Aguilar avisa al dow jones: “Trump va a provocar una crisis sistémica global. Irán tiene el control de la escalada”
El Dow Jones perdió alrededor de 500 puntos en una sola sesión mientras el petróleo superaba temporalmente los 100 dólares por barril. La escalada entre Estados Unidos e Irán ya no es únicamente una crisis militar: comienza a trasladarse a las bolsas, los bonos, la inflación y las decisiones de los bancos centrales.
Juan Antonio Aguilar, director del Instituto Español de Geopolítica, plantea un diagnóstico especialmente severo: «Trump va a provocar una crisis sistémica global. Irán tiene el control de la escalada». La afirmación no implica que Teherán posea superioridad militar. Señala algo más inquietante: su capacidad para elevar el coste económico y político de cada movimiento estadounidense.
El Dow Jones recibe el primer golpe
La tensión en Oriente Próximo coincidió con una fuerte corrección de Wall Street. El Dow Jones Industrial Average cayó cerca de un 1%, mientras el Nasdaq retrocedió un 2,2% y el S&P 500 perdió un 1,2%. El castigo también estuvo relacionado con las dudas sobre el gasto en inteligencia artificial de grandes tecnológicas, pero el repunte del crudo añadió un riesgo inflacionista difícil de ignorar.
Este viernes, el Dow recuperó aproximadamente 296 puntos, favorecido por la caída del Brent hasta los 95,98 dólares. Sin embargo, el rebote no elimina la fragilidad. Wall Street sube cuando el petróleo retrocede y cae cuando la guerra amenaza el suministro, una dependencia que revela hasta qué punto el conflicto ya condiciona el mercado estadounidense.
Irán controla el coste
Estados Unidos conserva una superioridad aérea, naval y tecnológica incuestionable. Sin embargo, Aguilar sostiene que Irán puede controlar la escalada mediante una estrategia asimétrica: atacar rutas marítimas, activar fuerzas aliadas y obligar a Washington a consumir munición avanzada.
El estrecho de Ormuz resulta decisivo. Las interrupciones han reducido el flujo de crudo a cerca del 50% de los niveles anteriores a la guerra, según estimaciones recogidas por JPMorgan. Cada mes adicional de disrupción podría añadir entre 7 y 8 dólares al barril, elevando el Brent hasta unos 114 dólares si la crisis se prolonga durante tres meses.
El nivel de 130 dólares mencionado por algunos analistas debe entenderse como un escenario extremo, no como el precio actual.
Los arsenales bajo presión
La campaña contra Irán también está desgastando las reservas estadounidenses de misiles Tomahawk y de interceptores Patriot y THAAD. Un análisis del CSIS advirtió de que la reposición de determinadas municiones puede requerir años, aunque Estados Unidos todavía conservaría capacidad suficiente para los escenarios previsibles de esta guerra.
Este hecho limita el margen estratégico de Trump. Cada misil empleado en Oriente Próximo deja de estar disponible para una crisis en Europa o el Indo-Pacífico. La fuerza militar estadounidense sigue siendo enorme, pero no es infinita, y Teherán conoce el coste industrial de mantener una campaña prolongada.
Inflación contra la Reserva Federal
El petróleo cercano a los 100 dólares amenaza con trasladarse al combustible, el transporte y la producción industrial. Esa presión puede frenar la desinflación y obligar a la Reserva Federal a mantener los tipos elevados o incluso endurecer su política monetaria.
El rendimiento del bono estadounidense a diez años alcanzó esta semana máximos de dos meses. Los mercados llegaron a asignar una probabilidad del 36% a una subida de tipos en la siguiente reunión, señal de que la guerra comienza a alterar expectativas monetarias que parecían estabilizadas.
La consecuencia es clara: una ofensiva concebida para debilitar a Irán puede terminar encareciendo hipotecas, crédito empresarial y deuda pública dentro de Estados Unidos.
Arabia Saudí abre otro frente
La crisis coincide con el acuerdo nuclear civil impulsado por Washington y Riad. Algunas informaciones sostienen que podría abrir la puerta al enriquecimiento de uranio saudí, aunque Trump ha afirmado posteriormente que el pacto lo prohíbe y exige la normalización de relaciones con Israel. La contradicción permanece sin resolver.
Permitir capacidad de enriquecimiento introduciría un nuevo riesgo de proliferación en una región ya militarizada. Arabia Saudí ha advertido anteriormente de que buscaría armamento nuclear si Irán lo consiguiera. La guerra destinada a contener un programa atómico podría terminar acelerando una carrera regional.
Netanyahu espera en Washington
La eventual reunión entre Trump y Benjamin Netanyahu se interpreta como una pieza fundamental para decidir si habrá una ofensiva de mayor escala. Sin embargo, hasta el 24 de julio ambos gobiernos solo habían confirmado conversaciones para organizar el encuentro, no una cita definitiva.
Esa incertidumbre alimenta la volatilidad. Los inversores no saben si Washington prepara una negociación, una campaña limitada o una operación conjunta con Israel. Cada declaración altera el petróleo, los bonos y el Dow Jones antes de que exista una decisión militar formal.
La tesis de Aguilar no depende de que Irán derrote militarmente a Estados Unidos. Basta con que prolongue el conflicto, amenace Ormuz y mantenga el petróleo cerca de los tres dígitos.
El Dow Jones se ha convertido en el primer termómetro de ese riesgo. La guerra se libra en el golfo Pérsico, pero sus ondas expansivas llegan a las carteras, las empresas y los hogares occidentales. Trump puede controlar el volumen de fuego. Lo que todavía no controla es el precio económico de cada nueva noche de ataques.