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El Pentágono sopesa invadir Irán: "Trump sopesa cuatro planes en la Casa Blanca"

centcom 2 avión
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Tras nueve noches consecutivas de bombardeos, el conflicto entre Estados Unidos e Irán entra en una nueva fase marcada por la incertidumbre. Los ataques aéreos han golpeado infraestructuras militares iraníes, pero no han conseguido neutralizar por completo a la Guardia Revolucionaria, uno de los pilares del aparato de defensa de Teherán. Mientras tanto, el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz continúa gravemente alterado y el precio del petróleo ha vuelto a situarse cerca de los 90 dólares por barril, aumentando la presión sobre los mercados energéticos mundiales.

En este escenario, diversos medios estadounidenses, entre ellos The Wall Street Journal, han informado de que el Pentágono está elaborando planes que ampliarían las opciones militares disponibles para el presidente Donald Trump. Sin embargo, preparar planes de contingencia no significa que exista una decisión política de ejecutarlos, una diferencia que la propia Administración ha querido subrayar.

La planificación militar se intensifica

Según las informaciones publicadas, el Departamento de Defensa estudia reforzar su presencia en Oriente Medio con miles de efectivos adicionales, incluidos marines, unidades aerotransportadas, vehículos blindados y apoyo logístico. El objetivo sería ofrecer al presidente un abanico más amplio de respuestas si el conflicto continúa escalando.

La Casa Blanca mantiene públicamente que todas las opciones militares permanecen sobre la mesa, aunque insiste en que Trump sigue valorando también vías diplomáticas. De hecho, responsables estadounidenses han reiterado que el presidente no ha dado instrucciones para desplegar tropas dentro del territorio iraní.

Cuatro escenarios sobre la mesa

Entre las alternativas que analizan estrategas militares figuran varias operaciones de intensidad muy distinta.

Una de ellas consistiría en tomar la isla de Kharg, principal terminal de exportación de crudo iraní, desde donde históricamente ha salido la mayor parte del petróleo del país. Controlar este enclave supondría un fuerte golpe económico para Teherán y podría aumentar la presión en una eventual negociación.

Otra posibilidad sería ocupar las islas de Abu Musa y las Tunbs, situadas en una posición estratégica dentro del estrecho de Ormuz. El objetivo sería reforzar el control sobre una de las rutas marítimas más importantes del planeta sin penetrar profundamente en territorio iraní.

Una tercera opción contempla incursiones limitadas sobre la costa iraní para destruir baterías de misiles antibuque, radares y bases navales desde las que Irán amenaza el tráfico marítimo.

Por último, existe el escenario más extremo: una invasión terrestre de gran escala, aunque numerosos analistas consideran que sería la alternativa con mayores riesgos militares, políticos y económicos.

Un adversario muy distinto a Irak

Cualquier operación terrestre contra Irán tendría una complejidad muy superior a conflictos anteriores protagonizados por Estados Unidos en Oriente Medio.

Irán dispone de cientos de miles de efectivos entre fuerzas regulares, reservistas y miembros de la Guardia Revolucionaria, además de una amplia red de misiles balísticos, drones, defensas costeras y minas navales capaces de complicar cualquier desembarco o avance terrestre.

Además, el país posee una geografía extensa y montañosa que favorece las operaciones defensivas y dificulta el control del territorio. Por ello, numerosos expertos consideran que incluso una ofensiva limitada podría derivar en un conflicto prolongado.

El petróleo vuelve al centro del conflicto

Más allá del plano militar, el principal impacto ya se está dejando sentir en los mercados energéticos.

El estrecho de Ormuz canaliza una parte esencial del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. La reducción del tráfico marítimo y el incremento del riesgo geopolítico han impulsado el precio del crudo, elevando también los costes del transporte marítimo y de los seguros para los buques que operan en la zona. Una prolongación del conflicto podría trasladarse rápidamente a la inflación global, especialmente en economías altamente dependientes de las importaciones energéticas.

Mientras continúan los ataques cruzados y aumentan las bajas estadounidenses, también crece la presión política sobre la Administración Trump. Algunos sectores defienden intensificar la ofensiva para debilitar definitivamente la capacidad militar iraní, mientras otros advierten del riesgo de repetir errores similares a los cometidos en conflictos como Irak o Afganistán.

Por ahora, no existe ninguna decisión oficial para lanzar una invasión terrestre, aunque el hecho de que el Pentágono prepare distintos escenarios refleja que Washington contempla un abanico de respuestas mucho más amplio que hace apenas unas semanas. La planificación militar no implica una guerra terrestre inminente, pero sí confirma que el conflicto ha entrado en una fase en la que las opciones más extremas ya forman parte de los análisis estratégicos de la Casa Blanca y del Pentágono. La evolución de los combates, el comportamiento de Irán y el impacto sobre los mercados energéticos serán determinantes para decidir si esos planes permanecen sobre el papel o acaban transformándose en operaciones reales.

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