La vivienda no bajará este otoño: los precios aún pueden subir un 6%

La escasez de oferta, el crecimiento de los hogares y unas hipotecas más accesibles alejan una corrección generalizada, aunque aumentará la negociación en determinados mercados.

Vivienda

Foto de Maria Ziegler en Unsplash
Vivienda Foto de Maria Ziegler en Unsplash

El precio de la vivienda en España afrontará el otoño de 2026 sin señales suficientes para anticipar una bajada generalizada. El mercado llega a septiembre después de registrar un incremento interanual del 12,9% durante el primer trimestre, con avances del 13,5% en la segunda mano y del 9,1% en la obra nueva. Además, el encarecimiento trimestral alcanzó el 3,5%, según el Instituto Nacional de Estadística.

La intensidad de las subidas probablemente se moderará. Sin embargo, la falta de viviendas disponibles, la creación de nuevos hogares y la resistencia de la demanda hacen improbable un descenso nacional antes de que termine el año.

La oferta sigue bloqueada

El principal obstáculo para una bajada de precios no se encuentra en la financiación, sino en la oferta. España acumula un déficit residencial que distintas estimaciones sitúan alrededor de las 750.000 viviendas desde 2021. Solo durante 2025 se crearon aproximadamente 240.000 hogares, mientras que se terminaron unas 92.000 viviendas.

La distancia entre ambas cifras resulta difícil de corregir en unos meses. La lentitud urbanística, la escasez de suelo finalista, los costes de construcción y la falta de mano de obra impiden que la promoción responda con rapidez. Por eso, incluso una demanda menos dinámica puede seguir presionando los precios.

Un otoño sin desplome

El escenario más probable entre septiembre y noviembre es una desaceleración, no una caída. Tras las fuertes revalorizaciones del comienzo del año, el crecimiento interanual podría reducirse hacia una horquilla del 5% al 8% en numerosos mercados, aunque esta estimación dependerá de la evolución económica y financiera.

El diagnóstico es inequívoco: los precios pueden subir más despacio sin llegar a bajar. Para que se produjera una corrección intensa sería necesario un aumento brusco del desempleo, una restricción severa del crédito o un crecimiento significativo del parque disponible. Ninguna de esas condiciones aparece actualmente con suficiente fuerza.

Las hipotecas sostienen la demanda

El coste de financiación continúa lejos de los mínimos anteriores a la crisis inflacionista, pero resulta más asumible que durante los máximos de 2023. El tipo oficial de referencia hipotecaria a un año publicado en agosto se situó en el 1,979%, un nivel que reduce la presión financiera sobre quienes acceden a préstamos variables.

Al mismo tiempo, algunas ofertas comerciales presentan hipotecas fijas desde aproximadamente el 2,30% TIN, aunque vinculadas al perfil del cliente y a la contratación de productos adicionales. Esta competencia bancaria mantiene compradores en el mercado y limita las posibilidades de una corrección.

Las grandes ciudades resistirán

Madrid, Barcelona, Málaga, Valencia, Palma y buena parte de los mercados costeros seguirán mostrando una resistencia superior. Allí convergen empleo, crecimiento demográfico, inversión, demanda internacional y una oferta particularmente limitada.

La presión también se extiende hacia las coronas metropolitanas. En algunos municipios del sur de Madrid, los incrementos interanuales han superado el 14%, mientras Getafe alcanzó una subida cercana al 20%. El contraste territorial será notable: los ajustes puntuales se concentrarán en inmuebles sobrevalorados, mal ubicados, sin reformar o con baja eficiencia energética.

Más margen para negociar

Aunque el precio medio no baje, el comprador puede recuperar capacidad de negociación. Los anuncios que llevan meses publicados, las viviendas que necesitan reformas importantes y las operaciones condicionadas por herencias o separaciones permiten descuentos.

Durante el otoño podrían reaparecer rebajas del 3% al 7% sobre el precio anunciado en activos con escasa demanda. No se trataría de una caída estadística del mercado, sino de un ajuste entre las expectativas del vendedor y la capacidad real del comprador. El precio de cierre será cada vez más relevante que el precio del portal inmobiliario.

Esperar también tiene un coste

Retrasar la compra únicamente confiando en una caída generalizada entraña un riesgo. Una vivienda de 250.000 euros que se encarezca un 5% pasaría a costar 262.500 euros, un incremento que podría neutralizar cualquier ahorro derivado de una hipoteca ligeramente más barata.

La decisión dependerá menos del calendario que de la solvencia del comprador, su estabilidad laboral, el ahorro disponible y el horizonte de permanencia. Para quienes pueden asumir una cuota inferior al 30%-35% de sus ingresos netos y pretenden conservar el inmueble durante años, esperar al desplome puede resultar una estrategia fallida. Este otoño ofrecerá más negociación, pero difícilmente viviendas baratas.

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