Irán lleva la crisis al mar Rojo y amenaza Suez

La advertencia lanzada desde Teherán eleva el pulso con Washington y abre un riesgo mucho más amplio que el de Ormuz: una nueva sacudida sobre el comercio mundial, el petróleo y la ruta marítima entre Asia y Europa.

Buque

Foto de Kurt Cotoaga en Unsplash
Buque Foto de Kurt Cotoaga en Unsplash

La amenaza ya no se limita al estrecho de Ormuz. Irán ha dejado caer, a través de la agencia semioficial Tasnim y de una fuente militar no identificada, que podría extender la crisis hasta Bab el-Mandeb y el mar Rojo si Estados Unidos desembarca tropas en islas iraníes del Golfo o en territorio de la república islámica. Al mismo tiempo, medios estadounidenses informan del envío de fuerzas aerotransportadas a la región, mientras Donald Trump insiste en que hay contactos con Teherán y el régimen lo niega.

Una amenaza que rebasa Ormuz

Lo primero que conviene subrayar es que, por ahora, no existe un anuncio formal de cierre ni una operación militar visible sobre Bab el-Mandeb. Lo que sí existe es una amenaza explícita de escalada. Tasnim publicó el 21 de marzo que una posible agresión estadounidense sobre Kharg “abriría el camino” para desestabilizar el mar Rojo y Bab el-Mandeb, y la misma fuente sostuvo que Irán está dispuesto a complicar el tablero si Washington da el salto terrestre. “Bab el-Mandeb es una opción y la situación sería mucho más complicada para los estadounidenses”, resumió esa fuente militar.

Lo más grave es el cambio de escala. Ormuz ya es, por sí solo, uno de los grandes puntos de fricción energética del planeta. Pero Bab el-Mandeb conecta el golfo de Adén con el mar Rojo y, por extensión, con Suez y el Mediterráneo. Amenazar ambos pasos a la vez equivale a lanzar un mensaje al mercado: si EE.UU. convierte el conflicto en una operación de tierra, el coste puede dispararse en toda la arquitectura logística euroasiática. La consecuencia es clara: incluso sin cierre efectivo, basta con que aumente la percepción de riesgo para encarecer seguros, combustible y tiempos de tránsito.

El estrecho que ya venía herido

Bab el-Mandeb no parte de una situación normal. Llega a esta nueva amenaza tras más de un año de deterioro en la seguridad marítima por la ofensiva hutí sobre el tráfico comercial. El Banco Mundial señala que, entre noviembre de 2023 y diciembre de 2024, las fuerzas hutíes participaron en más de 300 incidentes en zonas marítimas críticas de la región y llevaron a cabo 201 ataques contra buques comerciales. Ese dato desmonta cualquier lectura complaciente: el corredor ya está tensionado y dispone de antecedentes operativos suficientes para que el mercado se tome la advertencia en serio.

Los números del petróleo son todavía más reveladores. La EIA calcula que el flujo de crudo y productos petrolíferos a través de Bab el-Mandeb cayó a 4,0 millones de barriles diarios en 2024 hasta agosto, frente a 8,7 millones en 2023. Es decir, una contracción de más del 50% en apenas unos meses. Este hecho revela que la ruta ya ha perdido volumen por razones de seguridad y que una nueva ronda de amenazas puede profundizar una desviación que parecía coyuntural y empieza a parecer estructural.

Europa, la gran expuesta por Suez

El contraste con otras crisis resulta demoledor porque aquí no solo está en juego el petróleo. Según el FMI, alrededor del 15% del comercio marítimo mundial pasa habitualmente por Suez, la puerta natural hacia Europa desde Asia. En los dos primeros meses de 2024, ese tráfico cayó un 50% interanual y muchas navieras se vieron obligadas a rodear el cabo de Buena Esperanza, añadiendo 10 días o más a los trayectos. No hablamos de una incomodidad logística, sino de una perturbación con efectos macroeconómicos.

UNCTAD añade otra capa de presión. A mediados de 2024, la capacidad desviada alrededor de África había aumentado un 89%; la demanda global de buques subió un 3% y la de portacontenedores, un 12%. Para un gran portacontenedores en la ruta Extremo Oriente-Europa, el rodeo puede implicar 400.000 dólares adicionales por viaje solo en costes ligados al sistema europeo de emisiones. La consecuencia es transparente: si Irán consigue reactivar el miedo sobre Bab el-Mandeb, Europa volverá a importar inflación por la vía del transporte, aunque el conflicto no derive en un bloqueo total.

El despliegue que dispara las alarmas

La advertencia iraní no aparece en el vacío. AP informó de la preparación del despliegue de al menos 1.000 militares de la 82ª División Aerotransportada hacia Oriente Próximo, mientras The Washington Post elevó la dimensión del movimiento a varios miles de paracaidistas y sostuvo que entre las opciones estudiadas figura la proyección de fuerzas sobre territorio iraní, incluida la estratégica isla de Kharg. Es precisamente esa combinación —retórica de negociación y aumento del músculo militar— la que alimenta la sensación de que ambos bandos están midiendo umbrales, no desescalando.

Trump, además, ha insistido en que existen conversaciones “muy buenas” con Irán, pero Teherán lo ha negado públicamente. Esa contradicción importa más de lo que parece. Cuando el canal político es opaco o directamente inexistente, la señalización militar pesa más en la formación de precios que los mensajes diplomáticos. Y Kharg, en ese contexto, no es un detalle táctico: es uno de los símbolos de la vulnerabilidad exportadora iraní. Tocar ese punto equivaldría a golpear donde más duele; de ahí que Teherán intente elevar el coste antes de que Washington se mueva.

El cálculo de Teherán

La estrategia iraní parece perseguir un objetivo muy concreto: ensanchar el tablero para reforzar la disuasión. Esta es una inferencia, pero está sólidamente apoyada por los hechos disponibles. Tasnim habla de “otros estrechos” y del “frente de resistencia”; el Banco Mundial documenta que la actividad hutí se ha expandido más allá de Yemen hacia zonas marítimas críticas desde octubre de 2023. Dicho de otra manera, Irán no necesita una flota propia cerrando físicamente Bab el-Mandeb para convertirlo en un problema económico global. Le basta con aumentar la inseguridad percibida y activar a sus aliados regionales.

Ese matiz es decisivo. El mercado no cotiza solo cierres jurídicos o bloqueos navales clásicos; cotiza riesgo operativo. Un misil, un dron, una mina o incluso un intento fallido bastan para alterar primas de seguro, desviar rutas y reducir oferta efectiva de transporte. Lo vimos en 2024 y lo estamos viendo otra vez. Por eso el mensaje iraní resulta más serio de lo que sugiere su formato propagandístico: no necesita ser plenamente verosímil en lo militar para ser extraordinariamente eficaz en lo económico.

El efecto dominó que viene

La segunda derivada afecta a la inflación y al consumo. UNCTAD advirtió de que, si las subidas de los fletes observadas entre octubre de 2023 y junio de 2024 se prolongaban, los precios al consumo globales podían aumentar un 0,6%, con un impacto todavía mayor en economías vulnerables. Ese escenario no es una profecía automática, pero sí una referencia útil para calibrar el daño. En Europa, donde la industria sigue muy expuesta a cadenas largas de suministro y a la importación de energía, cualquier deterioro adicional sobre Suez vuelve a poner sobre la mesa el mismo cóctel: más costes, más incertidumbre y menor visibilidad para empresas y hogares.

El Banco Mundial, por su parte, elevó el tono al señalar que, a finales de 2024, el tráfico por Suez y Bab el-Mandeb —rutas que antes transportaban cerca del 30% del tráfico mundial de contenedores— se había desplomado en torno a tres cuartas partes frente a sus niveles históricos. Ese es el dato que nadie quiere ver porque resume la magnitud potencial del shock: no estamos ante una mera crisis regional, sino ante un cuello de botella capaz de trasladar tensión geopolítica a precios, crecimiento y comercio mundial.

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