El primer ministro eslovaco trasladó a otros líderes europeos su preocupación por un Estados Unidos “peligroso”

Robert Fico cuestiona la estabilidad psicológica de Donald Trump y alerta a Europa

La política europea ha recibido una sacudida inesperada desde Bratislava. Robert Fico, primer ministro de Eslovaquia y uno de los jefes de Gobierno más próximos a Donald Trump dentro de la UE, ha expresado en privado a sus homólogos europeos que salió “impactado” por el estado psicológico del presidente estadounidense tras una reunión celebrada el 17 de enero en Mar-a-Lago, la residencia de Trump en Florida. Según varios diplomáticos, Fico llegó a calificar su comportamiento de “peligroso”, una palabra que en boca de un aliado resulta demoledora.

Imagen en miniatura del vídeo donde se muestra a Robert Fico en un contexto diplomático.<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Robert Fico cuestiona la estabilidad psicológica de Donald Trump y alerta a Europa

Las advertencias se habrían producido en los márgenes de la cumbre de emergencia de la UE del 22 de enero en Bruselas, convocada para responder a la escalada de tensión con Washington a cuenta de la llamada crisis de Groenlandia, desencadenada por las amenazas de anexión del territorio y de aranceles del 25% a los productos europeos si Dinamarca no cedía soberanía. El relato dibuja un escenario inquietante: un socio del que depende el 68% del gasto militar total de la OTAN y que, sin embargo, muchos en Europa empiezan a ver como un factor de riesgo más que como un garante de estabilidad.

El propio Fico se ha apresurado después a desmentir “las mentiras” publicadas, pero el daño ya está hecho: el aviso corre por las cancillerías europeas y alimenta un debate de fondo sobre cuánto puede permitirse Europa atar su seguridad —y buena parte de su prosperidad— a un Washington percibido como cada vez más imprevisible.

Fico enciende la alerta sobre el líder que antes defendía

El giro de Robert Fico resulta particularmente llamativo por el historial del propio dirigente eslovaco. Hasta ahora, se había comportado como uno de los pocos aliados declarados de Trump dentro del Consejo Europeo, crítico con las sanciones a Rusia y alineado con la narrativa de Washington sobre la “debilidad” defensiva de los socios europeos.

Que sea precisamente él quien, según fuentes diplomáticas, hable de un presidente “peligroso” y cuestione su estabilidad psicológica en privado multiplica el impacto de sus palabras. «Nunca me había preocupado la capacidad de Estados Unidos para gestionar una crisis; ahora sí», habría comentado, según varios asistentes, en un corrillo con otros líderes. No se trata solo de una discrepancia política: el foco se desplaza a la capacidad personal del inquilino de la Casa Blanca para gestionar crisis de alto riesgo.

Lo más significativo es el contexto. Estas advertencias no llegan desde una oposición ideológica a Trump, sino desde un líder que ha presumido de haber sido recibido en Mar-a-Lago como muestra de “alto respeto y confianza”. El contraste entre el discurso público y el relato privado refuerza la sensación de fisura interna en el bloque de aliados más próximos a Washington, y da munición a quienes en la UE defienden acelerar la autonomía estratégica.

Un aliado incómodo para Bruselas que ahora señala a Washington

Fico ya era, antes de este episodio, una figura incómoda para las instituciones comunitarias. Su retorno al poder en 2023 se acompañó de un discurso abiertamente crítico con Bruselas, recortes en mecanismos anticorrupción internos y un alineamiento creciente con Moscú y Pekín.

Pese a ello, su Gobierno ha mantenido canales privilegiados con Washington en ámbitos clave: energía, defensa y nuclear civil. No por casualidad, en la agenda del encuentro del 17 de enero figuraba el impulso a un reactor nuclear de unos 1.200 megavatios en la central eslovaca de Jaslovské Bohunice con tecnología estadounidense, un proyecto estratégico que podría movilizar varios miles de millones de euros en inversión a lo largo de la próxima década.

Ese doble perfil —europeísta díscolo pero pragmático en los acuerdos económicos— convertía a Fico en un puente útil para Washington. Sin embargo, sus dudas sobre la estabilidad de Trump reconfiguran el tablero: de ser el líder que pedía a Bruselas no romper puentes con Estados Unidos, pasa a advertir en privado de los riesgos de seguir confiando ciegamente en la capacidad de la Casa Blanca para gestionar crisis complejas.

El mensaje cala en capitales donde ya existía malestar con la presión estadounidense para que los 32 aliados de la OTAN —todos salvo España— alcancen el 5% del PIB en gasto de defensa de aquí a 2035, frente a una media europea que hoy ronda el 1,6%. La consecuencia es clara: si el liderazgo de quien exige ese esfuerzo se percibe inestable, el debate sobre quién manda realmente en la arquitectura de seguridad europea se recrudece.

Mar-a-Lago: del encuentro cordial al diagnóstico inquietante

El relato de lo ocurrido en Mar-a-Lago ilustra bien la volatilidad del momento. Oficialmente, la reunión del 17 de enero se presentó como un diálogo “constructivo y soberano” sobre seguridad energética y cooperación estratégica. Las imágenes difundidas por el entorno de Fico mostraban cordialidad, sonrisas y un guion de perfecta sintonía.

Sin embargo, lo que posteriormente trascendió entre diplomáticos europeos fue muy distinto. Según varias fuentes presentes en la cumbre de Bruselas, Fico describió el comportamiento de Trump como errático, con cambios bruscos de tema, fijación en agravios personales y una insistencia obsesiva en la “victoria total” en cualquier negociación. «Estaba fuera de sí, no reconocí al líder con el que había tratado antes», habría resumido ante un reducido grupo de colegas.

Trump, por su parte, negó cualquier problema de salud mental en entrevistas recientes y la Casa Blanca calificó el encuentro de “positivo y productivo”, desechando las inquietudes europeas como “infundadas”. El choque de relatos revela hasta qué punto se ha erosionado la confianza mutua: unos y otros describen la misma reunión, pero la leen desde prismas radicalmente opuestos.

En la práctica, la mera existencia de este debate interno sobre el estado mental del líder del país que concentra casi siete de cada diez dólares del gasto militar de la OTAN introduce un elemento de incertidumbre que ningún diseño de tratados puede neutralizar.

La cumbre de Bruselas y la sombra de Groenlandia

La alarma de Fico se produjo en los márgenes de una cita europea ya de por sí excepcional. El 22 de enero, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE se reunieron de urgencia para responder a la escalada de la crisis de Groenlandia, después de que Trump llegara a plantear la posibilidad de anexar el territorio, bajo soberanía danesa, y amenazara con imponer aranceles del 25% a varios países europeos si Copenhague no se avenía a negociar.

Aunque el propio Trump acabó reculando en Davos y descartó el uso de la fuerza, la secuencia dejó claro lo que preocupa hoy a las capitales europeas: no tanto la capacidad militar de Estados Unidos como la imprevisibilidad de su liderazgo político. Las discusiones sobre Groenlandia se entrelazaron con la guerra en Ucrania, los riesgos en el Ártico y la presión para que Europa asuma un mayor esfuerzo militar, a menudo formulada en términos abiertamente coercitivos.

En ese contexto, las palabras de Fico sobre el “peligro” que supondría un Estados Unidos mal gestionado psicológicamente actuaron como catalizador. Lo que hasta ahora se formulaba en voz baja —la duda sobre si Trump es un socio fiable— se verbalizó, aunque fuera en círculos restringidos. Y una vez dicha en una mesa europea, esa duda se convierte en factor político.

Una relación transatlántica bajo sospecha

Las tensiones actuales no nacen de la nada. Llevan años gestándose, desde los primeros choques arancelarios y la retirada norteamericana de acuerdos climáticos y nucleares, hasta las críticas constantes a los aliados que no alcanzaban el 2% del PIB en defensa. Pero la crisis de Groenlandia y las dudas sobre la estabilidad del presidente han creado una combinación inédita: conflicto estructural y desconfianza personal a la vez.

La UE ha pasado de ver a Washington como un socio a veces incómodo pero predecible, a contemplarlo como un actor cuyo cálculo estratégico puede variar radicalmente en cuestión de semanas. Eso tiene efectos inmediatos: endurece el tono en las negociaciones comerciales, condiciona las decisiones de inversión —especialmente en energía y defensa— y acelera debates que antes parecían teóricos, como la creación de una fuerza militar europea más integrada o la mutualización de ciertos programas de armamento.

El diagnóstico es inequívoco: cuanto más se perciba que la Casa Blanca puede tomar decisiones de alto impacto en función del estado de ánimo de su presidente, mayor será la presión para que Europa reduzca su dependencia crítica en ámbitos como la seguridad, la tecnología o las materias primas estratégicas.

El factor psicológico en la ecuación de seguridad

La novedad de este episodio es que la discusión ya no se limita a cifras de gasto o capacidad militar, sino que introduce de lleno el factor psicológico en el análisis de riesgos. Que un primer ministro europeo use en privado palabras como “peligroso” o “fuera de sí” para describir al presidente de Estados Unidos rompe un tabú diplomático: el de no cuestionar nunca, al menos públicamente, la estabilidad de los líderes aliados.

Hasta ahora, las preocupaciones sobre la edad de Trump —que roza ya los 80 años—, sus lapsus en actos públicos o su insistencia en haber “superado” pruebas cognitivas se habían tratado más como munición para la política interna estadounidense que como variable de cálculo estratégico en Europa. La confesión de Fico indica que eso ha cambiado.

En un entorno donde la OTAN discute escenarios que implican fuerzas nucleares, operaciones en el Ártico y respuestas coordinadas a ciberataques masivos, el equilibrio psicológico de quien puede ordenar una escalada se convierte en un dato tan relevante como el número de divisiones desplegadas. 

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