costes del transporte, los seguros marítimos y la energía. Europa sufriría el impacto mediante una inflación importada más intensa, mientras los países asiáticos dependientes del crudo del Golfo afrontarían problemas de abastecimiento.

La posible pérdida de seis F-35 es relevante. Pero lo más grave es el precedente: Irán pretende demostrar que puede alcanzar activos estadounidenses de máxima tecnología fuera de su territorio. Si logra acreditarlo, la disuasión regional habrá entrado en una fase mucho más peligrosa.

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