Israel abate al jefe financiero de Hamás en Gaza

La muerte del gestor de transferencias y su adjunto abre otra batalla: cortar el efectivo sin asfixiar a la población civil.

hamas
hamas

Israel afirma haber eliminado al “cerebro” del dinero. Un circuito de decenas de cambistas movía fondos en Gaza. El objetivo: sostener sueldos y logística del ala militar. La pregunta es cuánto dura el impacto.

El golpe al “cajero” de Hamás

El Ejército israelí y el Shin Bet comunicaron este miércoles, 10 de junio de 2026, que un ataque del fin de semana en la Franja se saldó con la muerte de Khader Jamasi, señalado como jefe de una red de transferencia de fondos de Hamás, y de su número dos, Muhammad Harazin. La versión oficial sostiene que ambos coordinaban movimientos de dinero para el brazo armado del grupo a través de un entramado de intermediarios y oficinas de cambio en Gaza, un sistema pensado para seguir funcionando incluso con bancos cerrados, sanciones y vigilancia de transferencias formales.

Lo relevante no es solo la eliminación de dos nombres. Es el mensaje: Israel vuelve a priorizar el “follow the money” como vector de guerra. “Con esos fondos se pagaban salarios y se sostenían planes de ataque”, vino a resumir el comunicado. En una guerra de desgaste, el flujo de efectivo importa tanto como el suministro de armas.

Una economía de guerra que se mueve en efectivo

Gaza lleva meses —por momentos, años— instalada en una economía paralela. Sin una banca operativa de forma estable y con restricciones sobre pagos y entradas de divisa, el efectivo se convierte en el oxígeno del día a día: combustible, comida, medicinas… y también sueldos de milicias. En ese ecosistema, los cambistas son pieza clave. Estimaciones citadas por medios israelíes sitúan entre 100 y 150 los operadores activos en Gaza, con comisiones que oscilan entre el 20% y el 40% cuando el dinero llega mediante billeteras digitales o circuitos informales.

Este detalle revela una consecuencia económica inmediata: cualquier ofensiva contra los nodos de cambio no solo golpea a Hamás. También tensiona el mercado interno, encarece el acceso a liquidez y multiplica el poder de quienes controlan la “ventanilla” del dinero. El resultado suele ser más opacidad y, en paralelo, más dependencia.

De Irán a Gaza: la ruta del dinero

El ataque contra Jamasi y Harazin encaja con una tesis que Israel lleva meses publicitando: la financiación de Hamás no es un mero goteo local, sino una arquitectura transnacional con piezas en terceros países. En diciembre de 2025, el IDF y el Shin Bet difundieron documentación sobre una red de cambistas —principalmente gazatíes asentados en Turquía— que, según su versión, explotaba infraestructura financiera turca con apoyo iraní y movía cientos de millones de dólares hacia Hamás y sus dirigentes.

La lógica de ese circuito es conocida en economía clandestina: fragmentación de transferencias, intermediación por casas de cambio, compensación entre operadores y una capa final de efectivo en destino. Cuando el dinero se “atomiza” en múltiples operaciones pequeñas, la trazabilidad se diluye. Y cuando los pagos críticos se hacen en billetes, la inteligencia financiera pierde parte de su eficacia.

Salarios, lealtades y capacidad operativa

La guerra moderna también se gana —o se pierde— en la contabilidad. Un grupo armado necesita pagar: recompensas, transporte, comunicaciones, logística, seguridad interna. En Gaza, donde el tejido productivo está devastado y el paro estructural se dispara en los periodos de mayor intensidad bélica, la nómina de una organización armada adquiere un valor político adicional: compra lealtades, disciplina y silencio.

Por eso el objetivo declarado por Israel no es simbólico. Si la red que gestionaba Jamasi alimentaba pagos regulares, su caída puede provocar retrasos, impagos y fricciones internas. Sin embargo, la experiencia histórica sugiere que estas estructuras tienden a recomponerse: cambian nombres, se subcontratan rutas, se reemplazan oficinas. El impacto es real, pero raramente definitivo. Lo más grave es el efecto colateral: cuando el dinero “militar” se mezcla con el circuito civil, distinguir se vuelve casi imposible sin elevar el coste humano y económico.

El dilema legal y diplomático del “follow the money”

Atacar finanzas tiene una ventaja: evita, en teoría, batallas urbanas prolongadas. Pero también abre un frente jurídico y diplomático incómodo. Casas de cambio, transferencias y operadores pueden estar vinculados a redes familiares o comerciales que, en contextos de colapso institucional, hacen de puente para remesas y ayuda. La delgada línea entre “financiación del terrorismo” y “supervivencia económica” se convierte en un campo de disputa narrativa.

Además, el contraste con otras campañas —de Al Qaeda a ISIS— resulta demoledor: las sanciones y el rastreo bancario funcionan mejor cuando existe un sistema financiero formal. En una economía de efectivo, los instrumentos típicos (listas negras, bloqueo de cuentas, congelación de activos) pierden pegada y empujan a métodos más cinéticos. Israel, al exponer redes y nombres, busca también presionar a terceros países y a intermediarios regionales para cerrar ventanas de oportunidad.

El efecto dominó que viene en Gaza

La consecuencia práctica puede ser una escalada de golpes sobre cambistas, almacenes de efectivo y puntos de conversión. Eso presiona la capacidad de Hamás para pagar, sí, pero también puede agravar una crisis humanitaria que ya es extrema. La guerra iniciada tras el 7 de octubre de 2023 —con 1.200 muertos en Israel y unos 250 secuestrados, según recuentos ampliamente citados— ha dejado en Gaza decenas de miles de víctimas; la cifra supera los 71.000 fallecidos según el Ministerio de Salud gazatí, citado por agencias internacionales, sin distinguir de forma sistemática entre combatientes y civiles.

En ese contexto, cualquier disrupción de liquidez afecta a tratamientos, traslados y compras básicas. Al mismo tiempo, Israel sostiene que mantener esos circuitos intactos prolonga la capacidad de ataque. Dos objetivos chocan: estrangular al financiador y no ahogar al civil. La batalla por el dinero, en Gaza, es también una batalla por el control del día siguiente.

Comentarios