El portavoz de Exteriores acusa a Bruselas de tolerar violaciones del derecho internacional

Irán avisa a la UE: pagará por callar ante EEUU e Israel

El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, avisó en una entrevista con RTVE de que la Unión Europea “pagará” un precio por guardar silencio ante los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.

EPA/ABEDIN TAHERKENAREH
EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

La advertencia llegó en plena guerra regional y desde una televisión pública europea. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, aseguró en una entrevista con RTVE que «la Unión Europea pagará» un precio si mantiene su silencio ante los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. «Si Europa guarda silencio ante esta gran violación del derecho internacional, todos los países pagarán tarde o temprano», afirmó, elevando el tono contra Bruselas. Al mismo tiempo, subrayó que Teherán no está en guerra con sus vecinos del Golfo y que sus objetivos son exclusivamente instalaciones estadounidenses e israelíes en la región. El mensaje llega cuando misiles y drones cruzan a diario los cielos de Oriente Medio, el Estrecho de Ormuz está bajo presión y los precios de la energía vuelven a escalar. 

Una advertencia en plena guerra regional

Las palabras de Baghaei no se producen en el vacío diplomático. Llegan en medio de la mayor escalada militar entre Irán, Estados Unidos e Israel de las últimas décadas, con bombardeos sobre ciudades iraníes, ataques a bases militares y el hundimiento de un buque de guerra de Teherán por un submarino estadounidense cerca de Sri Lanka, que habría causado decenas de muertos. La respuesta iraní incluye oleadas de misiles y drones contra objetivos israelíes y estadounidenses en varios países de la región, mientras los aliados del Golfo activan sus defensas aéreas y denuncian impactos en su territorio.

En ese contexto, el aviso a Bruselas funciona como un mensaje en doble dirección. Hacia fuera, Irán intenta presentar sus ataques como represalias “limitadas y legítimas” frente a una agresión previa; hacia dentro, busca demostrar que no dejará sin respuesta lo que describe como una violación masiva de su soberanía. Baghaei ya ha defendido en otras entrevistas que Teherán tiene «todo el derecho, conforme a la Carta de la ONU, a defenderse con toda su fuerza» frente a EEUU e Israel. La novedad ahora es el destinatario: la Unión Europea, tradicionalmente más prudente, entra en el centro de la diana retórica iraní.

Del lenguaje diplomático a la amenaza velada

La frase de que la UE “pagará” por su silencio marca un salto cualitativo respecto al discurso habitual de Teherán hacia Europa. Hasta ahora, Baghaei había dirigido sus críticas sobre todo a Washington y a Israel, acusándoles de “hacer inútiles” las negociaciones con nuevas sanciones y ataques militares, o de convertir el diálogo en algo «carente de sentido». Las capitales europeas aparecían en segundo plano, como actores ambiguos: aliados de EEUU, pero defensores en teoría del acuerdo nuclear y de ciertos cauces de diálogo.

La entrevista con RTVE rompe ese equilibrio. Al advertir de que “todos los países pagarán tarde o temprano”, el portavoz convierte la equidistancia europea —condena genérica de la violencia pero sin ruptura con Washington ni con Tel Aviv— en un posible factor de riesgo para la propia seguridad del continente. La frase no implica una amenaza directa de ataques contra territorio europeo, algo que Teherán sigue negando, pero sí sugiere que la pasividad europea ante lo que Irán califica de agresión podría tener consecuencias sistémicas: más inestabilidad, más flujos de refugiados, más presión energética y, sobre todo, menos capacidad de la UE para influir en cualquier solución futura.

En el plano diplomático, el mensaje también busca forzar una clarificación. Irán intenta que Bruselas abandone el terreno ambiguo de las declaraciones y se decante entre una alineación plena con la estrategia de Donald Trump y Benjamin Netanyahu o una postura más autónoma que incluya críticas abiertas a los ataques sobre territorio iraní.

Qué puede significar “pagar” para Bruselas

Cuando Baghaei habla de que Europa “pagará”, no detalla si se refiere a costes militares, económicos, energéticos o políticos. Pero en Teherán se ha repetido en los últimos meses una idea: el conflicto ya no puede confinarse a Oriente Medio. Desde el punto de vista iraní, el “precio” para la UE podría materializarse en varios frentes.

En primer lugar, el energético. La guerra ha provocado ya subidas de alrededor del 15% en el precio del crudo Brent, según estimaciones de agencias internacionales, conforme los mercados descuentan un posible cierre parcial del Estrecho de Ormuz, por donde pasa alrededor del 20% del petróleo y gas natural licuado transportado por mar en el mundo. Aunque Asia es el principal cliente, Europa no es inmune: una parte relevante del GNL que llega a sus puertos procede de Qatar y otros productores que dependen de ese cuello de botella estratégico.

En segundo lugar, el precio político. Si la UE aparece ante la opinión pública global como un mero apéndice de Washington que condena a Irán pero evita criticar los ataques preventivos sobre su territorio, su discurso de defensa del derecho internacional queda seriamente erosionado. Ese desgaste tiene consecuencias en foros como la ONU, en las negociaciones sobre Ucrania o en las relaciones con el llamado “Sur Global”, donde muchos países perciben la guerra como una nueva muestra del doble rasero occidental.

El tablero del Golfo: bases, misiles y energía

Baghaei insistió en que Irán no está en guerra con sus vecinos del Golfo y que sus ataques van dirigidos únicamente contra instalaciones estadounidenses e israelíes. Es un mensaje calculado: muchos de esos objetivos se encuentran en países con los que la UE mantiene estrechas relaciones energéticas y comerciales. Desde Bahréin hasta Qatar, pasando por Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí, los socios de Europa albergan bases, radares o centros logísticos que forman parte del dispositivo militar de EEUU en la región.

El riesgo para Bruselas es evidente. Una campaña prolongada de ataques y represalias que afecte a infraestructuras energéticas o de transporte en el Golfo puede traducirse en interrupciones en el suministro hacia Europa. Diversos estudios calculan que en torno al 8-10% de las importaciones europeas de GNL dependen del paso por Ormuz, principalmente desde Qatar. Una alteración prolongada obligaría a la UE a competir aún más agresivamente con Asia por cargamentos alternativos, tensionando los precios.

Además, el cierre de facto del estrecho, aunque no sea declarado, ya está encareciendo seguros, fletes y tiempos de tránsito. Las compañías navieras y energéticas europeas deben recalcular rutas, asumir sobrecostes y valorar el riesgo reputacional de seguir operando en la zona mientras los misiles sobrevuelan refinerías, terminales y puertos.

El contraste con la postura europea

Mientras Teherán advierte del coste del “silencio”, la UE endurece su discurso contra Irán. La alta representante Kaja Kallas ha acusado a la República Islámica de “exportar la guerra” y de intentar extender el conflicto a cuantos países sea posible para “sembrar el caos”, al tiempo que insiste en que Bruselas quiere estabilidad y respeto al derecho internacional. La narrativa europea presenta a Irán como actor desestabilizador, responsable principal de la escalada junto a sus milicias aliadas en Líbano, Irak o Yemen.

En paralelo, Irán reprocha a la UE que no aplique el mismo rasero a Israel y a Estados Unidos. Baghaei lleva meses denunciando la “impunidad” de los ataques israelíes en Gaza, Líbano y ahora en territorio iraní, y ha anunciado campañas para documentar jurídicamente posibles crímenes de guerra con el fin de llevarlos ante tribunales internacionales.

El resultado es un choque casi frontal de relatos. Bruselas se ve a sí misma como defensora del orden liberal internacional, mientras que Teherán la acusa de ser cómplice pasiva de una estrategia de cambio de régimen liderada por Washington y Tel Aviv. Entre ambos discursos queda un espacio cada vez más estrecho para la diplomacia clásica: menos visitas, menos canales discretos y más declaraciones públicas calculadas para audiencias internas.

Impacto económico para España y la UE

Más allá de la retórica, el conflicto tiene una dimensión muy concreta para las economías europeas. La UE sigue siendo más del 90% dependiente de las importaciones en lo que respecta al petróleo crudo y productos derivados: en 2023, la dependencia se situó en el 94,8%. Solo en ese año, las importaciones de petróleo se valoraron en unos 350.000 millones de dólares, aproximadamente una cuarta parte de todas las compras mundiales de crudo. Cualquier nueva ola de encarecimiento golpea directamente a la inflación, a la industria y al bolsillo de los consumidores.

En gas, Europa llegó a reducir su demanda alrededor de un 20% entre 2021 y 2024, pero sigue dependiendo en parte del GNL que atraviesa Ormuz: un corte prolongado comprometería en torno al 10% de sus importaciones de gas licuado, según análisis especializados. Para España, con una potente red de regasificadoras y papel de hub gasista, el impacto sería mixto: más oportunidades de reexportación a otros socios europeos, pero también mayor presión de precios y riesgo de tensiones sociales si los costes energéticos vuelven a dispararse.

El comercio directo UE-Irán es modesto pero no irrelevante: en 2023 alcanzó los 4.732 millones de euros, un 9% menos que el año anterior, con Alemania, Italia y Países Bajos como principales socios. España mantiene flujos limitados pero sensibles en sectores de doble uso. Solo entre 2024 y mediados de 2025 exportó a Irán 1,33 millones de euros en equipamiento y tecnologías duales, incluidos explosivos y maquinaria de precisión, bajo licencias supervisadas. Una ruptura total o nuevas sanciones complicarían aún más este comercio y podrían tener efectos colaterales sobre empresas españolas con presencia en el Golfo.

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