El economista que compraría Bitcoin sin poner un stop: “Estoy dispuesto a perderlo todo”
¿Cuánto dinero debería invertir una persona en Bitcoin? Para un economista, la respuesta no comienza calculando cuánto podría ganar, sino determinando cuánto está dispuesto a perder si la inversión termina completamente mal.
Su planteamiento se basa en una hipótesis extrema: comprar Bitcoin y no vender aunque su precio se desplome. No habría una orden automática de salida, ni una venta al perder un porcentaje determinado, ni nuevos intentos de adivinar dónde se encuentra el suelo.
“Mi pensamiento es qué cantidad estoy dispuesto a perder”, explica.
La estrategia puede parecer temeraria porque acepta abiertamente la posibilidad de perder el 100 % del capital. Sin embargo, su lógica es precisamente la contraria: como da por posible la pérdida total, limita la cantidad invertida para que ese escenario no comprometa su patrimonio.
No está diciendo que Bitcoin vaya a desaparecer. Tampoco afirma que actualmente sea un fraude. Presenta ese desenlace como el peor escenario imaginable para calcular el riesgo antes de comprar.
Comprar cerca de 40.000 y no vender aunque siga cayendo
El economista utiliza como ejemplo una entrada en Bitcoin alrededor de los 40.000 dólares. A partir de ahí plantea sucesivas caídas que normalmente provocarían miedo entre los inversores.
“¿Qué pasa si sigue bajando? Llega a 30.000, llega a 20.000… no hago nada”, señala.
Su respuesta permanece igual cuando lleva el escenario todavía más lejos: 15.000, 10.000 o incluso 2.000 dólares. No vendería únicamente porque el precio se hubiera desplomado.
Esta forma de actuar se basa en una convicción a largo plazo: considera que Bitcoin tiene suficientes argumentos para sobrevivir y recuperar valor en el futuro. Pero, al mismo tiempo, admite que esa convicción puede estar equivocada.
La CNMV recuerda que los criptoactivos pueden experimentar fluctuaciones repentinas y extremas y que el inversor puede perder una gran parte o incluso la totalidad del dinero aportado. También aconseja preguntarse, antes de comprar, si realmente se puede asumir esa pérdida completa.
“¿Y tu stop?”
Uno de los momentos más llamativos del razonamiento aparece cuando le preguntan por el nivel en el que cerraría la operación para frenar las pérdidas.
@pablogiltrader ¿Cuánto estás dispuesto a perder si Bitcoin se va a cero? Yo compro sabiendo la respuesta, si meto 100€, perderlos no me cambia la vida. Si meto 1.000€, quiero poder ganar 3.000€, pero también estoy dispuesto a perder ese dinero. Esa relación 1 a 3 es la única pregunta que importa antes de invertir. #Bitcoin #Inversión #PabloGil #EducaciónFinanciera #Trading Puedes ver el vídeo completo en Youtube: "¿Por qué BITCOIN seguirá BAJANDO? Niveles CLAVE para el próximo ciclo" Fecha: 5/07/2026
♬ sonido original - Pablo Gil
“¿Y tu stop? Digo, no hago nada”.
En el lenguaje financiero, un stop-loss es una orden o criterio de salida utilizado para vender cuando el precio alcanza un nivel determinado. Su finalidad es evitar que una pérdida pequeña se convierta en una caída mucho mayor.
El economista propone un método diferente. No controla el riesgo saliendo de la inversión, sino limitando desde el principio el tamaño de la posición.
Su verdadero límite de pérdida sería cero.
Eso significa que, si invierte 1.000 euros, acepta que esos 1.000 euros podrían desaparecer completamente. El riesgo máximo no sería una caída del 10 %, el 20 % o el 50 %, sino el capital íntegro destinado a Bitcoin.
Esta estrategia puede tener sentido únicamente cuando la cantidad invertida es suficientemente pequeña respecto al patrimonio, los ingresos y las necesidades futuras de la persona.
Invertir el dinero reservado para pagar una vivienda, afrontar una emergencia o cubrir gastos familiares sería incompatible con ese planteamiento.
No dice que Bitcoin sea un fraude
El fragmento puede generar confusión cuando el economista pronuncia la siguiente frase:
“Bitcoin ha sido un fraude. No vale nada. He perdido lo que haya comprado”.
No está afirmando que Bitcoin sea actualmente un fraude. Está representando el supuesto extremo en el que su tesis fracasa completamente, el activo termina valiendo cero y debe reconocer que perdió toda la inversión.
Inmediatamente después aclara que no considera probable ese resultado.
Su visión es que Bitcoin cuenta con fundamentos suficientes para evitar su desaparición. Sin embargo, una estrategia de riesgo no debería basarse únicamente en lo que el inversor cree que ocurrirá, sino también en lo que sucedería si estuviera equivocado.
Las autoridades europeas continúan calificando muchos criptoactivos como productos arriesgados y especulativos. Incluso con la entrada en aplicación del reglamento europeo MiCA, la protección puede seguir siendo limitada y continúa existiendo la posibilidad de sufrir una pérdida total.
La clave está en el tamaño de la posición
La idea central no es comprar Bitcoin sin control, sino decidir cuánto comprar suponiendo que podría perderse todo.
“Dispuesto a perder todo, ¿cuánto quieres tener?”, pregunta.
Una persona con 100.000 euros de patrimonio disponible no asume el mismo riesgo destinando 500 euros a Bitcoin que invirtiendo 80.000.
En ambos casos el activo es idéntico y puede experimentar la misma caída porcentual, pero las consecuencias personales son completamente diferentes.
Si la inversión de 500 euros desaparece, la pérdida puede resultar desagradable, pero probablemente no cambie la situación económica del inversor. Si desaparecen 80.000 euros, el daño puede afectar a sus planes familiares, su vivienda, su jubilación o su capacidad para afrontar imprevistos.
Esta es la diferencia entre el riesgo del activo y el riesgo de la cartera.
Bitcoin puede seguir siendo extremadamente volátil, pero el impacto sobre el patrimonio depende de cuánto peso tenga dentro del conjunto de inversiones y ahorros.
La CNMV explica que cuanto mayor es la volatilidad, más difícil resulta anticipar el comportamiento de una inversión y mayor es la incertidumbre que asume el inversor. También recuerda que una rentabilidad esperada elevada siempre está vinculada a un riesgo superior.
¿Qué problema hay en perder 100 euros?
El economista utiliza un ejemplo sencillo para hacer comprensible su propuesta.
Si una persona compra únicamente 100 euros en Bitcoin, incluso el peor escenario imaginable tendría un límite conocido: perder esos 100 euros.
“¿Acaso cambia tu situación patrimonial si pierdes 100 euros?”, plantea.
La respuesta dependerá de cada persona. Para alguien con ingresos estables y ahorros suficientes, probablemente no. Para una familia sin colchón económico, incluso esa cantidad podría ser necesaria.
Por eso no existe una cifra universalmente adecuada.
Lo importante es que la pérdida potencial no obligue a endeudarse, vender otros activos en mal momento o renunciar a necesidades esenciales.
La estrategia tampoco elimina el impacto psicológico. Aunque la cantidad sea asumible, observar una caída del 70 %, el 80 % o el 90 % puede provocar ansiedad y llevar al inversor a modificar su plan precisamente en el peor momento.
Perder 1.000 para intentar ganar 3.000
La segunda parte del planteamiento introduce la relación entre riesgo y beneficio potencial.
“Pierdo 1.000 euros y gano 3.000. Esa es la relación 1-3”, afirma.
La expresión significa que el inversor acepta arriesgar una unidad de capital para buscar tres unidades de beneficio. Si arriesga 1.000 euros, su objetivo sería obtener una ganancia de 3.000.
Existe aquí un matiz matemático importante.
Para perder 1.000 euros basta con que una inversión inicial de 1.000 termine valiendo cero. Pero para ganar 3.000 euros, esa misma posición tendría que alcanzar un valor final de 4.000 euros.
Es decir, el activo tendría que multiplicarse por cuatro.
Si los 1.000 euros se convirtieran en 3.000, el beneficio real sería de 2.000 euros y la relación entre pérdida potencial y ganancia sería de 1 a 2, no de 1 a 3.
Por tanto, la relación riesgo-beneficio debe calcularse utilizando la ganancia neta, no el valor final de la inversión.
Una buena relación no garantiza una buena inversión
Una expectativa de ganar tres por cada euro arriesgado puede parecer atractiva, pero no basta para determinar que una operación sea conveniente.
También hay que calcular la probabilidad de que se produzca cada resultado.
Supongamos una inversión que permite ganar 3.000 euros, pero solo tiene un 10 % de posibilidades de éxito, frente a un 90 % de probabilidades de perder 1.000. Aunque la relación aparente sea 1 a 3, la expectativa matemática sería negativa.
Por el contrario, una estrategia que gana menos cuando acierta puede ser rentable si su porcentaje de éxito es suficientemente elevado.
El problema con Bitcoin es que nadie puede conocer con certeza su cotización futura ni asignar probabilidades exactas a escenarios de precios muy alejados.
La relación 1-3 utilizada por el economista es, por tanto, una hipótesis de trabajo y no una garantía de rentabilidad.
No utilizar stop también tiene inconvenientes
Evitar un stop puede impedir que una caída temporal expulse al inversor antes de una recuperación. Bitcoin ha presentado históricamente movimientos bruscos que pueden activar órdenes de venta antes de cambiar nuevamente de dirección.
Pero no poner ningún límite de salida también implica asumir varios riesgos.
El primero es que una caída no siempre es temporal. Un activo puede perder valor de forma permanente o tardar muchos años en recuperar su precio anterior.
El segundo es el coste de oportunidad. El dinero bloqueado en una posición que permanece durante años con grandes pérdidas no puede destinarse a otras inversiones o necesidades.
El tercero es el riesgo de mantener una tesis únicamente por orgullo. No vender nunca puede confundirse con disciplina, pero también puede impedir reconocer que los motivos iniciales de la inversión han cambiado.
Por eso, incluso quien no utiliza un stop basado exclusivamente en el precio debería contar con algún criterio para revisar su decisión: cambios regulatorios, problemas de seguridad, pérdida de adopción, alteraciones tecnológicas o modificaciones en su situación financiera.
La regulación no elimina el riesgo
Bitcoin y otros criptoactivos se encuentran actualmente dentro de un entorno regulatorio más desarrollado en Europa gracias a MiCA. La normativa establece requisitos para emisores y proveedores de servicios, refuerza la información disponible y exige autorizaciones para determinadas empresas.
Sin embargo, la propia CNMV advierte de que la regulación no convierte los criptoactivos en productos seguros. Persisten la elevada volatilidad, el riesgo tecnológico, los fraudes y la posibilidad de pérdida total. Tampoco existe necesariamente un sistema de compensación que devuelva el dinero si un proveedor quiebra.
Además del precio de Bitcoin, el inversor debe considerar dónde compra, quién custodia los activos y cómo protege sus claves privadas.
Una tesis correcta sobre la evolución del precio no sirve de nada si las monedas se pierden por una estafa, un ataque informático o un error en la custodia.
La idea más importante no es Bitcoin
Aunque el discurso se centra en Bitcoin, la lección principal puede aplicarse a cualquier inversión de alto riesgo.
Antes de pensar cuánto se puede ganar, hay que determinar cuánto se puede perder sin que la vida financiera cambie de manera grave.
El economista no intenta demostrar que Bitcoin sea seguro. De hecho, construye su estrategia partiendo de la posibilidad de que termine valiendo cero.
Su posición puede resumirse así: no limitar el riesgo mediante una venta automática, sino mediante una inversión inicial suficientemente pequeña.
Ese método exige disciplina, capacidad para soportar grandes caídas y una cantidad que pueda considerarse prescindible durante un periodo largo.
La pregunta final no es si Bitcoin llegará a 100.000, 200.000 o terminará desplomándose.
La pregunta que propone responder antes de comprar es mucho más personal: si mañana esa inversión valiera cero, seguirías pudiendo pagar tus gastos, conservar tus planes y dormir con tranquilidad.