Ormuz, al límite: Tajani exige reabrir la gran ruta petrolera
Italia reclama libertad de navegación sin peajes mientras Irán y Omán negocian un corredor provisional para recuperar el tráfico comercial.
El estrecho de Ormuz vuelve a situarse en el centro de la diplomacia mundial. El ministro italiano de Exteriores, Antonio Tajani, ha reclamado a Irán que facilite su reapertura completa y garantice el tránsito marítimo sin restricciones, obstáculos ni peajes.
La petición fue trasladada a su homólogo iraní, Abbas Araghchi, durante una conversación centrada en las negociaciones entre Teherán y Omán. El objetivo inmediato es recuperar el tráfico comercial por una de las arterias energéticas más sensibles del planeta. Sin embargo, el entendimiento sigue condicionado por las diferencias entre Irán y Estados Unidos y por una escalada regional que amenaza con desbordar el terreno diplomático.
Una reapertura todavía frágil
Irán y Omán han avanzado en la delimitación de un corredor marítimo que permitiría restablecer parcialmente la circulación de buques. Las conversaciones incluyen la definición de canales de entrada y salida, el reparto de responsabilidades operativas y las condiciones de seguridad que deberán cumplir las embarcaciones.
Las fuentes consultadas apuntan a un posible marco inicial de 60 días, concebido como una solución provisional mientras continúan las negociaciones políticas. No obstante, alcanzar un documento técnico no garantiza su aplicación inmediata. Teherán sostiene que la normalización depende también del levantamiento del bloqueo estadounidense sobre sus puertos.
Tajani rechaza cualquier peaje
La posición italiana es inequívoca. Tajani considera «esencial garantizar la plena libertad de navegación» y rechaza que el paso por Ormuz quede sometido a tasas obligatorias o decisiones arbitrarias.
Italia teme que un sistema controlado unilateralmente por Irán otorgue a Teherán una capacidad permanente de presión sobre el comercio energético. El borrador debatido permitiría a las autoridades iraníes supervisar parte del tráfico de entrada, mientras Omán asumiría funciones en las rutas de salida. Washington se opone especialmente a cualquier peaje, al entender que convertiría el estrecho en una herramienta de financiación y coerción política.
El petróleo contiene la respiración
La incertidumbre ya tiene consecuencias económicas. El flujo de crudo por el estrecho habría caído hasta aproximadamente el 36% de los niveles anteriores al conflicto, una contracción capaz de tensionar los costes energéticos, los seguros marítimos y las cadenas de suministro.
La posibilidad de un acuerdo provocó movimientos bruscos en los mercados: el precio del Brent llegó a retroceder alrededor de un 2,5% tras conocerse avances diplomáticos. Algunas estimaciones sitúan el petróleo en una horquilla de 80 a 90 dólares por barril, siempre que el corredor llegue a funcionar y no se produzcan nuevos ataques contra mercantes.
Estados Unidos, la pieza decisiva
Tajani también ha pedido mantener abierto el diálogo con Estados Unidos. La advertencia no es retórica: aunque Irán afirma negociar formalmente solo con Omán, cualquier reapertura duradera necesita algún tipo de entendimiento con Washington.
El principal desacuerdo reside en el orden de las concesiones. Teherán exige el levantamiento de medidas contra sus puertos antes de normalizar el tránsito. Estados Unidos reclama garantías verificables de seguridad y libertad comercial antes de modificar su presión naval o económica. Cada parte quiere cobrar primero y ceder después, una secuencia que ha frustrado anteriores intentos de desescalada.
El frente libanés irrumpe en la negociación
La llamada entre Tajani y Araghchi abordó además la situación del Líbano y las conversaciones celebradas en Roma. El ministro italiano trasladó a Irán que su influencia resulta «crucial» para frenar las acciones militares de Hezbollah y consolidar el alto el fuego.
La negociación persigue un acuerdo más amplio que incluya el repliegue israelí y el desarme o contención de la milicia chií. Los últimos episodios violentos demuestran, sin embargo, que el equilibrio sigue siendo extremadamente precario. La muerte de dos soldados israelíes y los posteriores ataques en territorio libanés elevaron de nuevo el riesgo de ruptura.
Una tregua con demasiados condicionantes
La mediación de Omán y la presión italiana ofrecen una salida, pero el diagnóstico sigue siendo delicado. La reapertura de Ormuz depende de acuerdos técnicos, garantías militares y concesiones políticas entre adversarios que mantienen una profunda desconfianza.
Además, cualquier incidente contra un petrolero puede volver a cerrar la ventana diplomática. El efecto dominó sería inmediato: petróleo más caro, mayores primas de seguro, presión inflacionista y costes adicionales para la industria europea. Por eso, Tajani intenta conectar los dos principales focos de tensión —Ormuz y el Líbano— dentro de una misma estrategia: reducir la capacidad de escalada iraní sin romper el canal de diálogo con Teherán.