Rubio afirma que China, Irán y Rusia usaron Venezuela como base estratégica
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó este miércoles ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado que China, Irán y Rusia utilizaron a Venezuela como su “base principal de operaciones en el hemisferio occidental”, lo que, según él, representaba un “enorme riesgo estratégico” para Washington y fue uno de los motivos que justificaron la intervención militar en ese país. Rubio pidió que Venezuela entre en una fase de transición hacia un futuro “amistoso, estable y democrático”, al tiempo que defendió el control estadounidense sobre sus recursos energéticos.
Rubio articuló ante los senadores una visión de Venezuela como un punto de intervención y presencia de potencias rivales de Estados Unidos en su propio vecindario. Según el jefe de la diplomacia estadounidense, la presencia de China, Irán y Rusia en territorio venezolano —amplificada por vínculos políticos, económicos y militares con el régimen de Nicolás Maduro— convertía al país sudamericano en una plataforma para influir y operar en el hemisferio occidental, lejos de sus bases tradicionales en Asia o Europa.
Este tipo de lenguaje subraya la estrategia geopolítica de la administración Trump de reafirmar la doctrina de defensa del hemisferio occidental, rememorando en varios momentos la histórica Doctrina Monroe como marco retórico para justificar la oposición a la presencia de actores externos en Latinoamérica. Esta lógica sitúa a Venezuela en el centro de una competencia mucho más amplia entre Washington y sus adversarios, en la que el control territorial y de recursos es considerado un elemento clave de seguridad regional.
De gobierno de “narcotraficante” a riesgo estratégico
Durante su testimonio, Rubio calificó al gobierno venezolano anterior a la intervención como operado por un “narcotraficante”, en referencia a Nicolás Maduro, cuyo mandato fue cuestionado por Estados Unidos y varios países democráticos por la erosión de las instituciones, la corrupción y el uso de estructuras del Estado para operaciones ilícitas. Esta declaración se inserta en la narrativa oficial estadounidense que vinculó al régimen venezolano con redes de crimen organizado y tráfico de drogas, planteando que estos vínculos no solo representaban una amenaza interna, sino que, combinados con la presencia de potencias rivales, desestabilizaban toda la región.
Rubio subrayó que dicha situación tornaba “inalcanzable” la seguridad de los Estados de las Américas bajo ese esquema de influencias cruzadas, y que solo un cambio profundo en la política venezolana —hacia un Estado democrático, estable y con elecciones libres— podría revertir ese riesgo. En su visión, la intervención estadounidense fue un paso necesario para reconfigurar el papel de Venezuela en el hemisferio y asegurar que no sirva como plataforma para actores considerados adversarios del orden occidental.
bajo ese esquema de influencias cruzadas, y que solo un cambio profundo en la política venezolana podría revertir ese riesgo
Control de recursos y supervisión energética
Además de la dimensión geopolítica, Rubio abordó las implicaciones económicas del cambio de régimen en Caracas. El secretario de Estado afirmó que el petróleo venezolano será reincorporado al mercado internacional, pero con un mecanismo de supervisión estadounidense sobre los ingresos derivados de esas ventas. Este planteamiento tiene como objetivo evitar que el recurso estratégico sea utilizado por actores considerados hostiles para financiar actividades que Washington percibe como contrarias a sus intereses de seguridad.
Los críticos de la administración han advertido que esta supervisión directa de los ingresos petroleros también coloca a Estados Unidos en una posición de enorme influencia sobre la economía venezolana, generando tensiones con países tradicionalmente compradores de crudo venezolano, especialmente China, que ha sido uno de los principales clientes y financiadores de Venezuela en los últimos años. Esta reconfiguración del control energético regional se ha visto como parte de una estrategia más amplia de Washington para reorientar alianzas y dependencias económicas en América Latina.
Contexto de la intervención estadounidense
El testimonio de Rubio se da dentro del marco de la operación militar estadounidense en Venezuela a principios de enero de 2026, en la que las fuerzas especiales estadounidenses intervinieron en Caracas para capturar al entonces presidente Nicolás Maduro, trasladándolo a Nueva York para enfrentar cargos federales, incluidos supuestos delitos de narcotráfico.
Ese operativo —recibido por algunas voces como una acción de aplicación de la ley y por otras como un acto de intervención militar en un Estado soberano— ha sido objeto de amplio debate internacional, generando reacciones desde la condena de gobiernos antagonistas hasta el respaldo de aliados que ven la medida como un paso hacia la estabilización de un país sumido en crisis política y económica.
Reacciones en la comunidad internacional
La reivindicación de que Venezuela fue una base de operación para China, Irán y Rusia no ha sido unánime en la comunidad internacional. Gobiernos aliados han expresado preocupación por la intervención militar estadounidense, y algunos actores, como China, han calificado la acción como una violación de la soberanía venezolana que amenaza la paz regional.
Mientras tanto, expertos y analistas señalan que las relaciones entre Venezuela y las potencias mencionadas tienen raíces históricas más profundas, vinculadas a intereses económicos y alianzas político-ideológicas, como la larga cooperación petrolera con China o la relación estratégica con Rusia desde el gobierno de Hugo Chávez.
Implicaciones para el hemisferio occidental
La narrativa de Rubio busca enmarcar la política estadounidense como una respuesta preventiva a un riesgo estratégico emergente en su propio vecindario, enfatizando la idea de que potencias extrahemisféricas no deben establecer plataformas de operación en territorios cercanos. Esta visión, aunque respaldada por algunos sectores políticos en Washington, plantea desafíos complejos para la diplomacia hemisférica, incluyendo la percepción de interferencia en los asuntos internos de Latinoamérica y la tensión con conceptos como la soberanía nacional y la no intervención.
Asimismo, la supervisión de los ingresos petroleros y la expectativa de una transición democrática en Venezuela abren un nuevo capítulo en las relaciones entre Estados Unidos y la región, con efectos potenciales en la seguridad energética, geopolítica y alianzas económicas a largo plazo.