Israel elimina a un jefe de la Fuerza Quds en Beirut
La guerra entre Israel e Irán suma un nuevo capítulo de alto voltaje. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han anunciado este martes la muerte de Reza Khazaei, descrito como uno de los principales mandos de la Fuerza Quds y jefe de Estado Mayor de su “Cuerpo libanés”, en un ataque aéreo contra Beirut. Según el comunicado militar, Khazaei lideraba los esfuerzos iraníes para reforzar a Hezbolá y coordinaba las rutas de transferencia de armas desde Irán al Líbano, además de supervisar planes de producción de armamento en territorio libanés. El golpe llega en plena escalada regional, con intensos bombardeos israelíes sobre posiciones de Hezbolá y miles de civiles desplazados en el país de los cedros. La muerte de Khazaei encaja en una estrategia que busca descabezar la red militar exterior de Teherán y, al mismo tiempo, abre un nuevo escenario de represalias en una guerra que ya no se libra solo en Gaza, sino en todo Oriente Próximo.
El ataque, ejecutado el lunes según las FDI, se produjo en Beirut, ciudad que en los últimos días ha vuelto a escuchar explosiones masivas tras años de relativa calma. Israel asegura que se trató de un bombardeo selectivo contra el responsable iraní, al que sitúa al frente de la estructura de la Fuerza Quds dedicada a operar en territorio libanés y a sostener militarmente a Hezbolá.
El contexto no puede ser más explosivo. Tras el asesinato del líder supremo iraní, Alí Jamenei, la milicia chií libanesa ha lanzado misiles y drones contra el norte de Israel, provocando una ofensiva aérea israelí a gran escala sobre barrios controlados por Hezbolá en Beirut y el sur del país. Solo en las últimas 48 horas, los ataques han dejado decenas de muertos y más de un centenar de heridos, además de miles de desplazados que buscan refugio en escuelas y edificios públicos.
En este contexto, la eliminación de Khazaei se presenta como un mensaje directo a Teherán: Israel no solo pretende degradar la capacidad operativa de Hezbolá, sino también golpear a quienes diseñan y coordinan, desde la cúpula iraní, la arquitectura militar de sus aliados en la región.
Quién era Reza Khazaei y por qué era clave
Los datos oficiales sobre la figura de Reza Khazaei son escasos, como ocurre con la mayoría de mandos de la Fuerza Quds. Israel lo define como jefe de Estado Mayor del “Cuerpo libanés” del brazo exterior de la Guardia Revolucionaria iraní, responsable directo de fortalecer el músculo militar de Hezbolá en la última década.
Según el comunicado militar, “asistió en el establecimiento de rutas para transferir armas desde Irán al Líbano y supervisó los planes de producción de armamento de Hezbolá en suelo libanés”. Esta descripción lo sitúa en el centro de la logística estratégica que ha permitido a la milicia chií acumular un arsenal estimado, antes de la actual escalada, en entre 130.000 y 150.000 cohetes y misiles apuntando a territorio israelí.
Khazaei sería, por tanto, uno de los cuadros encargados de coordinar a las unidades especializadas de la Fuerza Quds –como las conocidas Unidades 190 y 700, dedicadas al contrabando de armas por tierra, mar y aire hacia Hezbolá–, así como de armonizar esa logística con la estructura de seguridad de la milicia libanesa y con redes comerciales y portuarias en el Mediterráneo oriental.
Su eliminación no supone solo la desaparición de un alto mando militar; afecta a un entramado complejo de ingenieros, contrabandistas, oficiales de inteligencia y mandos intermedios que dependen de un reducido grupo de coordinadores a nivel regional.
La red de armas de Irán hacia Hezbolá
La misión de la Fuerza Quds, según las fuentes abiertas, es proyectar el poder militar iraní fuera de sus fronteras a través de milicias y actores armados aliados. En el caso del Líbano, esa función se traduce en un apoyo integral a Hezbolá: financiación, entrenamiento, inteligencia y, sobre todo, un flujo constante de armamento avanzado.
El envío de armas se realiza por rutas múltiples. Tradicionalmente, los convoyes terrestres atravesaban Siria, aprovechando la frontera porosa y la guerra civil para camuflar el tránsito de misiles, drones y sistemas de guiado de precisión. Sin embargo, los bombardeos israelíes continuados sobre esos corredores han obligado a Teherán a diversificar vías, recurriendo a rutas marítimas hacia puertos libaneses y al uso de aerolíneas y cargueros controlados por empresas pantalla del propio IRGC.
Al mismo tiempo, Hezbolá y la Fuerza Quds han impulsado un programa de producción local de misiles y cohetes, con la instalación de talleres y fábricas dispersas en barrios densamente poblados del sur de Beirut y el sur del Líbano. El objetivo: reducir la vulnerabilidad de los envíos y garantizar que, incluso si Israel interrumpe las rutas de suministro, la milicia pueda seguir reponiendo parte de su arsenal. Es precisamente esa red de producción y distribución la que, según Israel, coordinaba Khazaei.
Una victoria táctica con riesgo de escalada
Desde el punto de vista militar, la eliminación de un mando de este nivel es una victoria táctica evidente para Israel. La Fuerza Quds es una unidad relativamente reducida: las estimaciones sitúan su fuerza en torno a 5.000-10.000 miembros, aunque algunos estudios elevan el número total de operativos a alrededor de 15.000. En una estructura de este tamaño, la pérdida de un jefe de Estado Mayor regional no es fácilmente sustituible.
Sin embargo, lo más delicado es la dimensión estratégica. Teherán ha respondido en los últimos meses a ataques similares –incluido el bombardeo de centros de mando de la Fuerza Quds en Irán y Siria– con una combinación de lanzamientos de misiles, ataques de drones y presión sobre sus aliados en la región. En junio de 2025, por ejemplo, Israel mató al menos a 20 altos mandos iraníes en una serie de ataques sobre territorio iraní, entre ellos varios dirigentes de la Fuerza Quds.
La consecuencia es clara: cada “golpe quirúrgico” refuerza la percepción, en Teherán y en Hezbolá, de que la supervivencia del régimen y de la red de milicias pasa por elevar el coste para Israel y sus aliados. La muerte de Khazaei puede, por tanto, acelerar nuevos ciclos de represalias, lejos de contenerlos.
Un equilibrio regional cada vez más inestable
La ofensiva israelí contra Hezbolá se produce en un momento en el que el conflicto ha dejado de ser un enfrentamiento localizado para convertirse en una guerra regional abierta. Detrás de la muerte de Khazaei no solo está la lógica de la “campaña entre guerras” que Israel desarrolla desde hace años contra objetivos iraníes, sino también la presión de una opinión pública israelí que percibe al norte –el frente libanés– como una amenaza existencial.
Por su parte, Irán se encuentra sometido a un desgaste sin precedentes: en menos de un año ha perdido a varios altos mandos de la Fuerza Quds y del IRGC, tanto en su territorio como en Siria y el Líbano. Esa sangría erosiona su capacidad de coordinación regional, pero también incentiva una huida hacia adelante, apoyándose aún más en actores no estatales para mantener presión sobre Israel y Estados Unidos.
El diagnóstico es inequívoco: la arquitectura de disuasión construida desde 2006 entre Israel y Hezbolá está colapsando. Si la milicia mantiene su capacidad de lanzar miles de proyectiles pese a los golpes de precisión, y si Irán sigue dispuesto a asumir pérdidas de alto nivel, el riesgo de un conflicto total –no solo por episodios– se dispara.
Líbano, atrapado entre Teherán e Israel
Mientras los drones y cazas sobrevolaban Beirut, el Gobierno libanés ha tratado de marcar distancias con Hezbolá. El primer ministro Nawaf Salam ha condenado en los últimos días tanto los ataques israelíes como el uso del territorio libanés para lanzar misiles sin autorización del Estado, una situación que deja al país atrapado entre dos fuegos.
A nivel interno, el contraste resulta demoledor: un Estado con instituciones frágiles, una economía hundida tras años de crisis financiera y devaluación, y una milicia que conserva decenas de miles de combatientes y un arsenal que muchos Estados europeos no podrían igualar. Hezbolá se presenta como “resistencia” frente a Israel, pero su integración parcial en el sistema político y su brazo armado independiente han convertido al país en frente avanzado de la confrontación entre Irán e Israel.
Los últimos bombardeos han obligado a más de 20.000-30.000 personas a abandonar sus hogares y buscar refugio en escuelas, aparcamientos subterráneos y localidades más seguras del norte del país. Cada nuevo ataque contra figuras como Khazaei aumenta la probabilidad de que Beirut y el sur del Líbano se conviertan, de nuevo, en escenario central de la guerra.
Antecedentes: una campaña sistemática contra la cúpula iraní
La operación que ha acabado con la vida de Reza Khazaei no es un hecho aislado, sino parte de una campaña sostenida para desarticular la cúpula operativa de la Fuerza Quds. Desde la muerte de Qasem Soleimani en 2020, Israel y Estados Unidos han intensificado los ataques selectivos contra mandos intermedios y altos responsables de logística, inteligencia y armamento.
En los dos últimos años, Israel ha reivindicado la eliminación de jefes de unidades responsables de trasferencias de armas, coordinación con milicias palestinas y diseño de ataques con drones. Las fuentes abiertas recogen, además de la matanza de altos mandos en Irán, la destrucción de centros de mando y comunicaciones de la Fuerza Quds utilizados para dirigir operaciones en Siria, Irak, Gaza y el Líbano.
Lo más grave, desde la perspectiva iraní, es que estos golpes ponen en cuestión la imagen de invulnerabilidad del IRGC dentro y fuera de sus fronteras. Cada nuevo nombre que se suma a la lista de mandos abatidos –ahora Khazaei– lanza a la vez un mensaje al interior del régimen: ningún escalón de la cadena de mando está a salvo.

