El BCE prepara otra subida y Dow Jones paga el aviso

Los responsables monetarios consideran probable elevar los tipos 25 puntos básicos en septiembre si la inflación no mejora, mientras el Dow Jones cierra con una caída de 506,93 puntos.
Euros

Foto de Ibrahim Boran en Unsplash
Euros Foto de Ibrahim Boran en Unsplash

El Banco Central Europeo hizo una pausa este jueves, pero ya prepara el siguiente movimiento.
Varios miembros del Consejo de Gobierno consideran probable una subida de 25 puntos básicos en septiembre, salvo que las perspectivas de inflación mejoren de forma significativa.
El aviso coincidió con una jornada adversa en Wall Street: el Dow Jones cerró en 51.711,65 puntos, tras perder un 1%.
La energía vuelve a dictar la política monetaria y el mercado empieza a asumir que el crédito seguirá caro durante más tiempo.

El BCE mantuvo la facilidad de depósito en el 2,25%, el tipo principal de refinanciación en el 2,40% y la facilidad marginal de crédito en el 2,65%. La decisión fue unánime, aunque Christine Lagarde reconoció que algunos gobernadores se preguntaron si ya era necesario otro incremento.

La estabilidad de julio no debe confundirse con el final del endurecimiento. Según personas conocedoras de las discusiones internas citadas por Bloomberg, la información disponible apunta a que probablemente será necesario otro aumento de un cuarto de punto. No es todavía una decisión oficial: dependerá de los datos publicados antes de la reunión del 10 de septiembre.

La energía cambia los cálculos

La inflación de la eurozona descendió del 3,2% en mayo al 2,8% en junio, pero continúa claramente por encima del objetivo del 2%. Además, el petróleo ha vuelto a superar los 100 dólares por barril debido a la reanudación de los combates en Oriente Próximo y a las amenazas sobre las rutas marítimas.

El problema para Fráncfort no es únicamente el encarecimiento inmediato del combustible. Si la energía permanece elevada, el impacto puede extenderse al transporte, los alimentos, la industria y los salarios. El BCE teme que un choque inicialmente exterior termine arraigándose en toda la economía europea.

Wall Street cierra en rojo

El Dow Jones terminó la sesión en 51.711,65 puntos, con un retroceso de 506,93 puntos, equivalente al 1%. El S&P 500 cayó un 1,2%, hasta 7.408,30 puntos, mientras el Nasdaq sufrió la mayor corrección y perdió un 2,2%, cerrando en 25.137,69.

Fue la peor jornada de Wall Street en aproximadamente un mes. El castigo estuvo impulsado por la caída de grandes tecnológicas, las dudas sobre el coste de la carrera de la inteligencia artificial y el repunte del petróleo. El endurecimiento esperado en Europa reforzó un mensaje más amplio: los bancos centrales todavía no pueden declarar vencida la inflación.

Los bonos anticipan septiembre

Los mercados de deuda ya venían ajustándose a un escenario de tipos más elevados. La rentabilidad del bono alemán a diez años ha superado el 3,2%, máximos no observados en más de una década, mientras también aumentan los costes de financiación de Francia y otros países de la eurozona.

Cuando sube el Bund, aumenta la referencia utilizada para valorar deuda pública, bonos corporativos e inversiones financieras. El efecto no se limita, por tanto, a Alemania. Cada décima adicional termina filtrándose hacia las empresas, las familias y los Estados más endeudados, aunque el impacto completo tarde meses en aparecer.

El dilema de Lagarde

Subir los tipos puede contener las expectativas inflacionistas, pero no produce petróleo ni reabre rutas marítimas. Además, una política más restrictiva reduce la inversión, encarece el crédito y debilita una economía europea que ya presenta un crecimiento limitado.

El BCE debe evitar que la energía provoque efectos de segunda ronda sin convertir una crisis de oferta en una recesión. Esa dificultad explica la estrategia actual: mantener los tipos en julio, observar los datos del verano y preservar la opción de actuar en septiembre. La pausa compra tiempo, pero también eleva la importancia de cada dato de precios.

La factura llega al crédito

Una subida hasta el 2,50% en la facilidad de depósito mantendría la presión sobre el euríbor, las hipotecas variables y los préstamos empresariales. También retrasaría el abaratamiento de las nuevas hipotecas fijas y obligaría a las compañías más endeudadas a refinanciarse en condiciones menos favorables.

Para los mercados, el mensaje es igualmente incómodo. Las valoraciones bursátiles construidas sobre tipos bajos pierden atractivo cuando la deuda segura ofrece mayores rendimientos. El cierre del Dow Jones refleja una corrección con varios detonantes, no exclusivamente europeos. Sin embargo, confirma que el dinero barato ya no puede darse por descontado a ninguno de los dos lados del Atlántico.

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